Estar en soledad
Con las circunstancias aisladas, se manifiestan tres posibilidades:
Estar en soledad: Con esta denominación, nos referimos a la facultad de convivir en sociedad; sin embargo la persona se considera a sí misma como extraña, como advenediza, extravagante o como un extraterrestre. De esta manera, se ubica personalmente, que "está demás", se representa como "él y los otros", a diferencia de los que considera "hermanos por afinidad" (ellos conmigo), que es equivalente al "nosotros". Estar en soledad, implica el interrogante, ¿qué hago yo aquí? El estar en soledad va a incluir en su ámbito individual, elementos vitales tales como: la idiosincrasia, personalidad, ideales políticos o religiosos, la cultura, raza, sexo, nacionalidad, intereses y edad.
Estar solo: Se refiere existencialmente a estar sin nadie, sin el apoyo de ninguno; ya sea por razones civiles, de domicilio, de enfermedad, por asuntos legales o por reclusión aislada. La supuesta pregunta de una individualidad, en tal perspectiva sería: ¿Hasta cuándo estaré en estas condiciones?.
Estar sólito: Es atribución de carácter complejo o abstracto, que incluye lo vitalicio o primordialmente existencialista del individuo. Constituye el aislamiento y/o abandono radical, si se observa estrictamente, desde un punto de vista netamente subjetivo. Pueden darse casos exclusivos, tales como:
El aislamiento de todo, de todos y de sí mismo.
La estadía ignota, incierta y misteriosa de la criatura en el vientre materno (ontogenia).
El momento de la muerte (con funerales o sin ellos), en pocas palabras, esto equivale a proclamar "cada muerto está solito", con su auténtica madrastra: la muerte.
Estar solito con su destino definitivo (la muerte), puede ser debatido, tanto desde la alternativa materialista, o desde una perspectiva espiritual.