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¿Es que si toman vacaciones nos cae el mundo encima?


NO INVERTIRÉ todo el espacio de este artículo en comentar el escándalo mayúsculo que han provocado los "excelsos" magistrados del Tribunal Electoral con su anunciado propósito de cobrar, en efectivo, casi medio millón de dólares, por no haber tomado vacaciones, durante los 16 (dos de ellos) y 10 años (el otro) que han ocupado sus cargos. No me siento motivado a comentar extensamente tan sórdido asunto; me interesan más las igualmente sórdidas reformas electorales que, con seguridad, les servirán de pretexto a los "insustituibles magistrados" para seguir amarrados a sus sillones, hasta el mismísimo último día de sus períodos, en el mes de noviembre próximo.
A casi todos nos agarró por sorpresa la "movida" de los tres caballeros de marras. Nunca hubiéramos sospechado, que a sus muy pregonadas "virtudes" se sumara su inagotable capacidad para trabajar, ininterrumpidamente, todos los días de la semana, todos los días del año, sin siquiera pestañear, durante tantos años; derrotando el sueño y el cansancio, con una concentración tan absoluta, sólo comparable a la que protagonizó Buda en su la larga meditación.
Como decía mi abuelo: ¡Este país es chiquito, pero bellaco! Por lo pronto, mientras se investigan todos los detalles de este peculiar asunto, propongo que se comisione al Contralor, para que, en persona, en funciones de delegado especial y por los canales que correspondan, vaya a donde haya que ir, a registrar tan portentosa hazaña en el libro Guiness.
Ahora, como al igual que muchos compatriotas, creo que tanta templanza y capacidad de sacrificio debe ser debidamente premiada, arrogándome su representación, propongo que no permitamos, ni un solo día más, que los señores magistrados sigan sacrificándose, y les exijamos que se vayan de vacaciones mañana mismo.
La mayoría del país, con razón, siempre se ha preguntado: qué hacen los señores magistrados del Tribunal Electoral durante los largos años que median entre nuestras citas electorales. Objetivamente, muy poco. Una auditoría independiente permitiría comprobar que, comparados con sus similares de la Corte Suprema, los señores del Tribunal Electoral no trabajan ni la mitad. E, igual ocurriría si se les cotejara con la Procuraduría General (la de la Administración es otra cosa, pues allí tampoco se rompen el lomo). Los magistrados del Tribunal Electoral y su complemento: el Fiscal Electoral, perciben salarios desproporcionados para lo que producen.
Los señores de la Plaza Porras, con una diligencia ritual, no bien han pasado las elecciones, inmediatamente se enfrascan en las sempiternas revisiones del Código Electoral. Sin embargo, ese ejercicio, tan recurrente como inútil, siempre termina con muy magros resultados. Y lo que ha ocurrido en esta última vuelta es prueba fehaciente de lo que decimos. Después de interminables pérdidas de tiempo y de dinero, ningún cambio, de los que realmente importan, logró concretarse en esos conciliábulos dominados y manejados por los partidos políticos con la connivencia del Tribunal Electoral.
A los señores magistrados del TE, las revisiones sin fin del Código Electoral les sirven para hacer ver "que están de trabajo hasta el cuello". Y, por lo que se publica y se oye, durante los próximos tres meses (marzo, abril y mayo) estarán dedicados a "revisar el informe de la Comisión de Reformas Electorales" y a preparar su presentación a la Asamblea de Diputados. Cuando concluyan con esa responsabilidad, "que sólo ellos y nadie más que ellos" puede cumplir, habrá llegado el mes de junio. Y lo más probable es que como la Asamblea entra en receso el 1 de julio de 2006, entonces los señores magistrados "se verán obligados" a esperar que las sesiones regulares se reanuden en el mes septiembre siguiente. En septiembre y octubre continuarían las discusiones del proyecto de reformas, y así llegaría noviembre, cuando concluyen los períodos de los flamantes magistrados.
De acuerdo con el panorama que he descrito, todas las etapas por las cuales deben transitar las reformas electorales "le impedirán" a los magistrados separarse de sus cargos y les servirán de pretexto para no aceptar nuestra propuesta, arriba consignada, de que se vayan de vacaciones, mañana mismo. La realidad es que si se van de vacaciones mañana mismo y son reemplazados por sus suplentes no pasaría nada. Para nada de lo que hacen son imprescindibles.
En una de esas pequeñas anécdotas que solían incluir en la revista "Selecciones", hace algunos años leí una que iba, más o menos, así: El gerente general de una importante empresa citó a su despacho el empleado Juan Pérez y le dijo: Juan, tu has estado con nuestra empresa por un buen número de años.
Durante ellos te has convertido en el alma de nuestro trabajo, por eso me cuesta mucho imaginar, qué haremos el día que ya no estés más aquí. Y haciendo una pausa, como si estuviera sopesando las consecuencias, inmediatamente le espetó: Pero, a partir de mañana comenzaremos a averiguarlo. La moraleja es que ninguna empresa humana debe estar supeditada a "insustituibles". Más tarde o más temprano, todos tendremos que ser reemplazados, y el mundo seguirá funcionando. Y lo mismo ocurrirá cuando se vayan los magistrados del TE.
Puedo aceptar, aunque no comparta el juicio, que los señores Valdés, Allen y Pinilla tuvieron actuaciones positivas al frente del Tribunal Electoral; pero también creo que se ha exagerado mucho al ponderar su desempeño.
El afianzamiento de nuestra democracia electoral, se debe, principal y fundamentalmente, a que el pueblo panameño, hace mucho tiempo dejó en claro que nunca hubiera permitido volver a las execrables prácticas del pasado.
También contribuyeron, de manera decisiva, los gobiernos democráticamente elegidos, especialmente el que presidió Guillermo Endara.
Y la par de las acciones positivas, también hay que señalar como saldos negativos, que luego de transcurridos tantos años, en la institución electoral todavía no exista un servicio de carrera y los puestos se sigan adjudicando a voluntad de los magistrados.
Y también, que durante todos esos años el Tribunal haya sido instrumental para consolidar el monopolio por los partidos del sistema electoral panameño.

101 años de Panamá América

 
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