¿Es necesaria la Constituyente?
Desde hace varios años, algunos políticos han estado comentando sobre la necesidad de escoger una Constituyente que redacte y apruebe una nueva Constitución Nacional, argumentando que a la vigente se le han hecho muchos remiendos, en diferentes ocasiones, lo que justifica una revisión total para corregir y aclarar conceptos, actualizándola a la era moderna.
En las últimas semanas, nuevamente se alzan voces de algunos políticos y ciudadanos, haciendo un llamado a la población y al gobierno central, sobre la urgencia de redactar una nueva Constitución.
Cuando observamos el triste espectáculo que diariamente nos ofrecen por televisión los mal llamados "Padres de la Patria"; curules vacías, baja asistencia, discusiones estériles y de mal gusto, pareciera haber una justificación para la Constituyente.
Cuando somos testigos de las serias disputas entre miembros prominentes del "rgano Judicial, y las autoridades de investigación judicial, pareciera haber una justificación para la Constituyente.
Cuando nos enteramos de componendas políticas para conseguir cuotas de poder, sin importar los medios utilizados; pareciera haber una justificación para la Constituyente.
Al observar las diferencias sociales y económicas, tan marcadas, donde mientras unos cuantos no dejan de aumentar a diario sus altos ingresos, otros, los más, no logran obtener lo mínimo necesario para el sustento familiar; pareciera haber una justificación para la Constituyente.
Cuando sufrimos los tranques, no encontramos lugares adecuados para estacionar, nos vemos imposibilitados de salir del lugar donde dejamos el auto, pues un o una "inteligente" se estacionó detrás o al lado, impidiendo movilizarnos; pareciera haber justificación para la Constituyente.
Cuando sufrimos el abuso contra los pensionados y jubilados, a quienes inmoralmente se les descuenta hasta el 75% de sus magros ingresos, para préstamos de consumo, pareciera haber justificación para la Constituyente.
Cuando somos testigos del estado desastroso de los hospitales estatales, principalmente el Santo Tomás, falta de insumos, de sanidad, de equipo especializado quirúrgico, de cocinas y morgues adecuadas, pareciera haber justificación para la Constituyente.
Cuando escuchamos las quejas de los llamados "palancas", sobre el alto precio que deben pagar por los cupos de buses y taxis, que se supone los otorga el Estado en forma gratuita, pareciera haber justificación para la Constituyente.
Cuando observamos o escuchamos que, un alto porcentaje de los billeteros o vendedores de la Lotería Nacional, no son más que comisionistas de los influyentes que retiran los billetes, pareciera haber justificación para la Constituyente.
Cuando nos enteramos de casos de personas humildes asalariadas, quienes al sufrir un accidente grave, en algunos casos con pérdida de vidas, resultan no estar incluidas por su patrono en el Seguro Social (que es obligatorio), y por tanto no están cubiertos para ese accidente, con la consecuente pérdida de beneficios; pareciera haber justificación para la Constituyente.
Cuando sufrimos las consecuencias de las "manifestaciones pacíficas", con cierre de calles, rotura de vidrios y cabezas: a) porque no se arreglan las calles; b) el agua sale sucia; c) nos cortaron el servicio de electricidad; d) porque nuestro candidato perdió las elecciones; en fin, cualquier excusa para incomodar a los demás pareciera haber justificación para la Constituyente.
Qué lindo sería el mundo, si todo lo malo se pudiera arreglar con una Constituyente que nos dicte cómo y cuándo hacer las cosas, y por supuesto, quedando como dogma de fe que todos, sin excepción, la vamos a acatar al pie de la letra. Pero es que, en la vida real, las cosas nos son tan sencillas, desafortunadamente.
Si las leyes dictan que, para escoger un funcionario para algún puesto público importante, se requiere la presentación de una terna de donde elegirlo, los políticos buscan la fórmula para obviar ese requisito.
Si un juez condena a una persona a pagar los daños ocasionados a terceros, ésta busca la forma de eludir su compromiso en perjuicio del afectado.
Así podríamos enumerar muchos ejemplos de violación a compromisos legales y morales.
Por falta de espacio, no puedo seguir recordando a los lectores las veces que las leyes y reglamentos y por qué no decirlo la Constitución, son irrespetados por las más llamadas a cumplirlas, las autoridades gubernamentales.
Estamos viviendo una grave crisis de respetabilidad, de honestidad, de moralidad, por tanto somos nosotros quienes necesitamos un cambio de actitud, la Constitución de por sí, jamás podrá ser garante de nuestra honestidad.
En las últimas semanas, nuevamente se alzan voces de algunos políticos y ciudadanos, haciendo un llamado a la población y al gobierno central, sobre la urgencia de redactar una nueva Constitución.
Cuando observamos el triste espectáculo que diariamente nos ofrecen por televisión los mal llamados "Padres de la Patria"; curules vacías, baja asistencia, discusiones estériles y de mal gusto, pareciera haber una justificación para la Constituyente.
Cuando somos testigos de las serias disputas entre miembros prominentes del "rgano Judicial, y las autoridades de investigación judicial, pareciera haber una justificación para la Constituyente.
Cuando nos enteramos de componendas políticas para conseguir cuotas de poder, sin importar los medios utilizados; pareciera haber una justificación para la Constituyente.
Al observar las diferencias sociales y económicas, tan marcadas, donde mientras unos cuantos no dejan de aumentar a diario sus altos ingresos, otros, los más, no logran obtener lo mínimo necesario para el sustento familiar; pareciera haber una justificación para la Constituyente.
Cuando sufrimos los tranques, no encontramos lugares adecuados para estacionar, nos vemos imposibilitados de salir del lugar donde dejamos el auto, pues un o una "inteligente" se estacionó detrás o al lado, impidiendo movilizarnos; pareciera haber justificación para la Constituyente.
Cuando sufrimos el abuso contra los pensionados y jubilados, a quienes inmoralmente se les descuenta hasta el 75% de sus magros ingresos, para préstamos de consumo, pareciera haber justificación para la Constituyente.
Cuando somos testigos del estado desastroso de los hospitales estatales, principalmente el Santo Tomás, falta de insumos, de sanidad, de equipo especializado quirúrgico, de cocinas y morgues adecuadas, pareciera haber justificación para la Constituyente.
Cuando escuchamos las quejas de los llamados "palancas", sobre el alto precio que deben pagar por los cupos de buses y taxis, que se supone los otorga el Estado en forma gratuita, pareciera haber justificación para la Constituyente.
Cuando observamos o escuchamos que, un alto porcentaje de los billeteros o vendedores de la Lotería Nacional, no son más que comisionistas de los influyentes que retiran los billetes, pareciera haber justificación para la Constituyente.
Cuando nos enteramos de casos de personas humildes asalariadas, quienes al sufrir un accidente grave, en algunos casos con pérdida de vidas, resultan no estar incluidas por su patrono en el Seguro Social (que es obligatorio), y por tanto no están cubiertos para ese accidente, con la consecuente pérdida de beneficios; pareciera haber justificación para la Constituyente.
Cuando sufrimos las consecuencias de las "manifestaciones pacíficas", con cierre de calles, rotura de vidrios y cabezas: a) porque no se arreglan las calles; b) el agua sale sucia; c) nos cortaron el servicio de electricidad; d) porque nuestro candidato perdió las elecciones; en fin, cualquier excusa para incomodar a los demás pareciera haber justificación para la Constituyente.
Qué lindo sería el mundo, si todo lo malo se pudiera arreglar con una Constituyente que nos dicte cómo y cuándo hacer las cosas, y por supuesto, quedando como dogma de fe que todos, sin excepción, la vamos a acatar al pie de la letra. Pero es que, en la vida real, las cosas nos son tan sencillas, desafortunadamente.
Si las leyes dictan que, para escoger un funcionario para algún puesto público importante, se requiere la presentación de una terna de donde elegirlo, los políticos buscan la fórmula para obviar ese requisito.
Si un juez condena a una persona a pagar los daños ocasionados a terceros, ésta busca la forma de eludir su compromiso en perjuicio del afectado.
Así podríamos enumerar muchos ejemplos de violación a compromisos legales y morales.
Por falta de espacio, no puedo seguir recordando a los lectores las veces que las leyes y reglamentos y por qué no decirlo la Constitución, son irrespetados por las más llamadas a cumplirlas, las autoridades gubernamentales.
Estamos viviendo una grave crisis de respetabilidad, de honestidad, de moralidad, por tanto somos nosotros quienes necesitamos un cambio de actitud, la Constitución de por sí, jamás podrá ser garante de nuestra honestidad.