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Es parte de nuestra vida


Nos llegan noticias que, aunque lejanas, es innegable que son parte de nuestras vidas por la presencia llamativa en momentos en que eran primera línea en la noticia. La muerte de la Reina Madre y la Princesa Margarita de Inglaterra hace que recordemos los años lejanos en que íbamos al cine y ellas eran figuras permanentes y todos conocíamos su vida pública y cualquier evento sucedido en la corte inglesa.
Al igual que me ha sucedido con ellas, siento con la desaparición de otras personas allegadas a mí en diferentes circunstancias. Mi vida ha sido activa, amplia, con innumerables relaciones con toda clase de personas y, en una u otra forma, las he tenido como una pieza del rompecabezas de mi existencia. Dentro de mi realidad profesional hubo varias personitas, varias enfermeras que no fueron sólo mi soporte en la medicina sino como personas; éramos amigas entrañables que las convirtió en parte de mí.
Así mismo considero a los tableños, parientes o no, a quienes conocí desde niña y que, en alguna manera, los considero míos por las vivencias que tuvimos juntos. En cada uno de ellos va envuelta mi niñez, mi juventud y mi vida adulta con los recuerdos imborrables que dejaron en mi vida y la injerencia de cada uno en mi andar.
Tal vez me pregunten qué tienen que ver Margarita y la Reina Madre con lo vivido en mi adolescencia; quizás se comenten lo idiota que he resultado; pero no puedo ser insensible a la existencia de Charles Degaulle, de Franklin D. Roosevelt y los personajes de esa época. Sin embargo, el sentimiento que me embarga cuando escucho sus nombres y más con la desaparición de ellos, es igual a la desaparición de un viejo amigo o amiga. Sin ellos no se hubiera escrito la historia completa; sin estos últimos no se hubiera escrito la mía. ¿Cómo, entonces, dejar de sentirlo?
Es una lástima que el materialismo de nuestros tiempos haya reemplazado a la sensibilidad tonta de otros tiempos. Sin embargo, cuán hermoso es sentir latir nuestro corazón por una recuerdo con una canción, con un aroma, una voz; me agrada sentir cierto dolor por la muerte de esos dos personajes ingleses; me agrada tener historia ligada a otros y no una historieta en soledad por haber evitado la relación interhumana.
Al fin, son esos otros seres quienes, poco a poco y con detalles, han labrado nuestro pasado, nuestro presente y, en parte, nuestro futuro. Si la juventud de hoy se dedica sólo a vivir para ellos y quienes lo rodean cercanamente, será una juventud indolente porque, al no conocer ni tener relaciones con el resto de la humanidad, tampoco crecerán hacia fuera sino sólo hacia su interior y esto es negativo.
111Tener un ser a quien contar nuestras preocupaciones, es impagable y tener a quien querer y quien te quiera, es grandioso porque sin amor no vivimos una vida completa y plena.
La convivencia feliz hace el papel de base para la felicidad de las personas. Por esto yo recomiendo ampliar esa convivencia, esa comunidad, esa interdependencia. Si somos autosuficientes y los demás no necesitan de nosotros, ¿para qué vivimos? Si no eres capaz de sentirte feliz con un amigo o amiga, ¿para qué convives? Y si no sientes un tilín al acordarte de tus seres queridos, mejor cambia de planeta.
La Semana Santa hace que meditemos en lo que Cristo hizo por toda la humanidad. Hagamos algo por nuestros congéneres para que ellos lo hagan por nosotros en el momento que los necesitemos. ¡Vieran qué lindo es convivir en paz!
Si creemos que solos somos capaces de resolver nuestros problemas, estamos equivocados. Escuchar opiniones, pedirlas y devolverlas, hacen cambiar, muchas veces, decisiones que influyen en las actuaciones de nuestras vidas. Tener un ser a quien contar nuestras preocupaciones, es impagable y tener a quien querer y quien te quiera, es grandioso porque sin amor no vivimos una vida completa y plena. Convivamos, amemos y aprendamos a ser felices.

101 años de Panamá América

 
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