Es un honor, pero solo a medias; pues tiene sus bemoles
SIENDO QUE LOS países de América Latina y el Caribe deben rotarse dos puestos no permanentes del Consejo de Seguridad, cada dos años, en principio, es un honor pertenecer a ese exclusivo club que integran cinco miembros permanentes: China Popular, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y Rusia (antes, la Unión Soviética), y diez países, del resto del mundo, como miembros rotativos. Ello, a pesar de que ese órgano es absolutamente antidemocrático, pues uno de sus miembros permanentes puede anular, con su veto, la voluntad de los otros 14. Esa prerrogativa leonina y antidemocrática, que viola el principio de la igualdad jurídica de los estados, se la tomaron, por asalto, los vencedores de la Segunda Guerra Mundial. En el Consejo de Seguridad se hace lo que sus cinco miembros permanentes quieren, siempre que estén de acuerdo; de lo contrario, "narices".
Como en el mundo existen otros Estados con peso específico, comercial o político, comparable a algunos de los cinco miembros permanentes y, en vías de sobrepasarlo, tal es el caso de Alemania, Brasil, India y Japón, hace varios años se intenta, sin resultado, aumentar los miembros permanentes y no permanentes; pero no se logra por la intransigencia de los "cinco privilegiados", que no están dispuestos a compartir su feudo.
Cuando uno de esos poderes, reales o emergentes, ocupa uno de los puestos rotativos, por su peso específico, su influencia se hace sentir. Pero no ocurre igual cuando es un Estado pequeño, como el nuestro u otro semejante. Esas son realidades inobjetables. Por tanto, no debemos sobredimensionar nuestra participación en el Consejo de Seguridad.
Entre los dos aspirantes a uno de los dos puestos de América Latina y el Caribe, hubiera preferido que lo ocupara Venezuela. Aún estando en desacuerdo con las "actitudes políticas" del presidente Chávez, estimo que su presencia hubiera contribuido, por lo menos, a darle "colorido" al diálogo político, a nivel del Consejo de Seguridad. La correlación de fuerzas que predomina en el mundo le cerró el paso, por ser, para muchos "demasiado conflictivo". A Guatemala, se le achicaron sus posibilidades por ser, aparentemente, la favorita del gobierno norteamericano.
Cuando la elección se atascó y quedó en claro que Venezuela y Guatemala no contaban con apoyo suficiente, primero fueron descartados varios países propuestos como transacción y, luego, la elección nos cayó por carambola, sin hacer prácticamente, ningún esfuerzo, por lo menos eso nos dicen los gobernantes de turno, por ser los que generábamos menos "anticuerpos".
Una ventaja de no haber estado entre los aspirantes al puesto, que dejará la Argentina, es que nos ahorramos muchos miles de dólares; la promoción de esas candidaturas cuesta, y mucho. A veces tanto, que hay que preguntarse si el costo beneficio, en el caso de ganar, está justificado. Desde luego, peor es la cosa si la candidatura se lanza y se mantiene, a sabiendas de que no tiene futuro, como fue el caso del intento absurdo que se hizo para la Secretaría General de la OEA, en el año 2000, en la que se tiró por la borda una muy gruesa suma de dinero.
Sin embargo, no todo es color de rosa. Veamos algunos de los débitos:
1) No ayuda mucho a nuestra imagen internacional que quede flotando en el ambiente que fuimos escogidos "porque no incomodamos a nadie". Es una máxima válida aquella que dice: "Si quieres estar bien con todo el mundo, al final terminas quedando mal con todos".
2) Tanto Venezuela como Guatemala, "al cedernos la vía", dejaron en el camino una aspiración que les costó mucho dinero y esfuerzo promocionar. Quisiera pensar que sus renuncias fueron un acto de puro desprendimiento, pero me cuesta creerlo; normalmente, las cosas no ocurren así en el mundo de las relaciones internacionales. Con el tiempo nos enteraremos como se condimentó el cocido; pero, tal vez, fuera oportuno que nuestros gobernantes, que nos han dado muchas razones para no confiar en ellos, se adelantaran y nos dijeran que hubo detrás del telón.
3) Si no nos costó a la entrada, si nos costará durante la función y también a la salida, especialmente si, como parece, por la euforia, excesiva a mi juicio, que han desplegado los gobernantes de turno, éstos se vuelven locos y se comportan como los despilfarradores que siempre han sido. La primera muestra son los viajes que ya se montaron para expresar, de presidente a presidente y de "pupila a pupila", nuestra gratitud a Guatemala y a Venezuela. Esos desplazamientos, por el séquito con que seguramente se adornará el Sr. Torrijos y las otras "cosas que chorrean", costarán dineros que hacen falta para atender necesidades urgentes dentro del país. Unas llamadas telefónicas personales y unas notas diplomáticas bien redactadas hubieran sido suficientes. Además, no creo que los mandatarios de esos países hayan pedido que una comitiva, encabezada por el Jefe del Ejecutivo panameño, viaje para darles las gracias personalmente.
4) En ese mismo orden, también sería desproporcionado y costoso que la representación en el Consejo de Seguridad, que sólo durará dos años, se utilice como pretexto para aumentar, más allá de lo estrictamente necesario, la planilla de la Cancillería y de la Misión Permanente en la ONU o como justificación para frecuentes viajes por todos los países de América Latina y el Caribe, so pretexto, de realizar consultas o "para pulsar" el sentir de las cancillerías.
5) El señor que ocupa el Palacio de las Garzas, entre otros excesos, se ha caracterizado por el boato y el despilfarro. Prueba de ello es su decisión de gastarse varios millones de dólares en remodelaciones de la sede presidencial, mientras muchas escuelas se caen a pedazo o se alumbran con "guarichas". Ya hay rumores de que se piensa reeditar la reunión del Consejo de Seguridad que se realizó en nuestro país, cuando luchábamos por recuperar el Canal; entonces se justificaba, pero no ahora. Bastante nos costará ya hospedar la Asamblea de la OEA, dizque para celebrar, en el 2007, el trigésimo aniversario de la firma de los tratados Torrijos-Carter.
Por todas esas razones, reitero: Es una distinción integrar el Consejo de Seguridad; pero tiene sus bemoles.
Por supuesto, respetuoso del Estado de Derecho, reconozco en el más alto tribunal de justicia panameño, la prerrogativa y la obligación constitucional de dar la última palabra sobre este tema.
"José Solís: "Las fiestas patrias las disfruté en familia, porque se trata de una celebración donde todos deben compartir. Los desfiles los vi por televisión".
Sonia Trotman: "Desfilé todos los días, por deber, pues trabajo en una escuela. Después, viajé a visitar a mis familiares en el interior".
Faustino Quirós: "Tenía esos días libres, por lo que me quedé en casa descansando, pero también aproveché para realizar algunas reparaciones en mi casa".
Manuel Núñez: "Aunque me gustan los desfiles, aproveché estos días libres para descansar del trabajo diario, por lo que opté por quedarme en casa".
Teodolinda de Núñez: "En estos días patrios me fui al interior a visitar a mis familiares, lejos de todo el bullicio que traen estas celebraciones".
Como en el mundo existen otros Estados con peso específico, comercial o político, comparable a algunos de los cinco miembros permanentes y, en vías de sobrepasarlo, tal es el caso de Alemania, Brasil, India y Japón, hace varios años se intenta, sin resultado, aumentar los miembros permanentes y no permanentes; pero no se logra por la intransigencia de los "cinco privilegiados", que no están dispuestos a compartir su feudo.
Cuando uno de esos poderes, reales o emergentes, ocupa uno de los puestos rotativos, por su peso específico, su influencia se hace sentir. Pero no ocurre igual cuando es un Estado pequeño, como el nuestro u otro semejante. Esas son realidades inobjetables. Por tanto, no debemos sobredimensionar nuestra participación en el Consejo de Seguridad.
Entre los dos aspirantes a uno de los dos puestos de América Latina y el Caribe, hubiera preferido que lo ocupara Venezuela. Aún estando en desacuerdo con las "actitudes políticas" del presidente Chávez, estimo que su presencia hubiera contribuido, por lo menos, a darle "colorido" al diálogo político, a nivel del Consejo de Seguridad. La correlación de fuerzas que predomina en el mundo le cerró el paso, por ser, para muchos "demasiado conflictivo". A Guatemala, se le achicaron sus posibilidades por ser, aparentemente, la favorita del gobierno norteamericano.
Cuando la elección se atascó y quedó en claro que Venezuela y Guatemala no contaban con apoyo suficiente, primero fueron descartados varios países propuestos como transacción y, luego, la elección nos cayó por carambola, sin hacer prácticamente, ningún esfuerzo, por lo menos eso nos dicen los gobernantes de turno, por ser los que generábamos menos "anticuerpos".
Una ventaja de no haber estado entre los aspirantes al puesto, que dejará la Argentina, es que nos ahorramos muchos miles de dólares; la promoción de esas candidaturas cuesta, y mucho. A veces tanto, que hay que preguntarse si el costo beneficio, en el caso de ganar, está justificado. Desde luego, peor es la cosa si la candidatura se lanza y se mantiene, a sabiendas de que no tiene futuro, como fue el caso del intento absurdo que se hizo para la Secretaría General de la OEA, en el año 2000, en la que se tiró por la borda una muy gruesa suma de dinero.
Sin embargo, no todo es color de rosa. Veamos algunos de los débitos:
1) No ayuda mucho a nuestra imagen internacional que quede flotando en el ambiente que fuimos escogidos "porque no incomodamos a nadie". Es una máxima válida aquella que dice: "Si quieres estar bien con todo el mundo, al final terminas quedando mal con todos".
2) Tanto Venezuela como Guatemala, "al cedernos la vía", dejaron en el camino una aspiración que les costó mucho dinero y esfuerzo promocionar. Quisiera pensar que sus renuncias fueron un acto de puro desprendimiento, pero me cuesta creerlo; normalmente, las cosas no ocurren así en el mundo de las relaciones internacionales. Con el tiempo nos enteraremos como se condimentó el cocido; pero, tal vez, fuera oportuno que nuestros gobernantes, que nos han dado muchas razones para no confiar en ellos, se adelantaran y nos dijeran que hubo detrás del telón.
3) Si no nos costó a la entrada, si nos costará durante la función y también a la salida, especialmente si, como parece, por la euforia, excesiva a mi juicio, que han desplegado los gobernantes de turno, éstos se vuelven locos y se comportan como los despilfarradores que siempre han sido. La primera muestra son los viajes que ya se montaron para expresar, de presidente a presidente y de "pupila a pupila", nuestra gratitud a Guatemala y a Venezuela. Esos desplazamientos, por el séquito con que seguramente se adornará el Sr. Torrijos y las otras "cosas que chorrean", costarán dineros que hacen falta para atender necesidades urgentes dentro del país. Unas llamadas telefónicas personales y unas notas diplomáticas bien redactadas hubieran sido suficientes. Además, no creo que los mandatarios de esos países hayan pedido que una comitiva, encabezada por el Jefe del Ejecutivo panameño, viaje para darles las gracias personalmente.
4) En ese mismo orden, también sería desproporcionado y costoso que la representación en el Consejo de Seguridad, que sólo durará dos años, se utilice como pretexto para aumentar, más allá de lo estrictamente necesario, la planilla de la Cancillería y de la Misión Permanente en la ONU o como justificación para frecuentes viajes por todos los países de América Latina y el Caribe, so pretexto, de realizar consultas o "para pulsar" el sentir de las cancillerías.
5) El señor que ocupa el Palacio de las Garzas, entre otros excesos, se ha caracterizado por el boato y el despilfarro. Prueba de ello es su decisión de gastarse varios millones de dólares en remodelaciones de la sede presidencial, mientras muchas escuelas se caen a pedazo o se alumbran con "guarichas". Ya hay rumores de que se piensa reeditar la reunión del Consejo de Seguridad que se realizó en nuestro país, cuando luchábamos por recuperar el Canal; entonces se justificaba, pero no ahora. Bastante nos costará ya hospedar la Asamblea de la OEA, dizque para celebrar, en el 2007, el trigésimo aniversario de la firma de los tratados Torrijos-Carter.
Por todas esas razones, reitero: Es una distinción integrar el Consejo de Seguridad; pero tiene sus bemoles.
Por supuesto, respetuoso del Estado de Derecho, reconozco en el más alto tribunal de justicia panameño, la prerrogativa y la obligación constitucional de dar la última palabra sobre este tema.
"José Solís: "Las fiestas patrias las disfruté en familia, porque se trata de una celebración donde todos deben compartir. Los desfiles los vi por televisión".
Sonia Trotman: "Desfilé todos los días, por deber, pues trabajo en una escuela. Después, viajé a visitar a mis familiares en el interior".
Faustino Quirós: "Tenía esos días libres, por lo que me quedé en casa descansando, pero también aproveché para realizar algunas reparaciones en mi casa".
Manuel Núñez: "Aunque me gustan los desfiles, aproveché estos días libres para descansar del trabajo diario, por lo que opté por quedarme en casa".
Teodolinda de Núñez: "En estos días patrios me fui al interior a visitar a mis familiares, lejos de todo el bullicio que traen estas celebraciones".