default

Esa falta de corazón


Desde que Jesús vino al mundo se habla de preferir a los más desafortunados. Por lo que no debe extrañar que la Iglesia Católica de Panamá continúe machacando sobre el tema. Recientemente la iglesia pidió en forma escueta y directa a los más ricos que den una mayor parte de sus riquezas a los que menos tienen.
Y muchos nos unimos al coro. Hasta los políticos. El problema es que están tan desprestigiados y no hacen nada concreto para ganar siquiera un ápice de credibilidad. Al contrario, con desfachatez inaudita emplanillan a los que les conviene. Poco les importa la opinión ciudadana que les es en extremo adversa. Lo peor es que todos son igualitos con pequeñas diferencias de grado. Ni modo, tienen que adoptar actitudes y acciones que demuestren que sus afirmaciones de interés social son veraces. Aunque sea de vez en cuando.
Lo mismo se puede decir, y ya lo han manifestado entes representativos de la iglesia, de los pudientes. Ya todos sabemos que el último CADE se dedicó al tema de la eliminación de la pobreza y la extrema pobreza. Pero en los hechos, en la práctica, sólo parecen querer que todo siga igual: que la brecha entre los que más tienen y los desposeídos siga aumentando. Lo prueban los mismos argumentos relativos al aumento del salario mínimo, por ejemplo. No es creíble que con cara de yo-no-fui hablen de aumentar este mínimo a $265 al mes. Y no se cansan de augurar los mismos desastres que han vaticinado durante 2000 años (para no referirnos a la edad A.C.). Creo que nadie está en contra de la riqueza. Esta es la que genera empleos. Pero se debe mejorar la calidad de vida de los trabajadores, aunque sea de vez en cuando.
Tampoco debemos dejar de señalar a los asalariados que son indisciplinados o improductivos. Estos también tienen una grave responsabilidad ante todos. Ahora, este porcentaje de empleados poco laboriosos no debe ser excusa para que continúe un estado de cosas que es patentemente injusto. Los dirigentes sindicales y gremiales deben defender los derechos de sus agremiados, manteniendo los pies en la tierra. Con demasiada frecuencia las huelgas, los cierres de calle y las manifestaciones sólo terminan afectando mayormente a los que se supone que están defendiendo y a las mayorías que no forman parte de la fauna política y que no lucran de la corrupción existente.
Con frecuencia siento perder el impulso que me lleva a escribir y poner el dedo sobre las llagas. Porque parece que estoy perdiendo el tiempo. Pero, para lo que me falta de vida siento que algún grano de arena puedo contribuir. Pienso en los políticos y los juega-vivo que como en el cuento de Blanca Nieves se miran en el espejito todos los días y se dicen los más cultos e intelectuales pero, en su diario hacer, se portan como serviles y arrastrados de los que detentan una posición de poder y brillan, no por méritos genuinos, sino porque han sabido aprovecharse de las injusticias que imperan por doquier. Para mí este servilismo es el que mayor daño le hace a la causa de Panamá. Peor aún, también carecen de corazón, de comprensión.
En fin, estoy con el mejoramiento de los más humildes, con el éxito de los que crean empleos dignos y con los que no olvidan ni una fracción de segundo que Panamá es inmortal. Y esto lo repetiré hasta que me llame la parca.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América