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¡Esos militares salvajes!


Leí con atención la columna de El Panamá América del domingo 3 de junio, con su gran despliegue titulando: ¿Ha desaparecido la dictadura militar? Me enteré, entonces, que el Dr. Ricardo Arias Calderón, el autor, le responde al intelectual, también enconado antimilitarista, Carlos Guevara Mann, sobre conceptos y variantes que ambos tienen con relación a si ya se acabó o no la dictadura militarista, y cuáles deben ser los métodos de los preclaros hombres ilustrados del país, a fin de orientar a las masas sobre el pensamiento nacional que conviene respecto al espinoso tema. Sabiendo mis grandes limitaciones, en primer término, del espacio especial que con razón se le da a figuras como el ex vicepresidente de Guillermo Endara. Pese a la gran afabilidad que nos dispensa el personal de Opinión de este diario, RAC tiene más amplitud para sus opiniones; nuestra mayor limitante en todo caso, es obvio, radica en la falta de sapiencia intelectual para discutir conceptualmente con dos eruditos, que manejan la filosofía, la sociología, el Derecho, las ciencias políticas, la historia, la dialéctica y conocimientos, con una dimensión tal, que un militar metido ahora a estudioso del derecho, no puede ni siquiera aspirar, so pena de hacer el ridículo. Pese a esa auto advertencia que me hago, decidí, como conejo en baile de hipopótamos, a dar brevemente algunas de mis verdades:
Primero, observo que el Dr. Arias Calderón toma distancia de su aludido, al postular una posición más flexible respecto a su persona y a otros "Hace tiempo hemos comenzado a borrar las fronteras entre quienes fuimos adversarios y quienes fueron partidarios de los militares". Colegimos que en esta premisa RAC le dice al Dr. Guevara que el ex vicemandatario ha superado los rencores de otros panameños que aún sueñan con Noriega cada noche los 365 días del año. RAC también pasa revista de altas figuras del actual gobierno que tuvieron altos cargos durante varios gobiernos, y distintas concepciones de Estado, (mi tesis) que ocurrieron durante los 21 años de tal proceso. Luego, el eminente catedrático se sumerge más bien en los criterios legales sobre el sistema político actual, sus órdenes éticos y pasa revista al suceso que la Constitución lleve el sello original de los militares, por ser aprobada su generalidad en 1972, aunque recuerda las modificaciones sufridas, y que fue el Dr. Arias Calderón el que descabezó el militarismo. En el fondo, la esencia de esas discusiones de ambas personalidades, nos traen, una vez más, la tesis central: los males, vicios, corruptelas, crímenes, todos los dolos y pecados imaginables, y los no imaginables, que han ocurrido en Panamá, se le deben inicialmente a Omar Torrijos, y luego, de ñapa, a Noriega, además de a los demás que tuvimos que ver con aquélla institución. Antes del golpe de 1968, aquélla Fuerza Pública, pero no se dice nada, la dedicaban los próceres y los que le siguieron, a ser la amante prohibida, pero efectiva donde copulaban con la esperma política de los fraudes entre liberales y no liberales, con el semen de la corrupción de recámaras, la selección por camarillas oligárquicas de los que tenían que ser presidentes, en elecciones formalmente democráticas, pero de mentira, etc. Esa Policía Nacional y Guardia Nacional que eran, ni más ni menos, que las mandaderas, las que le llevaban los paquetes de supermercado a los presidentes y ministros, las concubinas de los gamonales provinciales, que mandaban a su antojo a los capitanes y tenientes de pueblo, por favores de a reales. Pero, especialmente hoy, que tanto se llenan algunos la boca de "antimilitarismo", quieren desconocer, como si fuésemos invidentes históricos, la verdad de a puño, de que la mayoría de los próceres y políticos oligárquicos de antes de 1968, con muy pocas excepciones, bien pocas, se entregaron, sin escrúpulos éticos, a recibir en sus casas a los que representaban al más rampante militarismo colonialista del planeta, a aprender con ellos a jugar golf, a regodearse en sus tertulias con ellos hablando su inglés mucho mejor que el idioma que nos heredó Cervantes (que ambos en todo caso deben hablarse bien, si de ser políglota se trata), amén de haberles pedido desde el "gobierno civilista y democrático que en teoría pura tuvimos desde 1903 hasta 1968", todas las cuantiosas intervenciones a esos militares extranjeros, que, por supuesto, eran inteligentes, preparados, ricos, blancos y guapos. Esos mismos militares, que no se llaman Torrijos, ni Rodríguez, sino Gorman, Nutting, etc., que hoy extrañan tanto algunos que no aprendieron nunca a sentirse panameños; esos eran militaristas distintos, eran soldados que valía la pena entregarles hasta la conducción del país, santos, puros, castos; como si el 9 de enero de 1964 hubiese sido Timoteo Meléndez el que asesinó a mansalva nuestra mejor sangre nacional; o si la arrogancia criminal de los incidentes de la Tajada de la Sandía hubiese sido obra demoníaca de militares panameños. Tan bueno era aquél militarismo, que ellos pusieron las condiciones y los notarios para que tomara posesión el gobierno que ellos colocaron físicamente en el poder en diciembre de 1989.
¡Hay la memoria de la desmemoria! Hay los que no pueden perdonar que un pueblo sea "tan bruto", que siga sintiendo cariño y buen recuerdo por Omar Torrijos que no pudo ir a Harvard, Yale, Tulane, y ni siquiera a Florida States University, y le haya permitido un sitio tan profundo en su corazón, pese a que ese mismo pueblo haya conocido como nos han gobernado recientemente los antimilitaristas, y saber que no se acabó por ello ninguna corrupción. Y que ese hombre, con uniforme, tan ordinario y tan de clase media, se preocupara más de los problemas y las tristezas de la gente, que de la confección formalista de las leyes. A todo ese pueblo, "equivocado", inmensamente diseminado, que luego de 20 años de ausencia del hombre que lo explotaron en el aire, para carcajadas de algunos, que sigue sintiendo que Omar fue un gran panameño, como también lo sintió expresamente en sus exequias Monseñor Marcos Mc Grath (q.e.p.d), a quien aún no he conocido como militarista cuando consideró al General "un hombre que amó profundamente a los humildes, no sólo de Panamá sino del Tercer Mundo"
En fin, me parece que para que los ilustres panameños que discuten en público el tema del militarismo, nos dejen mejores luces, vale la pena que revisen, junto con nosotros, el esquema cristiano verdaderamente sustancial: Estamos dispuestos todos a perdonarnos, ¿o seguiremos buscando las verdades que más nos gustan, para arrojarlas en la cara de los que odiamos? O, mejor, renunciemos en público a esas falsas posturas cristianas, que no sentimos...

101 años de Panamá América

 
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