¡Es que hay dos verdades!
NO ES que alguien mienta, es que hay dos verdades. Lo que ocurre es que una brilla y la otra no". Con esa salida salomónica le escuché a un diplomático muy ducho salirse de la embarazosa situación en que le colocaron dos de sus colegas, aferrados a dichos contrapuestos, que mutuamente se acusaban de faltar a la verdad, cuando le solicitaron que oficiara de árbitro.
No uno, sino varios voceros del partido en el poder, antes y después de las elecciones, y especialmente cuando asumieron la responsabilidad de gobernar, casi llegaban al borde del paroxismo cuando se referían al estado de la economía y de las finanzas públicas. "Desastrosas" era, tal vez, la calificación más benigna. Y que decir de la manera arrogante con que vituperaron los pronósticos del anterior gobierno sobre el crecimiento del Producto Interno para el año 2004.
Como se recordará, los responsables del gobierno anterior habían pronosticado que en el 2004 la economía crecería el 5%. Los del entrante los calificaron de mentirosos y otras cosas más. Ahora, después de que la misión del Fondo Monetario ha confirmado ese pronóstico y hasta lo ha elevado al 6%, sería bueno conocer cuál es la explicación de las nuevas autoridades económicas. Los "gurües" económicos del nuevo gobierno nos deben a todos una explicación. Y sería lamentable que ahora se hicieran los sordomudos, sobre todo, porque nadie se creería el cuento de que en los dos meses que lleva el PRD en el poder se produjo se produjo algo así como "el milagro de los panes".
Encuentro hasta justificable que el nuevo gobierno se proponga corregir los que considera errores del predecesor. Pero creo que deben ser muy cuidadosos de preservar su credibilidad. No espero que el ministerio de Economía admita que se equivocó, pero sí que aprenda la lección y sea más prudente en sus vaticinios y enjuiciamientos.
Aparte del tema del crecimiento económico hay, además, otros aspectos que deben aclararse. Tal es, por ejemplo, el del déficit fiscal. Todos recordamos que no bien el nuevo gobierno tomó posesión, anunció a los cuatro vientos que el déficit para el año 2004 será de 720 millones de dólares. Todavía está pendiente que escuchemos, o mejor leamos, cómo se llegó a esa estimación. Sería importante que el MEF, con la misma celeridad que tomó para hacer su pronóstico, explique cuáles fueron las bases que utilizó para calcularlo. Después de enterarnos de la patinada incurrida al estimar el crecimiento de la economía, es, como mínimo, razonable poner en duda la estimación del déficit.
El déficit fiscal se produce cuando los ingresos estimados se quedan cortos o porque si bien éstos alcanzan el nivel esperado, se gastó en exceso. Nadie podrá saber, con cifras exactas, hasta tanto la Contraloría rinda el correspondiente informe a la conclusión del año, cuál es el déficit real, pero después de lo ocurrido con la estimación del Producto Interno, el pronóstico oficial hay que tomarlo a beneficio de inventario.
Otro aspecto de igual gravedad, que debe llevar a seria preocupación, es la rapidez con que las nuevas autoridades se han montado en la espirar de la deuda. En menos de tres meses ya han agregado 900 millones a la deuda pública. La justificación oficial es que tanto el bono o pagaré por 600 millones colocado en el mercado internacional, al igual que la línea de crédito por 300 millones, contratada con la sucursal del banco HSBC, son "financiamientos puente" necesarios mientras se normalizan las recaudaciones fiscales durante los meses de noviembre y diciembre y que, de todo ese dinero, sólo se utilizarían unos 90 millones de dólares en lo que resta del año.
Esas explicaciones, y otras que nos dispensan las nuevas autoridades, no están claras. Si el dinero no es necesario, entonces cabe preguntar: ¿Para qué endeudarnos más y a tan altas tasas de interés? Hacen falta mejores explicaciones, pero respaldadas con cifras. Por ello, insisto, y que lo tomen como un buen consejo, en que si las nuevas autoridades no quieren ver un vertiginoso descenso de su credibilidad, deben preocuparse por no dar margen para la especulación y ofrecerle al país información detallada y pronta de sus andanzas económicas, especialmente cuando todavía tienen en el tintero las propuestas sobre la Caja del Seguro Social y la muy anunciada, pero aún desconocida, reforma tributaria.
No uno, sino varios voceros del partido en el poder, antes y después de las elecciones, y especialmente cuando asumieron la responsabilidad de gobernar, casi llegaban al borde del paroxismo cuando se referían al estado de la economía y de las finanzas públicas. "Desastrosas" era, tal vez, la calificación más benigna. Y que decir de la manera arrogante con que vituperaron los pronósticos del anterior gobierno sobre el crecimiento del Producto Interno para el año 2004.
Como se recordará, los responsables del gobierno anterior habían pronosticado que en el 2004 la economía crecería el 5%. Los del entrante los calificaron de mentirosos y otras cosas más. Ahora, después de que la misión del Fondo Monetario ha confirmado ese pronóstico y hasta lo ha elevado al 6%, sería bueno conocer cuál es la explicación de las nuevas autoridades económicas. Los "gurües" económicos del nuevo gobierno nos deben a todos una explicación. Y sería lamentable que ahora se hicieran los sordomudos, sobre todo, porque nadie se creería el cuento de que en los dos meses que lleva el PRD en el poder se produjo se produjo algo así como "el milagro de los panes".
Encuentro hasta justificable que el nuevo gobierno se proponga corregir los que considera errores del predecesor. Pero creo que deben ser muy cuidadosos de preservar su credibilidad. No espero que el ministerio de Economía admita que se equivocó, pero sí que aprenda la lección y sea más prudente en sus vaticinios y enjuiciamientos.
Aparte del tema del crecimiento económico hay, además, otros aspectos que deben aclararse. Tal es, por ejemplo, el del déficit fiscal. Todos recordamos que no bien el nuevo gobierno tomó posesión, anunció a los cuatro vientos que el déficit para el año 2004 será de 720 millones de dólares. Todavía está pendiente que escuchemos, o mejor leamos, cómo se llegó a esa estimación. Sería importante que el MEF, con la misma celeridad que tomó para hacer su pronóstico, explique cuáles fueron las bases que utilizó para calcularlo. Después de enterarnos de la patinada incurrida al estimar el crecimiento de la economía, es, como mínimo, razonable poner en duda la estimación del déficit.
El déficit fiscal se produce cuando los ingresos estimados se quedan cortos o porque si bien éstos alcanzan el nivel esperado, se gastó en exceso. Nadie podrá saber, con cifras exactas, hasta tanto la Contraloría rinda el correspondiente informe a la conclusión del año, cuál es el déficit real, pero después de lo ocurrido con la estimación del Producto Interno, el pronóstico oficial hay que tomarlo a beneficio de inventario.
Otro aspecto de igual gravedad, que debe llevar a seria preocupación, es la rapidez con que las nuevas autoridades se han montado en la espirar de la deuda. En menos de tres meses ya han agregado 900 millones a la deuda pública. La justificación oficial es que tanto el bono o pagaré por 600 millones colocado en el mercado internacional, al igual que la línea de crédito por 300 millones, contratada con la sucursal del banco HSBC, son "financiamientos puente" necesarios mientras se normalizan las recaudaciones fiscales durante los meses de noviembre y diciembre y que, de todo ese dinero, sólo se utilizarían unos 90 millones de dólares en lo que resta del año.
Esas explicaciones, y otras que nos dispensan las nuevas autoridades, no están claras. Si el dinero no es necesario, entonces cabe preguntar: ¿Para qué endeudarnos más y a tan altas tasas de interés? Hacen falta mejores explicaciones, pero respaldadas con cifras. Por ello, insisto, y que lo tomen como un buen consejo, en que si las nuevas autoridades no quieren ver un vertiginoso descenso de su credibilidad, deben preocuparse por no dar margen para la especulación y ofrecerle al país información detallada y pronta de sus andanzas económicas, especialmente cuando todavía tienen en el tintero las propuestas sobre la Caja del Seguro Social y la muy anunciada, pero aún desconocida, reforma tributaria.