Están acabando con el Estado
Cuando ocurrió la demolición del muro de Berlín y el colapso del imperio soviético fueron muchos los que creyeron que se habían acabado las ideologías, así nos lo hizo notar un conspicuo demócrata cristiano del patio, pero no se percataron que los logros de la humanidad, obtenidos en el pasado, iban a ser arrebatados por un capitalismo irracional y engreído que se siente omnipotente por su hegemónico poderío militar. Entonces hoy más que nunca existe la lucha social entre las mayorías desposeídas y las minorías que cada vez acrecientan sus tesoros a costa de las mayorías.
Hemos visto cómo esta nueva actitud del capitalismo ha hecho de la globalización y las privatizaciones herramientas en desmedro de los intereses de los Estados, pero la miopía, o quien sabe qué intereses, hace que los políticos no perciban que ello va contra ellos mismos. Parece que no se han percato que se están convirtiendo en sus propios sepultureros. Estas políticas o tendencias lo que tratan es de disminuir el tamaño del Estado, las tareas estatales, reducir el tradicional poder que siempre han mantenido los Estados y hacerlo dependiente de las fuerzas económicas que cada día acrecientan más su poder. Desean que el Estado se dedique sólo a defender la paz interior y las fronteras o sea minimizarlo.
Muchos son los que no han percibido que estamos frente a una lucha por el poder: el capital desea entronizarse como el regente de todas las relaciones y de allí que pretende eliminar el Estado nacional, que resulta un total obstáculo a sus pretensiones. Desean acabar con el Estado nacional para darle cabida al Estado capital que no habrá forma de controlar ni regular y sino veamos no más lo que acontece con las dos grandes empresas de servicios nacionales que han sido privatizadas y no hay forma de meterlas en horma. Y qué decir de la Texaco que además comete la insolencia, no obstante las pingues ganancias que por años han obtenido en Panamá, gracias a la fortaleza que le da el monopolio que mantienen en la producción e importación de combustible, de amenazar con demandar al Estado si éste no se somete totalmente a sus intereses.
En reciente encuesta dada a conocer por el diario La Prensa se indica que el 69.4% de los encuestados están en desacuerdo con la privatización o venta de las acciones restantes de Cable & Wireless y es que, además del desmantelamiento del Estado que ello significa, las experiencias que los panameños tenemos de las privatizaciones son decepcionantes y más que inducirnos a adicionales privatizaciones para el logro de capital, debe llevarnos a otras opciones consensuadas con los intereses reales de la ciudadanía, como lo son el costo de servicio y su eficiencia, sólo así obtendría solidez la decisión que se adopte. El problema creo que está en establecer las reglamentaciones precisas para garantizar el funcionamiento correcto y la defensa de los derechos de los usuarios.
Resultan curiosos los argumentos esgrimidos por este gobierno y sus dos antecesores, puesto que básicamente se basan en la incompetencia de su propia gestión. Si aplicamos esta mismo escala, a todos los servicios que presta el gobierno llegaríamos, probablemente, a la conclusión de que debemos privatizar todas las funciones públicas, porque si a eficiencia nos vamos a remitir hay carestía en todo el gobierno, pero la empresa privada tampoco escapa a ello.
En el debate sobre la privatización de las empresas públicas se mezclan continuamente dos tipos de discusión. El primer tipo es sobre la eficacia de la empresa: ¿es o no rentable?, ¿es únicamente "paraíso de los trabajadores"?, o ¿puede, una empresa pública, ser un modelo de gestión para beneficio público y de los que trabajan en ella? En la práctica tenemos ejemplos de empresas públicas que pueden funcionar bien, no sólo para beneficio de los que en ella trabajan sino también "pro mundi beneficio" y como ejemplo tenemos no más el caso del Canal de Panamá, que por casi un siglo fue administrado por los EE.UU. El debate, entonces, debería ser ¿cómo conseguir que todas lo hagan y no si se han de privatizar o no.
El segundo tipo de discusión es puramente político. ¿Han de existir empresas públicas o no? Aquí cada uno responderá según su propia ideología. En lo personal opinamos que algunas empresas han de ser públicas, sobre todo las que afectan a servicios generales, para asegurar que todo ciudadano tenga igual oportunidad de acceso a dichos servicios fundamentales. Otro tema importante que hay que dilucidar y es el de si se han de privatizar las empresas estatales que son rentables. La lógica indica todo lo contrario, mas sin embargo, en nuestro país ha ocurrido lo contrapuesto, se han privatizado las empresas más rentables y se han dejado en manos del Estado las que no arrojan utilidad. Esas no les interesa a la empresa privada. Entonces, pareciera que todo más que eficiencia se reduce a un asunto de billetes y punto.
Hemos visto cómo esta nueva actitud del capitalismo ha hecho de la globalización y las privatizaciones herramientas en desmedro de los intereses de los Estados, pero la miopía, o quien sabe qué intereses, hace que los políticos no perciban que ello va contra ellos mismos. Parece que no se han percato que se están convirtiendo en sus propios sepultureros. Estas políticas o tendencias lo que tratan es de disminuir el tamaño del Estado, las tareas estatales, reducir el tradicional poder que siempre han mantenido los Estados y hacerlo dependiente de las fuerzas económicas que cada día acrecientan más su poder. Desean que el Estado se dedique sólo a defender la paz interior y las fronteras o sea minimizarlo.
Muchos son los que no han percibido que estamos frente a una lucha por el poder: el capital desea entronizarse como el regente de todas las relaciones y de allí que pretende eliminar el Estado nacional, que resulta un total obstáculo a sus pretensiones. Desean acabar con el Estado nacional para darle cabida al Estado capital que no habrá forma de controlar ni regular y sino veamos no más lo que acontece con las dos grandes empresas de servicios nacionales que han sido privatizadas y no hay forma de meterlas en horma. Y qué decir de la Texaco que además comete la insolencia, no obstante las pingues ganancias que por años han obtenido en Panamá, gracias a la fortaleza que le da el monopolio que mantienen en la producción e importación de combustible, de amenazar con demandar al Estado si éste no se somete totalmente a sus intereses.
En reciente encuesta dada a conocer por el diario La Prensa se indica que el 69.4% de los encuestados están en desacuerdo con la privatización o venta de las acciones restantes de Cable & Wireless y es que, además del desmantelamiento del Estado que ello significa, las experiencias que los panameños tenemos de las privatizaciones son decepcionantes y más que inducirnos a adicionales privatizaciones para el logro de capital, debe llevarnos a otras opciones consensuadas con los intereses reales de la ciudadanía, como lo son el costo de servicio y su eficiencia, sólo así obtendría solidez la decisión que se adopte. El problema creo que está en establecer las reglamentaciones precisas para garantizar el funcionamiento correcto y la defensa de los derechos de los usuarios.
Resultan curiosos los argumentos esgrimidos por este gobierno y sus dos antecesores, puesto que básicamente se basan en la incompetencia de su propia gestión. Si aplicamos esta mismo escala, a todos los servicios que presta el gobierno llegaríamos, probablemente, a la conclusión de que debemos privatizar todas las funciones públicas, porque si a eficiencia nos vamos a remitir hay carestía en todo el gobierno, pero la empresa privada tampoco escapa a ello.
En el debate sobre la privatización de las empresas públicas se mezclan continuamente dos tipos de discusión. El primer tipo es sobre la eficacia de la empresa: ¿es o no rentable?, ¿es únicamente "paraíso de los trabajadores"?, o ¿puede, una empresa pública, ser un modelo de gestión para beneficio público y de los que trabajan en ella? En la práctica tenemos ejemplos de empresas públicas que pueden funcionar bien, no sólo para beneficio de los que en ella trabajan sino también "pro mundi beneficio" y como ejemplo tenemos no más el caso del Canal de Panamá, que por casi un siglo fue administrado por los EE.UU. El debate, entonces, debería ser ¿cómo conseguir que todas lo hagan y no si se han de privatizar o no.
El segundo tipo de discusión es puramente político. ¿Han de existir empresas públicas o no? Aquí cada uno responderá según su propia ideología. En lo personal opinamos que algunas empresas han de ser públicas, sobre todo las que afectan a servicios generales, para asegurar que todo ciudadano tenga igual oportunidad de acceso a dichos servicios fundamentales. Otro tema importante que hay que dilucidar y es el de si se han de privatizar las empresas estatales que son rentables. La lógica indica todo lo contrario, mas sin embargo, en nuestro país ha ocurrido lo contrapuesto, se han privatizado las empresas más rentables y se han dejado en manos del Estado las que no arrojan utilidad. Esas no les interesa a la empresa privada. Entonces, pareciera que todo más que eficiencia se reduce a un asunto de billetes y punto.