Escándalos, publicidad y espera
Han pasado ya varias fechas desde que la opinión pública percibe con sospecha cómo publicitados escándalos surgen como hongos de coyuntura y desaparecen sin dejar rastros. Parece una fiebre de verano o de invierno, según sea el instante de la aparición, y como las inundaciones periódicas que sufren distintos puntos del país, pasado el vendaval y el llanto por la tragedia, todo vuelve a la normalidad.
Son los casos de ese tufo llamado CEMIS y el tema de los casinos. Cada cierto tiempo surge con fuerza la denuncia y la esperanza de la sanción ejemplar, hay debate, espectáculos en las entradas del ministerio público y a renglón seguido cualquier otro tema, por muy pueril que sea, termina por superarlos. Dejan la sospecha de que más que reintención seria, la publicidad sobre los mismos constituye factor de distracción para opacar otros hechos que quizás nada simpáticos resulten a la ciudadanía. Como el tratamiento de ambos temas resurgió a raíz del comienzo del nuevo Gobierno muchos pusieron esperanza en conclusiones inevitables, pero todo parece estar imbuido en un factor político que produce situaciones o arreglos distantes de los ciudadanos. De otra manera no se explica cómo en la última semana este tema bajó su perfil. "Justicia" ha sido una de las promesas del actual Gobierno y la ciudadanía sigue con la esperanza de que más que un grito sea una acción. Es posible que La Corte sea incapaz de lanzar una definición, pero. ¿y los otros órganos?