Estrictas cualidades del genio
Me es materialmente posible realizar un compendio del encumbrado genio de las letras que cuando parpadeaba con frecuencia y completa insatisfacción, era presa de la incomodidad, como efecto del fruto obtenido en el trabajo individual que no cumplía con las cualidades requeridas para hacerlo en el instante feliz.
El fundamento del interesado pensador estaba fijado por el deseo de saber la universalidad objetiva, motivada con claridad por el interés intelectual, actitud despertada en el pensamiento puro, sosteniendo la esencia del espíritu investigador, esa fue la integridad que adornó al hombre de letras Indalecio Rodríguez Sánchez (q.e.p.d), promocionando el camino expedito por recorrer que indujo el prominente hombre sapiente a elevar el tono de sus consejos apropiados de naturaleza incesantes. Sus atractivas clases las interrelacionaba con la filosofía en exposición clara, incentivando la conciencia cognoscitiva que interviene en las diversas operaciones de la intelectualidad humana.
Comprendía con diafanidad que en la vida se convive con la eterna inquietud que valora el amor al saber, extendiendo en este orden el análisis de todo aquello que es motivo de preocupación del hombre interesado e inteligente. La búsqueda de lo desconocido que radica en el fondo del conocimiento es lo que aspiramos descubrir. Siempre procuramos fortalecer la emoción positiva unida a la sabiduría que, como rico nutriente, induce el joven hacia la familiaridad de la famosa impresión, alabando la esencia del espíritu investigativo con caracteres excelentes, orientados hacia la indagación propia, intrínseca y extrínseca de lo que se busca entender.
He aquí el difícil camino que nos entrega la muestra significativa del selecto despuntar luciente de la inteligencia vigorosa. Guiados por esta proyección hidalga, lanzamos la mirada hacia lo infinito, con la curiosidad puesta en el pensar de confiscar la tenencia virtual de la persona que hizo fuerte en nuestras conciencias el fin último que alienta el delicado destino memorable.
Rememoro el sutil timbre de pureza refinada, su voz, como si hubiese bajado de las ventiscas del cielo. Nació con el periodismo impreso en el cerebro y ese fue el tesoro que con insistencia patrocinó ofrendando las constantes fuentes de luz, tendiente a generar la divina personalidad en sus alumnos predilectos. Me decía 'sígueme los pasos, 'fratello', y glorificarás tus apetitos mentales que, cumplidos, engrandecerán tu destino'. La relación alumno maestro era realmente enriquecedora.
La universidad de Bogotá se vanaglorió de tener en sus aulas al hombre de novedoso linaje intelectual que de allí egresó a diseminar la semilla de indiscutibles valores de auges sin fronteras.
Escritor