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Escuela de Derechos Humanos


He acogido con alegría dos pronunciamientos que se han dado durante las recientes emisiones noticiosas.

Por una parte está la creación de la Escuela de Derechos Humanos, por parte de la Defensoría del Pueblo y por otra, el reforzamiento de los valores cívicos y éticos en las escuelas y así fortalecer a la sociedad panameña, por el Ministerio de Educación.

En realidad no es nada nuevo en cuanto que siempre ha estado como algo inherente a la persona; sus valores, creencias, ética, derechos y deberes para con el prójimo y para consigo mismo.

La ocasión es propicia para unirnos más bien a fortalecer algo que ya tenemos o conocemos. Ambas hoy día en letargo social.

La primera como educación para la promoción y la defensa de las garantías fundamentales, conocimiento a todos los servidores públicos para el ejercicio de sus funciones, y la otra como antídoto a las graves situaciones que hoy vivimos.

Ahora bien, la promoción y la educación no deben ser excluyentes en cuanto “escuela”, sino que es un deber de todo ciudadano, al mismo tiempo velar para que se cumplan en todo momento.

Fortalecer valores cívicos, morales y éticos debe ser prioridad de todos los educadores que, garantes de una educación, son los responsables en ese mundo académico, de forjar mentes brillantes con un alto sentido de sensibilidad social.

Apostemos por una cultura ética, y por servidores públicos que ejerzan con valor y honestidad su profesión.

101 años de Panamá América

 
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