Estados Unidos puede erradicar la droga
La forma segura de combatir el flagelo de la droga es que el gobierno norteamericano compre toda la producción de la coca a los aborígenes de Bolivia, Perú, Colombia, etc; a mejores precios que los que pagan los que producen la droga; grandes dolores de cabeza se quitarían.
Los urgentes esfuerzos que hacen, especialmente Norteamérica, para tratar de controlar el flagelo de la droga que tanto daño le hace a la juventud norteamericana y a la juventud del mundo. El daño físico y mental que causa la droga no tiene precio. La auto destrucción de sus juventudes, les están causando un daño irreparable. Dentro de pocos años, será un país destruido.
El europeo invasor sometió al indio a trabajos inhumanos y aún en pleno siglo veinte, los terratenientes continúan martirizando al indio como bestias de carga.
La naturaleza es sabia, la coca es un estímulo y mitiga en gran forma el sufrimiento que padecen nuestros indígenas. El indio, a pesar de ser ignorante, mastica unas pocas hojas de coca, lo necesario para mitigar su gran sufrimiento y no más. Todo lo contrario pasa con el hombre blanco. Se harta de cocaína hasta quedar hecho un guiñapo y muere en la forma más dolorosa.
Se sabe que el ejército norteamericano es un gran consumidor de droga, tanto, que si no se endrogan no van a la guerra, y que los capos, los que controlan este criminal negocio están en la cúpula del poder político y económico de los Estados Unidos.
Si así van las cosas ¿cómo vamos a prohibirles a los aborígenes de Bolivia, Perú, Colombia, etc., que no produzcan coca, si esta planta ya existía antes que el hombre primitivo? Entonces, bien podríamos exigirles a los países que producen vino que no siembren uvas; de las uvas se saca el vino y el vino es una droga que ha matado millones de personas y ha desgraciado millones de hogares. La diferencia está en que los que siembran uvas son potencias poderosas y los que siembran coca son indígenas paupérrimos.
Me anima escribir este artículo como una posible solución. Los Estados Unidos no tendrían pretexto de invadirnos y asesinarnos; tampoco tendrían el derecho a fumigar y de deforestar nuestras selvas vírgenes, que son el patrimonio de nuestras generaciones.
Los Estados Unidos son un país con vastísimos recursos y alta tecnología para impedir que entre la droga a su país. Ahora resulta que nosotros tenemos que cuidar que no les llegue la droga a los Estados Unidos.
Los norteamericanos son tan malos con América Latina, especialmente con Panamá, que no merecen ninguna clase de ayuda.
Los urgentes esfuerzos que hacen, especialmente Norteamérica, para tratar de controlar el flagelo de la droga que tanto daño le hace a la juventud norteamericana y a la juventud del mundo. El daño físico y mental que causa la droga no tiene precio. La auto destrucción de sus juventudes, les están causando un daño irreparable. Dentro de pocos años, será un país destruido.
El europeo invasor sometió al indio a trabajos inhumanos y aún en pleno siglo veinte, los terratenientes continúan martirizando al indio como bestias de carga.
La naturaleza es sabia, la coca es un estímulo y mitiga en gran forma el sufrimiento que padecen nuestros indígenas. El indio, a pesar de ser ignorante, mastica unas pocas hojas de coca, lo necesario para mitigar su gran sufrimiento y no más. Todo lo contrario pasa con el hombre blanco. Se harta de cocaína hasta quedar hecho un guiñapo y muere en la forma más dolorosa.
Se sabe que el ejército norteamericano es un gran consumidor de droga, tanto, que si no se endrogan no van a la guerra, y que los capos, los que controlan este criminal negocio están en la cúpula del poder político y económico de los Estados Unidos.
Si así van las cosas ¿cómo vamos a prohibirles a los aborígenes de Bolivia, Perú, Colombia, etc., que no produzcan coca, si esta planta ya existía antes que el hombre primitivo? Entonces, bien podríamos exigirles a los países que producen vino que no siembren uvas; de las uvas se saca el vino y el vino es una droga que ha matado millones de personas y ha desgraciado millones de hogares. La diferencia está en que los que siembran uvas son potencias poderosas y los que siembran coca son indígenas paupérrimos.
Me anima escribir este artículo como una posible solución. Los Estados Unidos no tendrían pretexto de invadirnos y asesinarnos; tampoco tendrían el derecho a fumigar y de deforestar nuestras selvas vírgenes, que son el patrimonio de nuestras generaciones.
Los Estados Unidos son un país con vastísimos recursos y alta tecnología para impedir que entre la droga a su país. Ahora resulta que nosotros tenemos que cuidar que no les llegue la droga a los Estados Unidos.
Los norteamericanos son tan malos con América Latina, especialmente con Panamá, que no merecen ninguna clase de ayuda.