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Es mejor que ayudemos al optimismo


Cuando el pesimismo generalizado rebasa los límites, es fácil que un país caiga en venenosas convulsiones populares difíciles de controlar. La historia, la experiencia y el ejemplo, son suficientes para demostrar cuánta verdad hay en esta afirmación. Porque el pesimismo es generado no sólo por el hambre, sino también por la necesidad. El hambre y la necesidad, cuando ven en otros la abundancia excesiva, son chispas próximas a las revoluciones innecesarias. Innecesarias cuando se pueden con anticipación, evitar.
Mi naturaleza civilista (aunque ahora no hay militarismo) es difícil que se derrumbe pese a las flaquezas de los gobiernos democráticos, como el de la Presidenta Moscoso. Incluso, aunque pacte privilegios con reconocidas figuras que durante la dictadura fueron actores y testigos del desenfreno de la época. A fin de cuentas, con razón se dice que el hombre es el único animal que tropieza con la misma piedra.
Tanto hombres como mujeres tenemos debilidades, a como igual aspiraciones. En muy buena lid la Presidenta Moscoso llegó a la cumbre de la Administración Pública. Esta insólita victoria no sólo la compromete a ella como mujer, sino, que está comprometida frente a las demás. Por tanto, no puede o debe permitirse debilidades que aúpen el pesimismo ciudadano en la credibilidad a sus líderes políticos que recién se estrenan después de 21 años de dictadura, que tantas malas enseñanzas nos dejaron, entre ellas la corrupción.
La crisis en el país de la que hablamos no es tanto económica, porque la reversión del canal, sus riquezas adyacentes y los millones producto de las privatizaciones en el bolsillo, nos dicen que no estamos tan pobres. Estamos pobres de talentos y de voluntad política para agilizar con agudeza y sentido patriótico esos caudales. La crisis que tenemos es de valores, entre ellos, humanos que almacenan en forma desmedida sus despensas; que a diez y doce manos, como pulpos, se reparten lo que sería el alivio para miles con necesidades a cambio de aportar.
Otras crisis se nos vienen encima si a tiempo no logramos dilucidar entre la verdad de las encuestas de "carne y hueso" y las llamadas "científicas". Como ejercicio, observemos la génesis y efecto de la marcha recién de los cinco reales. Aún con reservas, el desplome de aceptación popular de la mandataria, tan solamente -digo yo- porque no hay confianza plena de idoneidad o eficiencia en el gabinete y otros altos cargos que ella ha confiado. Aunque las pruebas aún no han aflorado, ni creo que afloren, el pesimismo generalizado llegará al extremo de imaginar funcionarios y particulares corruptos en cada esquina. Por lo tanto, es mejor que ayudemos al optimismo.

101 años de Panamá América

 
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