“Establishment”, género y facturas
Cuando se inició la contienda por la candidatura demócrata, la senadora Hillary Clinton era clara favorita; pero luego se produjo "el fenómeno Obama". Para explicarlo, hay varias razones. La primera, es "el peso del "establishment". El sistema electoral norteamericano, aunque se le tenga como paradigma de democracia, en realidad no lo es tanto. Sigue dominado por dos partidos, el Republicano y el Demócrata en los que, a su vez, existen "elites" conformadas por un grupo de "influyentes líderes", que se entronizan como verdaderas dinastías. Ejemplos típicos son los Kennedy y los Bush.
El "establisment" en la contienda interna de los demócratas, liderado por el senador Kennedy, se ha puesto del lado de Barak Obama, a pesar de que éste, desde el inicio de su campaña para lograr la nominación, enrumbara sus baterías contra "los modos tradicionales de hacer política en Washington", y de los que son ejemplos conspicuos Ted Kennedy y sus aliados. Esa reacción ilógicamente favorable a Obama por parte del "establishment" demócrata obedece a que la mayoría de "los barones" de ese partido nunca aceptó de buen grado el ascendente liderazgo de los Clinton y su eventual consagración como la "nueva dinastía" demócrata.
El género y la etnia han sido factores determinantes para escoger a los máximos dirigentes de los Estados Unidos. Hace dos décadas, y quizá hasta hace una, era impensable la candidatura, con posibilidades de éxito, de una mujer o de un afroamericano. Pero para las próximas elecciones, la candidatura demócrata la llevará la senadora Clinton o el senador Obama y, según los pronósticos, el que sea de los dos, tiene las mayores probabilidades de instalarse en la Casa Blanca.
Pero el debate en los Estados Unidos ya no se centra sobre si el país está preparado para tener a una mujer o a un afroamericano al frente de su gobierno; sino por cual de los dos se inclina su preferencia. El análisis de los resultados de las primarias ya realizadas, da amplio margen para concluir que un segmento muy importante del pueblo norteamericano "blanco", enfrentado a escoger entre una mujer y un hombre, prefiere darle su beneplácito a éste antes que a aquella, haciendo abstracción de su etnia.
Hasta fechas muy recientes, cuando se destapó la inconsistencia entre el discurso de Obama y su íntima relación de 20 años con su mentor religioso, el controvertido pastor Jeremiah Whrigt, la gran prensa norteamericana, que allá como en ninguna otra parte, "orienta y dirige la opinión pública" no ha disimulado su antagonismo por la senadora Clinton. Los más influyentes medios norteamericanos, nunca recuperados del fracaso de sus empeños por desbancar al presidente Bill Clinton, han vuelto a pasar la factura. La desproporción entre sus ataques a Hillary Clinton, en comparación con los dedicados a su rival por la candidatura demócrata es tan obvia como parcializada.
Que la senadora Clinton, con todos esos factores en contra, haya podido llevar la contienda a un virtual empate es, como mínimo, un milagro político, solamente atribuible a su probada capacidad y tenacidad que, espero, el pueblo norteamericano reconozca.