Escuelas sufren acción electorera
Precisamente, en este domingo en que estamos redactando el presente artículo, un partido político nacional lleva a cabo sus elecciones primarias. Expresaba a principios del siglo XX el Dr. Julio J. Fábrega, que “lo único que el pueblo panameño toma en serio son los carnavales”. Desde algunos años a esta pare, hay partidos políticos y sus miembros que hacen de algunos actos políticos una especie de carnaval. No sabemos por qué tales actos entusiasman tanto, lo que no criticamos en forma alguna, sino que anotamos tal conducta. Y menos esperamos que en vez de carnavalear se pongan a llorar, ya que no se trata de un entierro, sino de un jolgorio eleccionario.
Volviendo a que hoy un partido celebra sus primarias, debemos apuntar que pocos días atrás le pasamos la vista nada menos que a cinco páginas de periódico, que contenían las indicaciones necesarias, señalando el lugar o lugares en donde miembros de ese partido debían presentar a cumplir tan sagrado deber-derecho, para elegir a sus candidatos. Lo más seguro es que esas cinco páginas no se publican gratuitamente y sin gasto para el partido. Lo que tampoco sorprende que se trate de avisos pagados por el partidismo nacional.
La gran mayoría de los lugares señalados para tal y entusiasta acción, como un 80% de dichos lugares, eran escuelas públicas, escuelas del Estado, pero no privadas (¿por qué?). Esa utilización escolar tenía un fin que sólo interesa al respectivo partido, en todo el país.
Las disposiciones constitucionales vigentes fueron aprobadas en 1983 y entre ellas, se encuentra el artículo 135, el cual le reconoce un subsidio estatal a los partidos políticos (qué afortunados, porque los pobres siguen sin pan diario), con base en la cantidad de votos que obtengan en las elecciones generales del próximo mayo. Utilizando esa previsora y democrática norma, el Código electoral (no la Constitución) determina y reglamenta dicho subsidio.
Según la iniciativa para legislar en materia eleccionaria, el Código electoral le reconoce amplia beligerancia a los partidos políticos y por ello el tema del subsidio a que nos referimos ha quedado prácticamente en manos de tales agrupaciones de notables, de próximos “honorables”, etc., etc. Los partidos políticos son los vehículos para llegar a las alturas del poder en muchos países, entre ellos Panamá, y en las dos últimas décadas aquí lo que significa el poder en cuanto a beneficios personales es cosa que ha llegado a los mayores extremos del escándalo. Nosotros no advertimos las razones para que el Estado panameño subsidie a los “pobrecitos” partidos, los que tan abierta y profunda actividad tienen, a través de sus legisladores y demás empleados que llevan al ejército burocrático, muy nutrido según las estadísticas, por lo cual podemos seguir y morir tranquilos, porque estamos salvados.
Por ello, en este artículo relacionamos el hecho de que los partidos políticos utilizan los centros escolares estatales (no los colegios particulares), con el subsidio que reciben del Gobierno, a más de los otros gajes presupuestarios al uso. Los contribuyentes, los que pagamos impuestos, también sufragamos tan grande y justa prodigalidad de un Estado que mantiene un enorme déficit, sin pena, sin gloria y sin fin. Y toda la conocida actividad eleccionaria brilla por ser más que sagrada, democrática y por lo mismo infaltable, debido a lo cual muchos expresan y se alegran de que “en Panamá vivimos en democracia”. Lo que nos recuerda, por su difícil similitud, la célebre frase de Madame Rolland, cuando iba camino de la guillotina: “Oh Libertad, cuántos crímenes se cometen en tu nombre”. Lo único que por aquí debemos gritar: “Oh Democracia...” Ya que bien sabemos que los partidos políticos panameños, sin excepción ninguna, han edificado constitucionalmente una vistosa partidocracia, dicho más sencillamente, un monopolio partidista que es la vía de ingreso a la percepción de los conocidos “gajes del poder”, de los cuales no quieren soltarse los que lo tienen en sus manos, y que tanto ambicionan los que viven, como se moteja en el argot político panameño, “en el peladero” y sobre todo lo que creen que transitoriamente han salido de él.
Todos conocemos la forma desastrosa con que funcionan los centros escolares del Estado y que cada año, también en el que transcurre, los profesores y los alumnos hacen “paros”, reclamando la indispensable atención del Gobierno para que les garantice siquiera las bancas necesarias para sentarse y hasta los retretes que brillan por sus “magníficas condiciones”.
Sin embargo, los “pobrecitos partidos” no tienen dinero para alquilar locales, a fin de celebrar sus “primarias”. Es necesario que lo hagan en gran número de centros escolares, con las consecuencias que resultan del uso y abuso (en Panamá, ambos vocablos tienen el mismo significado, al menos en la acción).
Nosotros no sabemos si existen o no disposiciones legales que autoricen la ocupación dominical de las escuelas estatales con fines, no de primarias escolares, sino primarias politiqueras.
Valdría la pena echarle un vistazo los olvidados Códigos, ya que sí sabemos que el Código Electoral y la Constitución prohíben “las actividades de propaganda y afiliación partidista en las oficinas públicas” (¿y qué son las escuelas?), lo mismo que el uso de los bienes del Estado para favorecer a los partidos políticos.
Volviendo a que hoy un partido celebra sus primarias, debemos apuntar que pocos días atrás le pasamos la vista nada menos que a cinco páginas de periódico, que contenían las indicaciones necesarias, señalando el lugar o lugares en donde miembros de ese partido debían presentar a cumplir tan sagrado deber-derecho, para elegir a sus candidatos. Lo más seguro es que esas cinco páginas no se publican gratuitamente y sin gasto para el partido. Lo que tampoco sorprende que se trate de avisos pagados por el partidismo nacional.
La gran mayoría de los lugares señalados para tal y entusiasta acción, como un 80% de dichos lugares, eran escuelas públicas, escuelas del Estado, pero no privadas (¿por qué?). Esa utilización escolar tenía un fin que sólo interesa al respectivo partido, en todo el país.
Las disposiciones constitucionales vigentes fueron aprobadas en 1983 y entre ellas, se encuentra el artículo 135, el cual le reconoce un subsidio estatal a los partidos políticos (qué afortunados, porque los pobres siguen sin pan diario), con base en la cantidad de votos que obtengan en las elecciones generales del próximo mayo. Utilizando esa previsora y democrática norma, el Código electoral (no la Constitución) determina y reglamenta dicho subsidio.
Según la iniciativa para legislar en materia eleccionaria, el Código electoral le reconoce amplia beligerancia a los partidos políticos y por ello el tema del subsidio a que nos referimos ha quedado prácticamente en manos de tales agrupaciones de notables, de próximos “honorables”, etc., etc. Los partidos políticos son los vehículos para llegar a las alturas del poder en muchos países, entre ellos Panamá, y en las dos últimas décadas aquí lo que significa el poder en cuanto a beneficios personales es cosa que ha llegado a los mayores extremos del escándalo. Nosotros no advertimos las razones para que el Estado panameño subsidie a los “pobrecitos” partidos, los que tan abierta y profunda actividad tienen, a través de sus legisladores y demás empleados que llevan al ejército burocrático, muy nutrido según las estadísticas, por lo cual podemos seguir y morir tranquilos, porque estamos salvados.
Por ello, en este artículo relacionamos el hecho de que los partidos políticos utilizan los centros escolares estatales (no los colegios particulares), con el subsidio que reciben del Gobierno, a más de los otros gajes presupuestarios al uso. Los contribuyentes, los que pagamos impuestos, también sufragamos tan grande y justa prodigalidad de un Estado que mantiene un enorme déficit, sin pena, sin gloria y sin fin. Y toda la conocida actividad eleccionaria brilla por ser más que sagrada, democrática y por lo mismo infaltable, debido a lo cual muchos expresan y se alegran de que “en Panamá vivimos en democracia”. Lo que nos recuerda, por su difícil similitud, la célebre frase de Madame Rolland, cuando iba camino de la guillotina: “Oh Libertad, cuántos crímenes se cometen en tu nombre”. Lo único que por aquí debemos gritar: “Oh Democracia...” Ya que bien sabemos que los partidos políticos panameños, sin excepción ninguna, han edificado constitucionalmente una vistosa partidocracia, dicho más sencillamente, un monopolio partidista que es la vía de ingreso a la percepción de los conocidos “gajes del poder”, de los cuales no quieren soltarse los que lo tienen en sus manos, y que tanto ambicionan los que viven, como se moteja en el argot político panameño, “en el peladero” y sobre todo lo que creen que transitoriamente han salido de él.
Todos conocemos la forma desastrosa con que funcionan los centros escolares del Estado y que cada año, también en el que transcurre, los profesores y los alumnos hacen “paros”, reclamando la indispensable atención del Gobierno para que les garantice siquiera las bancas necesarias para sentarse y hasta los retretes que brillan por sus “magníficas condiciones”.
Sin embargo, los “pobrecitos partidos” no tienen dinero para alquilar locales, a fin de celebrar sus “primarias”. Es necesario que lo hagan en gran número de centros escolares, con las consecuencias que resultan del uso y abuso (en Panamá, ambos vocablos tienen el mismo significado, al menos en la acción).
Nosotros no sabemos si existen o no disposiciones legales que autoricen la ocupación dominical de las escuelas estatales con fines, no de primarias escolares, sino primarias politiqueras.
Valdría la pena echarle un vistazo los olvidados Códigos, ya que sí sabemos que el Código Electoral y la Constitución prohíben “las actividades de propaganda y afiliación partidista en las oficinas públicas” (¿y qué son las escuelas?), lo mismo que el uso de los bienes del Estado para favorecer a los partidos políticos.