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Esencia y querencia


Llega noviembre, mes en el que, se supone, debemos repasar los hechos que nos definieron como nación; mes que nos invita a reconocernos y definirnos como pueblo.

El Ser panameño es único, inconfundible, característico, y en el llamado mes de la Patria nos corresponde desentrañarlo para aprehender sus aparejos, identificar sus vicios y virtudes, y explotar por el bien del país aquellos dones culturales que nos hacen especiales en el concurso de las nacionalidades.

La escuela de hoy convierte en materia aburrida la Historia y mucho más el folclor, que para algunos desenfocados motiva más a la sorna que a la devoción. De esta manera es como, sobre todo en las ciudades, se va perdiendo la sabiduría popular, las tradiciones y el culto a lo nuestro que, para muchos, es rasgo de casta inferior y campesina, en vez de tesoro espiritual.

Por fortuna aún quedan reductos, rincones del país donde a pesar del avasallamiento de la “civilización” se hereda el canto, la danza, la narración, y se construye el hombre de hoy sin olvidar el pretérito y sus matices. Darién, Chiriquí, Herrera, Los Santos, Ocú, las Comarcas, Colón…, aquí y en otros sitios se defiende al Ser panameño contra el olvido y la burla. No hay que dejarlos solos.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América