Estatuas
En el ultimo tramo de este mes de setiembre, varios acontecimientos han sido el centro de la noticia ciudadana. La rebeldía de los estudiantes y el reto que lanzaron junto con las bancas y otros enseres del colegio. Las elecciones primarias del partido mayoritario político como un anticipo de lo que va a suceder en mayo del próximo año; la caída del precio del petróleo en Estados Unidos y la subida del mismo precio entre nosotros, junto a la congelación del precio del mismo localmente con toda su séquela. Y ahora las famosas estatuas de bronce desaparecidas.
Como afirma la Sra. Procuradora en su afán investigativo, que hay muchas carencias de información necesaria para hacerse una idea por dónde comenzar a investigar. ¿A quién le competía el cuidado de esas costosas estatuas? Aparentemente a nadie .
Sin embargo, se habla de que alguien las removió del lugar en donde estaban. ¿A quien pertenecían? ¿Quién lo autorizó? Uno asume que el que ejecutó fue algún funcionario de estamentos inferiores, por orden ¿de quién? De estamento superior. Se informa que era un material metálico pesado, por tanto, han debido participar varias personas. Se trasladaron a otro sitio; eso necesitó transporte apropiado y proporcional al tamaño y peso de la carga. Se llevó a otro lugar público, según dicen, y fue depositado en un lugar seguro y vigilado por personas especializadas en custodiar, quienes no sólo exigen identificación del ciudadano que se mueve por esos lugares, sino que son símbolo de la Fuerza Pública y de la seguridad. Y ahora, la alharaca de que desaparecieron y nadie fue.
Decía Rufino Cuervo u otro literato colombiano del siglo pasado, "El que quiera conocer Panamá que corra porque se acaba". Y Panamá no se acabó y más bien creció en muchos aspectos de los que nos sentimos, sino gozosos, al menos, agradecidos a Dios. Pero ocurren las cosas como las estatuas y su desaparición y se oyen lamentaciones sobre el hecho que nos ocupa, y se preguntan algunos: Si se están debatiendo leyes a favor de la seguridad contra la violencia, ¿cómo es que encargados de la seguridad no tengan una respuesta palmaria sobre este suceso. ¿Avanzamos o retrocedemos? O ni siquiera hemos comenzado.
En sí, las estatuas perdidas no tienen la relevancia que se les está dando, pero sirve el suceso para debilitar la confiabilidad ya deteriorada que se necesita para seguir creciendo como sociedad en vías de progreso integral.
Hace tiempo que dejamos de creer, que en Panamá lo único que se toma en serio son los carnavales.