Estado de derecho vs. estado de opinión
Una decisión de la Corte Constitucional de Colombia nos ha entregado una lección de democracia a todos sus vecinos continentales. El tribunal que vela por la integridad de la Constitución en el hermano país declaró que el referendo propuesto para autorizar la re-elección del presidente Álvaro Uribe Vélez es inconstitucional por violaciones graves al procedimiento que afectan la sustancia misma de la decisión que se proyecta tomar. El resultado es muy sencillo: Uribe no podrá re-elegirse, pese a todo su poder y pese a toda su popularidad. Los magistrados colombianos se han comportado a la altura de sus responsabilidades y han sido capaces de emitir un fallo que no deja lugar a dudas de que Colombia es un Estado de Derecho. En la misma semana, un tribunal similar en Guatemala destituyó a un Ministro de Estado, enviándole una clara señal al Presidente de la República de que su poder está sometido a los dictados de la Constitución, y que dicho sea de paso, no es el Ejecutivo quien la interpreta. Recientemente, también, en Bolivia, Evo Morales, obtuvo una autorización del Legislativo para proceder al nombramiento de todos los magistrados del supremo tribunal. Con eso liquida el Estado de Derecho. Lo que prevalecerá de ahora en adelante será la opinión de los que tengan una masa electoral mayor. Se trata de una solapada intimidación o una invitación a la violencia. ¿Está Panamá dejando de ser cada vez menos un Estado de Derecho, para ir convirtiéndose en un Estado donde prima la opinión de los que obtuvieron coyunturalmente la mayoría en las últimas elecciones? Hasta que nuestra Corte Suprema no demuestre lo contrario, todo indica que así parece.