Esto no lo quiere Dios (II)
Duele tanta violencia. ¿Qué podemos hacer? Analizar las cosas, aceptar las que no se pueden cambiar y ayudar a solucionar las que sí y aprender a convivir en un mundo que no está “hecho a su medida ni gustos”. Mientras más fríamente vea los problemas, más consciente sea de que hay que enfrentarse a todo con inteligencia y armonía interior.
Ir promoviendo una cultura de paz, empezando por la familia y siguiendo por nuestras comunidades y llevando un mensaje de reconciliación a los diferentes estamentos de la sociedad donde nos movemos. Si cultivamos un lenguaje de paz y tratamos de llevar la reconciliación a otros y nos convertimos en puentes de comunicación entre personas que están en conflicto y mantenemos nuestra armonía interior, iremos logrando pacificar nuestros ambientes. Tenemos que ser firmes, ayudando a resolver conflictos y no a crearlos y aumentarlos. “Bienaventurados los pacíficos -dice el Señor-, porque serán hijos de Dios”.
Hagamos mucha oración por las zonas que están en conflicto y por nuestra realidad violenta, sumándonos a grupos que promuevan la paz en nuestro país. En ese orden de cosas rechazar la violencia de cualquier clase y luchar para que desaparezca. En el caso concreto del maltrato de la mujer, de los niños, los abusos de un sistema económico que sin controles abusa de los más pobres (y esto es violencia), de un ambiente cada vez más agresivo, donde los conflictos no se solucionan con diálogo sino con violencia, debemos estar haciendo campañas continuas en diferentes niveles, para bajar tanta pugna inhumana. Promover el respeto a la vida.
Con Dios venceremos la violencia interior que tenemos, porque con El somos invencibles.