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Esa es mi Panamá


En estos últimos días, el devenir del siglo XX de nuestra comunidad ha estado muy movido. En primer lugar, el entusiasmo desbordante con motivo de la última convocatoria deportiva para ver al legendario pugilista nacional que supuestamente, se presentaba ante su público siempre leal. Su reaparición se presumía que era como un valedictorio popular en donde al anunciar su retiro el pueblo lo ovacionaría. No fue así. Se habla de que económicamente fue un éxito. El espectáculo no superó la mediocridad y dio mucho que pensar sobre el "yo" colectivo de nuestros connacionales. Se conformaron con ingerir cerveza, gritar "Durán, Durán", verlo llegar como si fuera un torero o un personaje del carnaval y presenciar un encuentro deslucido entre dos figuras ya en decadencia. Pero lo que lamentaron muchos que hicieron desaparecer el banquillo del púgil panameño que fue sustraído por un supuesto coleccionista de artículos históricos. Y lo más folclóricamente trágico es el comentario que oyó por radio: "Este es mi Panamá" como quien dice: esto no tiene remedio, así somos.
En otro orden de cosas, escépticamente he seguido toda la explosiva información venida desde España sobre el documental que denunciaba la existencia de una red de prostitución juvenil e infantil.
La lamentable lacra social no es asunto desconocido, existen informes del siglo pasado, de la década del 90. Se han presentado videos. Existe en todas partes.
Estoy de acuerdo con el comentarista matutino que cuestiona muchos elementos del famoso video.
Se extraña el autorizado vocero de la forma como nuestros medios de comunicación le hayan hecho eco a esta actividad periodística de los reporteros españoles. ¿Quién los contrato? ¿Qué autoridad y credibilidad ostentan? ¿Quién los recibió? ¿Quién los acompañó? ¿Cuál era la intencionalidad de los visitantes al venir al país. ¿Venían a ayudarnos a resolver el problema? Y precisamente llevarlos e ir ellos a buscar precisamente esos lugares y a esas niñas. Hay que aclarar qué es lo que se pretende con todo esto. ¿A quién querían dejar mal? ¿Nos pueden asegurar la gente de Antena 3 que en su propia tierra esa lacra social no existe? ¿Por qué no lo hicieron allá, por que venir hasta nuestra tierra a destapar nuestras miserias si en realidad, por lo que se ve, no hay ninguna voluntad por cooperar a buscarle una solución, sino regodearse sólo con el placer de ser quien lo dijo y ser el primero.
Duda, incluso, uno de la sinceridad de los comunicadores locales que tanto disfrutan por andar envueltos en el mismo problema sin ningún asco y con una connivencia subyacente.
Pregunto, ¿cuántos de los que hoy se rompen las vestiduras en señal de desesperación ante lo descubierto, en el fondo qué? ¿No son los mismos que están de acuerdo con la prostitución organizada y que ridiculizan cualquier pronunciamiento que emane de los púlpitos o de los orientadores espirituales y o los ignoran indiferentemente o demandan mas modernización menos moralismo?
Hay otro aspecto. ¿Quiénes son los dueños de las vistosas casas de citas? No son en su mayoría españoles? ¿Qué conexión puede haber entre Antena 3 de España y estos señores y los que vinieron? Hace algunos meses en un Suplemento de uno de nuestros periódicos salió un reportaje de una entrevista a un dueño de uno de estos locales y fue presentado como algo normal, algo necesario, algo que le da a nuestra ciudad el reconocimiento de moderna. ¿Cuál es pues todo este despliegue publicitario? ¿Cuál es la justificación de asaltar vorazmente la reputación de un Colegio secundario endosándole una inmerecida impostura no comprobada? Percibo en todo este asunto, una gran hipocresía y lo peor de todo, lo que dijo la Legisladora Yaniz, que se hace ahora denuncia, se hace bulla y pasado el tiempo, quedamos en lo mismo. Impunidad. Ojalá que todo quien hable de este tema lo haga con todo el riesgo que esto conlleva, de atreverse no a amenazar a decir nombres, sino a decirlos responsablemente y valientemente. Ojalá todos los que participan en la denuncia, en la persecución, en la fotografía de todo lo ocurrido, se comprometan consigo mismos a no fomentar ningún tipo de prostitución. Es decir, a no vivir un doble estándar de moralidad, malo, horroroso cuando lo denuncio, pero interesante y perdonable cuando yo lo fomento. Que ojalá cuando digamos "Esa es mi Panamá" no lo hagamos para encubrir lo mal hecho, sino todo lo contrario...

101 años de Panamá América

 
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