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Esperanza universitaria


Qué profunda consternación produce el triste espectáculo de las elecciones universitarias, rinde tal culto a la personalidad hasta desquiciar el ambiente de nuestra primera Casa de Estudios.
Doce años han transcurrido desde la aprobación de la transitoria Ley 6ª. de la Universidad de Panamá, y cada tres años la Institución convulsiona durante los procesos electorales. Si al menos los resultados condujeran a mejores horizontes, podríamos concluir que valió la pena el shock institucional que sufrimos; sin embargo los resultados no compensan el esfuerzo, el desgaste, ni mucho menos la considerable suma de dinero que se invierte en cada evento electoral. Esta realidad conduce a preguntar si valió la pena semejante espectáculo para seguir en lo mismo.
En un país en franca desventaja en el proceso de globalización, en una universidad con necesidades apremiantes, que los candidatos a rector invierten sumas estratosféricas en sus campañas, nos obliga a ser suspicaces. Todo universitario serio tiene que cuestionar, ¿por qué alguien que ya fue rector dos veces quiere serlo por tercera vez? ¿Por qué alguien que acaba de culminar su período de rectoría no desea entregar el cargo a un sucesor?
Otra nefasta consecuencia del trauma electoral es que las unidades académicas quedan peligrosamente lastimadas por antagonismos irreparables, que entorpecerán la labor académica permanentemente; y lo académico es sofocado por la más burda y estéril politiquería.
222El Alma Mater de tantos panameños es una víctima impotente de apetitos voraces de quienes, sin escrúpulos, permanecen enquistados en sus profundas entrañas, sumiéndola en el status quo.
De toda esta lamentable situación, la gran perdedora es la Universidad: su imagen, su patrimonio y lo más importante, su calidad académica. Por consecuencia pierde todo el país; sin embargo, pareciera que la sociedad panameña y el gobierno no supieran que ellos están en todo el derecho de exigirle cuentas a esa institución. Unos 107 millones de balboas le concedemos los panameños para que los dilapiden rectores y administradores sin escrúpulos.
En la situación actual, los universitarios sólo tenemos dos opciones: por un lado, la reelección de uno de los dos ex rectores que representan el continuismo de lo tradicional y, por otro lado, la alternativa de un cambio de persona, de visión de propuesta. Esta es la verdadera opción para los universitarios que todavía tenemos la esperanza de una Universidad por la que valga la pena luchar.
El Alma Mater de tantos panameños es una víctima impotente de apetitos voraces de quienes, sin escrúpulos, permanecen enquistados en sus profundas entrañas, sumiéndola en el status quo.
El 23 de mayo, los universitarios tendremos la gran oportunidad de decidir si deseamos más de lo mismo, del continuismo intelectual académico, científico, tecnológico y moral anquilosado en la Casa de Méndez Pereira o si nos daremos, a nosotros mismos y al país, la opción de un cambio con la esperanza de un mejor futuro para esa gran universidad.
Los resultados de las urnas reflejarán cuántas personas libres de palabras y de acción concurren a este centro educativo. Esa gran mayoría silenciosa, pasiva, hastiada de tanta componenda politiquera, tendrá la oportunidad de quebrantar el status quo y proporcionar un cambio con mejores horizontes.
José Chen Barría, con su impecable hoja de vida en la que destaca su gran capacidad y honestidad, representa la reserva moral de la Universidad de Panamá. Acudamos a las urnas y con toda consciencia, con la plena convicción de estar votando por la mejor opción. Elijamos al profesor José Chen Barría para la rectoría.

101 años de Panamá América

 
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