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Estrechez fiscal y rebaja de Impuestos


Si las finanzas públicas padecen de la aguda estrechez que se comenta y si las válvulas para obtener préstamos frescos están bloqueadas por excesivos condicionamientos, llegó el momento de echar mano a otras opciones que haga posible cumplir el ambicioso plan social del actual gobierno.
Para empezar, hay que ajustar el cinturón de los gastos, cortando todo cuanto no sea estrictamente necesario, aunque conservando y ampliando lo relativo a educación, salud, seguridad y vivienda, ente otros, sin sacrificar la terminación de algunas obras dejadas inconclusas por la administración precedente, como es el caso de los breves tramos que restan del ensanche de la Interamericana.
Paralelamente, hay que desarrollar un plan estratégico inmediato que brinde a la iniciativa privada, el incentivo necesario para desarrollarse a toda máquina, de modo que genere riqueza y empleos a corto plazo. En este sentido se mueve la atinada decisión de reimplantar el régimen de intereses preferenciales para la vivienda, restringido sustancialmente por el gobierno anterior. Hemos sugerido incluso elevar el marco de la cobertura a viviendas de B/. 100 mil, para lograr mayor impacto.
Entendemos asimismo, que los encargados de implementar el programa de desarrollo social de la Presidenta Moscoso se encuentran estableciendo contactos en Europa, para atraer mayor asistencia a los más pobres, complementando de ese modo los esfuerzos de un gobierno con muy limitados recursos. Iniciativas de este tipo han tenido muy buen resultado en Costa Rica.
Otra idea que hemos sugerido para dar un revolucionario impulso a la iniciativa privada es la de decretar una sustancial reducción de todos los gravámenes, principalmente del Impuesto Sobre la Renta cuya cuantía se eleva hasta el 30%, en un enrevesado esquema que comprende más de una docena de categorías distintas, entre contribuyentes corporativos y personas naturales.
La intención tras la rebaja no es privar al gobierno de sus ingresos, sino incrementarlos por dos vías: una, propiciando una mejor recaudación de impuestos de cuantía razonables, que desaliente la utilización de resquicios para obviar tributos abusivos; y la otra, aumentando los ingresos por efecto directo del crecimiento de la economía.
Si ello se hace, ocurrirá lo de los aranceles, cuyo ingreso total aumentó, pese a la disminución del impuesto, por razón del mayor número de importaciones. Al final se impondría una especie de pacto social no escrito, en el que el gobierno se compromete a eliminar los impuestos excesivos y los contribuyentes a sujetarse a las nuevas tarifas reducidas, sin emplear resquicios legales.
Por último, la reducción tendría un efecto estimulante en la inversión privada, mejorando su competitividad, al apuntar a uno de los rubros más sensitivos de sus costos, además del energético. Seguramente un sistema razonable y sencillo de tributación dinamizará la economía, propiciará su crecimiento y hará posible la generación de más y mejores empleos. Y a final de cuentas, el Seguro Social y el Fisco Nacional se verán también beneficiados con mayores ingresos.


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