default

"Ese pobre fantasma"


Lo digo de una vez: me resulta falsa y antipática la afirmación de que el pueblo nunca se equivoca, y de que su voz es la voz de Dios.
No sé desde cuándo vienen los demagogos haciendo uso de esa retórica bellaca, pero la historia nos recuerda las innumerables ocasiones en que el pueblo se equivocó de manera lamentable y fatal.
Cristo entró en Jerusalén un domingo, y fue aclamado como un dios; y ese mismo pueblo, lo humilló y asesinó cinco días después.
De la misma manera, equivocada, ordenaron la muerte de Sócrates. Y en el asesinato de Julio César, cuando Bruto explicó al pueblo que lo habían matado porque se quería convertir en un tirano, lo aplaudieron y justificaron su crimen; pero luego que oyeron a Marco Antonio defender a César, buscaron a Bruto para matarlo. Que el pueblo nunca se equivoca. ¡Cuántas bajezas se han cometido en su nombre!
El pueblo se ha equivocado muchas veces, y se sigue equivocando.
Hace unos meses, la mayoría del pueblo venezolano quería revocarle el mandato al presidente Hugo Chávez; el émulo de Fidel Castro temía el referendo, pero lo aceptó. Para cambiar la opinión pública, tan tornadiza, ha regado muchos millones entre el pueblo, rebajó a la cuarta parte el precio de la gasolina, y todo hace pensar que el mismo pueblo, que lo odia, lo ratificará en el poder; y se quedará allí hasta que le dé la gana.
Hace muchos años, en la misma Venezuela, el dictado Pérez Jiménez fue derrocado. Decían los diarios de ese tiempo, que el día antes de la huida, había quebrado cuatro bancos de Caracas llevándose el dinero consigo. Sin embargo, años después, desde el destierro en España, anunció que volvería al país para ser candidato, y como las encuestas lo favorecían grandemente, tuvieron que crear una ley que le impedía su retorno.
Rafael Caldera, viejo demócrata de su país, decía que la Venezuela de Pérez Jiménez fue una Venezuela de "opereta", que quería presentarlos ante el mundo como los nuevos ricos, sin cultura y sin sentido de responsabilidad, que tenía dinero en la mano y lo iba tirando en cosas suntuarias o inútiles para tratar de presentarlos como un pueblo feliz, "escondiendo en las tinieblas de las cárceles y en el silencio impuesto las profundas necesidades de nuestro pueblo, ninguno de cuyos problemas fundamentales pudo resolverse durante la dictadura". Y Hugo Chávez, ha repetido muchas veces que admiraba fervorosamente al ex dictador Pérez Jiménez. ¡Y no pierdan de vista lo que podría ocurrir con Fujimori en Perú, y hasta con su lugarteniente el siniestro Vladimiro Montesinos! Y no pierdan de vista tampoco lo que puede pasar con Sadam Hussein en Irak.
El famoso panfletario colombiano Vargas Vila señalaba, desdeñosamente, que esa farsa del pueblo soberano, con que se ha querido tanto tiempo deslumbrar y asordar las masas ignorantes, "no ha sido sino una mentira convencional, un sofisma vil, una palabra lucrativa en los labios de los políticos explotadores de la mina inagotable de la candidez pública". Y agregaba Vargas Vila, que el pueblo entre nosotros "es una minoría semi intelectual y semiletrada, corrompida y corruptora, llena de todos los apetitos y apta para todas las bajezas". Y el otro, "ese pobre fantasma, en cuyo nombre se ha cometido tanta iniquidad y derramado tanta sangre, es un esclavo idiotizado, analfabeto, incapaz de pensamiento y de acción".
Y en nuestro país, dijo recientemente el Dr. Winston Robles, que durante la dictadura "el capricho de un sargento valía más que todas las leyes de la República". Pero esa es otra historia.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América