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Es hora de un verdadero cambio


Panamá es un país con grandes islas de miseria rodeadas por un mar profundo lleno de riquezas. El problema es que una minoría navega en lujosos trasatlánticos de cinco pisos mientras que el ciudadano común apenas alcanza a un cayuco.

Cuando analizo los programas de redistribución de la riqueza vigentes, tales como la repartición de dinero, comidas, becas, electrodomésticos, insumos para la construcción o donaciones en moneda; solo puedo agradecer a todas esas almas caritativas, que con los dineros del Estado o de sus propias cuentas bancarias, intentan hacer feliz a nuestro pueblo por lo menos por un día o semanas.

Pero que distinto sería para ese pueblo que vive en situación de miseria y pobreza, no tener que denigrarse para recibir una muestra de caridad o un producto de teletones o caravanas, cuando tiene todo el derecho de existir en condiciones óptimas de vida.

Al parecer todo aquello que la sociedad no está dispuesta a ofrecer como un derecho, si estamos dispuestos a ofrecerlo como limosnas.

Los gobiernos son electos para buscar el bien común, no la ganancia de las camarillas partidarias, los compadres, los compañeros de sectas o clubes cívicos, los socios o los compañeros de escuela.

El día que entendamos que tenemos un deber y un compromiso con el pueblo que nos eligió y no con las trasnacionales privatizadoras o las gigantescas empresas familiares que nos apoyaron con sus fondos las campañas electorales, ese día bajaran los precios de la canasta básica, los combustibles, la electricidad, el teléfono, los corredores y los insumos críticos que hacen posible la vida moderna.

Es hora de que la basura ocupe su lugar y de que se satisfaga la enorme y acumulada deuda social y sanitaria tan cacareada para el tiempo electorero.

No debemos regalar lo que le pertenece a todas las generaciones como la tierra, el agua, el aire no contaminado y los productos del sector agropecuario, a personas naturales o jurídicas que solo buscan satisfacer su insaciable voracidad.

La escalera social al parecer cada vez depende menos del trabajo honesto y la inteligencia aplicada, si no de conocer o emparentarte por cualesquiera vía con un personaje que tenga un alto puesto a nivel público o privado, si es que anhelas convertirte en un panameño exitoso.

La violencia incontrolada se pasea por todo el país. No hay día que pase en que no encontremos 3 o 5 personas ejecutadas probablemente relacionadas con el narcotráfico. Y el gobierno sin encontrar la aspirina que nos cure de este mal social.

Ojalá y todo esto cambie algún día en nuestro país. En donde el que ocupa un puesto con mando y jurisdicción no es siempre el mejor, sino el que menos jode.

101 años de Panamá América

 
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