Estados fallidos
El que el mapamundi esté completamente delimitado no significa que cada país allí señalado sea un Estado funcional. En el Mundo hay una significativa cantidad de estados que no pueden proveer a sus asociados la garantía mínima de defenderlos contra agresiones externas y contra quienes desde adentro, irrespetan el derecho a la vida, la honra y los bienes de sus ciudadanos. Estos llamados "Estados Fallidos" no tienen la capacidad de organizar ni mantener la vida en sociedad. Los bloques regionales y los organismos internacionales han recurrido a "intervenciones humanitarias" para tratar de terminar con el caos y poner a estos Estados a andar por sus propios pies. Lamentablemente esta es una tarea de años y tal vez lustros, en muchos casos.
En nuestra América hay un Estado fallido en vías de recuperación y hay un Estado en vías de fallar. El primero es Haití y el segundo podría ser Bolivia. Gobernar es una ciencia compleja que requiere de visión, entereza y prudencia, no sólo de quienes ejercen el poder, sino también de quienes adversan al grupo gobernante. Confundir la lucha política legítima con un derby de demolición es normalmente fatal para el Estado, ya que si para reemplazar al gobierno de turno se socava la institucionalidad, cuando se logra el objetivo, ya solo queda el caos. Un ejemplo de lo que sí se debe hacer en este tipo de luchas es el de Nelson Mandela, quien al alcanzar el poder desmontó el sistema del Apartheid sin destruir al Estado surafricano y sin construir uno igual pero de discriminación inversa. Hoy en día Sudáfrica es la potencia, política, económica, militar y moral hacia donde mira el África negra y es un ejemplo de convivencia multiétnica y multicultural para el mundo. Nos preguntamos si el presidente Morales de Bolivia podrá calzar los zapatos de un Mandela u optará por las botas de un Chávez.
En nuestra América hay un Estado fallido en vías de recuperación y hay un Estado en vías de fallar. El primero es Haití y el segundo podría ser Bolivia. Gobernar es una ciencia compleja que requiere de visión, entereza y prudencia, no sólo de quienes ejercen el poder, sino también de quienes adversan al grupo gobernante. Confundir la lucha política legítima con un derby de demolición es normalmente fatal para el Estado, ya que si para reemplazar al gobierno de turno se socava la institucionalidad, cuando se logra el objetivo, ya solo queda el caos. Un ejemplo de lo que sí se debe hacer en este tipo de luchas es el de Nelson Mandela, quien al alcanzar el poder desmontó el sistema del Apartheid sin destruir al Estado surafricano y sin construir uno igual pero de discriminación inversa. Hoy en día Sudáfrica es la potencia, política, económica, militar y moral hacia donde mira el África negra y es un ejemplo de convivencia multiétnica y multicultural para el mundo. Nos preguntamos si el presidente Morales de Bolivia podrá calzar los zapatos de un Mandela u optará por las botas de un Chávez.