Escenario perfecto
En política, los desastres naturales, así como las epopeyas ciudadanas son tablas de salvación. En uno y otro caso, el político de olfato y maña encuentra tablas para su teatro, para su sonrisa, y para sus estadísticas.
Con el conocimiento de que la popularidad es como agua entre los dedos para quienes viven de la política con minúscula, los acontecimientos extraordinarios, sean estos buenos o trágicos, sirven para retornar a la tribuna y aparecer en la foto.
Otro beneficio de lo excepcional es su virtud para servir de velo. Sobre todo cuando para quien gobierna, los asuntos públicos se tornan tormentosos. Es entonces cuando una inundación o un acto heroico aparecen como caídos del cielo, porque sirven para distraer miradas, y hacen el ruido necesario que oculta los gritos de la realidad.
Lo ideal es que la colectividad sepa esto, entienda el juego, y evite quedar atrapada en el embeleco. Así, de nada valdrán las charadas y maromas, pues el pueblo sabrá cuándo son cantos de sirena.