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Escenario nacional


Por el lado del oficialismo, los nombres que se mencionan no ofrecen absolutamente nada novedoso para la comunidad. Se trata de figuras que han estado en el escenario nacional por mucho tiempo, sin que sus actuaciones sean cartas de garantía de respuestas a los problemas del país.

No se trata de nombres vinculados a los sectores populares, por más que se precie el colectivo político al que pertenecen de ser amplio y popular, y de contar en su base de sustento con gente común y de pueblo. Jamás optaría el PRD por la propuesta de un candidato surgido de las entrañas de la población.

Si bien la historia de esa organización política pretende teñirse de consecuente hoy, no cabe duda, nunca presentarían un candidato a la presidencia que emergiera de sus cimientos. La realidad no puede ser más expresiva, y allí están los nombres de los que aspiran a la presidencia de la república.

En lo que a la oposición respecta, el asunto no es menos grave. Los nombres que aparecen representan radicalmente lo opuesto a todo sentir popular.

Aquí el sector económico poderoso tiene claridad, respecto a lo que significa ocupar la silla presidencial. Por ello no escatiman esfuerzos por asolearle en la cara a la gente sus orígenes y sus fortunas. Sus preocupaciones  por la situación de la gente, no son más que actos de hipocresía que rebasan los límites del cinismo. Han hecho del engaño su mejor instrumento de presentación y han usado permanentemente sus recursos para la compra de conciencias.

No veo de parte de  la oposición, ningún nombre de los que aspiran a la presidencia, vinculado a la gente de abajo. Ella, igualmente jamás presentaría un candidato salido de su conjunto partidiario. Sentiría, eso sí, vergüenza por cuanto que los pobres, tienen su lugar, que no es precisamente el de aspirar a la presidencia de la república. Sería una desdicha y una aberración que fuera representada por un descamisado.

No obstante, esa oposición, si se cree con el derecho de ejercer la representación de quienes, con el voto popular, comprado en la mayoría de las veces, la lleva a los altos estratos de la dirección del Estado.

No hay un nombre ni  en el oficialismo, sustentado por el PRD, ni en la oposición política y su revoltijo, que porte las aspiraciones, pretensiones, voluntades y realidades de los panameños de a pie. Precisamente, es esta situación la que debe ser tomada en cuenta, pues los ejercicios “democráticos” realizados al interior de los colectivos oficialista y de oposición, no buscan más que legitimar justamente esas candidaturas alejadas de la gente, pero íntimamente identificada con sus intereses económicos y de dominio. Desafortunadamente, el pueblo no ha entendido -y eso va a costar mucho- que tiene que crear su propia alternativa, que en el fondo es la de los pobres. Cuando eso ocurra, a un lado quedarán las mentiras, el rejuego, el engaño y el engatuzamiento, a las que han acostumbrado a la gente.

Por ello, las elecciones venideras deben servir para que el pueblo no se preste a lo de siempre, y para que no avale con su voto a ninguna de las propuestas, oficialista o de oposición, adscritas al poder económico.

101 años de Panamá América

 
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