Escuela desvinculada de su medio
Nuestra escuela estuvo casi siempre desvinculada de esa realidad circundante. Planes y programas estaban y están concebidos de manera nacional, en forma tal que la enseñanza en el campo no se diferencia de la enseñanza de la ciudad. Los horarios, estructurados rígidamente desde los Despachos del Ministerio de Educación no estaban ni están en relación con las preocupaciones de las diferentes regiones del país. Los periodos de vacaciones eran y son idénticos para toda la República, y el periodo escolar se iniciaba y aún se inicia en una misma época. Comenzaban y comienzan los exámenes con ritmo igual en todas las localidades. Esta uniformidad, en lugar de contribuir a dar unidad a la educación nacional no hacía ni hace otra cosa que fomentar la desarticulación de la escuela, porque, el medio, en forma imperiosa, impone sus urgencias y todo se confabula para que las leyes y programas sean letra muerta en la vida de aquellas localidades.
En Panamá hay regiones donde en las épocas de lluvia quedan inundados los caminos, imposibilitándose el tránsito entre caseríos, pueblos y ciudades. La escuela y el maestro se ven desatendidos y tienen que poner fin a sus labores aquellos días de trabajo constante de la naturaleza. En otras regiones, la siembra y recolección de las cosechas no coinciden con los periodos de vacaciones. Allí los alumnos de las escuelas, empujados por las necesidades de los padres y a veces por imperativos naturales de protección, se van a las haciendas y la escuela queda sola.
Una escuela así, lejos de ser nacional es una escuela desvinculada de la realidad y cuya influencia llega a ser tan escasa, que en los hombres y mujeres que pasan por ella apenas queda el recuerdo de un aprendizaje de lectura, que no llegaron a dominar, y que ni siquiera llegaron a construir el hábito perdurable, que promoviera la afición a los libros en forma permanente, convirtiendo su manejo en agradable ejercicio y en un medio adecuado y seguro para mejorar la cultura. Muchas veces quienes aprendieron y aprenden en esa escuela a leer y a escribir se convirtieron y convierten en analfabeto por desuso, que es una de las puertas de entrada a la incultura, que en nuestros pueblos americanos está formando el ejército innumerable de ineficientes sociales, incapaces para conquistar su medio y de mejorar su sistema de vida.
Resolver esta situación debiera ser el objeto de una regionalización de la educación, mediante una previa planificación integral de la educación panameña, de manera que no hubiese solamente una escuela urbana y una escuela rural, sino que cada colectividad tuviese una escuela adaptada a su medio y a sus necesidades. He ahí el problema: ¡La educación no se improvisa, se planifica!