Esperanzas, respuestas y explicaciones
Mañana, mezclada con su pueblo y acompañada de los mejores deseos y esperanzas de la mayoría de la nación asumirá la Presidencia doña Mireya Elisa Moscoso Rodríguez.
Con decisión y constancia supo ganarse el cargo que, insisto, ocupará por derecho propio y no como herencia política; su liderazgo lo construyó ella y su triunfo en las elecciones del 2 de mayo fue, principalmente, el producto de su esfuerzo y tenacidad.
En algunos artículos anteriores, pero principalmente en el que escribí el pasado 4 de mayo, he señalado que la nueva presidenta logró su victoria electoral construyéndola día por día, durante sus contactos directos con el pueblo, al que se acercó con humildad para sembrar esperanza.
Como todo nuevo gobierno, el de doña Mireya requerirá de un período inicial, para asentarse que, como consecuencia del sabotaje programado y ejecutado por el gobierno saliente para enrarecer el proceso de transición, podría ser más difícil y prolongado, pues habrá que comenzar por remover las minas plantadas en el sendero y por desenmarañar el misterio de que han sido rodeadas las cuentas del Estado, para poder establecer cuál es la verdadera condición de las finanzas públicas y así poder saber con qué recursos se contará.
Las respuestas no podrán aparecer como por arte de magia. Pero quienes carecen de techo y de pan no lo podrán entender con la misma tranquilidad de aquellos que no estamos acosados por la miseria.
En el programa de gobierno que la nueva presidenta le presentó al país durante la campaña electoral hay respuestas de cortísimo plazo, encaminadas a atender las necesidades más apremiantes de los sectores más golpeados de nuestra sociedad, pero está por verse de dónde saldrán los fondos para ejecutarlas.
El gobierno saliente dejará las arcas estatales tan paupérrimas que apenas habrá saldos disponibles en las partidas presupuestadas. Pero eso el pueblo no lo sabe.
El gobierno que presidió Guillermo Endara, en su momento, pecó por no haber dado explicaciones oportunas sobre sus enormes limitaciones, producto del despilfarro y los robos de la dictadura y, aunque sus resultados fueron abismalmente superiores a los del gobierno saliente, que ha contado con recursos comparativamente muy superiores, para muchos ciudadanos falló al no darles las respuestas que ellos esperaban.
El nuevo gobierno debe comenzar por no escatimar en las explicaciones y partir demostrándole al país, con pelos y señales, con qué cuenta para trabajar.
Durante la primera etapa del gobierno, la cobertura de los medios vendrá de forma casi obligatoria, de manera que no será costosa; sólo será necesario que las nuevas autoridades se dispongan a aprovechar la coyuntura.
Las explicaciones deben ser lo más prolijas posibles, sobre todo, porque el gobierno saliente, especialmente en sus últimos días ha puesto mucho empeño en echarse agua de rosas y en proyectar una imagen falsa de las finanzas públicas.
Según la propaganda oficial las arcas del Estado están llenas a reventar, pero la realidad es muy distinta y hay que explicarla. La nueva presidenta recibe una administración al borde de la quiebra y los únicos recursos líquidos que existen son los del Fondo Fiduciario, producto de las privatizaciones, que no pueden utilizarse, a menos que se reforme la ley que lo regula.
Hace unos años, antes de la etapa dictatorial, un presidente (don Ernesto de la Guardia o don Roberto F. Chiari) tuvo la feliz iniciativa de publicar, con regularidad semanal, un cuadro que reflejaba los ingresos y egresos del Estado. Una iniciativa similar sería muy conveniente.
Son muchas las necesidades insatisfechas y el nuevo gobierno no podrá resolverlas todas, pero las expectativas del pueblo se volcarán, como es de esperar, a buscar las respuestas en sus nuevos gobernantes. Las explicaciones tampoco las solucionarán, y mucho menos de manera inmediata, pero si son oportunas y claras contribuirán a mantener viva la esperanza y la confianza en el nuevo gobierno.
Con decisión y constancia supo ganarse el cargo que, insisto, ocupará por derecho propio y no como herencia política; su liderazgo lo construyó ella y su triunfo en las elecciones del 2 de mayo fue, principalmente, el producto de su esfuerzo y tenacidad.
En algunos artículos anteriores, pero principalmente en el que escribí el pasado 4 de mayo, he señalado que la nueva presidenta logró su victoria electoral construyéndola día por día, durante sus contactos directos con el pueblo, al que se acercó con humildad para sembrar esperanza.
Como todo nuevo gobierno, el de doña Mireya requerirá de un período inicial, para asentarse que, como consecuencia del sabotaje programado y ejecutado por el gobierno saliente para enrarecer el proceso de transición, podría ser más difícil y prolongado, pues habrá que comenzar por remover las minas plantadas en el sendero y por desenmarañar el misterio de que han sido rodeadas las cuentas del Estado, para poder establecer cuál es la verdadera condición de las finanzas públicas y así poder saber con qué recursos se contará.
Las respuestas no podrán aparecer como por arte de magia. Pero quienes carecen de techo y de pan no lo podrán entender con la misma tranquilidad de aquellos que no estamos acosados por la miseria.
En el programa de gobierno que la nueva presidenta le presentó al país durante la campaña electoral hay respuestas de cortísimo plazo, encaminadas a atender las necesidades más apremiantes de los sectores más golpeados de nuestra sociedad, pero está por verse de dónde saldrán los fondos para ejecutarlas.
El gobierno saliente dejará las arcas estatales tan paupérrimas que apenas habrá saldos disponibles en las partidas presupuestadas. Pero eso el pueblo no lo sabe.
El gobierno que presidió Guillermo Endara, en su momento, pecó por no haber dado explicaciones oportunas sobre sus enormes limitaciones, producto del despilfarro y los robos de la dictadura y, aunque sus resultados fueron abismalmente superiores a los del gobierno saliente, que ha contado con recursos comparativamente muy superiores, para muchos ciudadanos falló al no darles las respuestas que ellos esperaban.
El nuevo gobierno debe comenzar por no escatimar en las explicaciones y partir demostrándole al país, con pelos y señales, con qué cuenta para trabajar.
Durante la primera etapa del gobierno, la cobertura de los medios vendrá de forma casi obligatoria, de manera que no será costosa; sólo será necesario que las nuevas autoridades se dispongan a aprovechar la coyuntura.
Las explicaciones deben ser lo más prolijas posibles, sobre todo, porque el gobierno saliente, especialmente en sus últimos días ha puesto mucho empeño en echarse agua de rosas y en proyectar una imagen falsa de las finanzas públicas.
Según la propaganda oficial las arcas del Estado están llenas a reventar, pero la realidad es muy distinta y hay que explicarla. La nueva presidenta recibe una administración al borde de la quiebra y los únicos recursos líquidos que existen son los del Fondo Fiduciario, producto de las privatizaciones, que no pueden utilizarse, a menos que se reforme la ley que lo regula.
Hace unos años, antes de la etapa dictatorial, un presidente (don Ernesto de la Guardia o don Roberto F. Chiari) tuvo la feliz iniciativa de publicar, con regularidad semanal, un cuadro que reflejaba los ingresos y egresos del Estado. Una iniciativa similar sería muy conveniente.
Son muchas las necesidades insatisfechas y el nuevo gobierno no podrá resolverlas todas, pero las expectativas del pueblo se volcarán, como es de esperar, a buscar las respuestas en sus nuevos gobernantes. Las explicaciones tampoco las solucionarán, y mucho menos de manera inmediata, pero si son oportunas y claras contribuirán a mantener viva la esperanza y la confianza en el nuevo gobierno.