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Etanislao Orobio y mis recuerdos del 9 de enero


Con la suficiente perspectiva histórica, transcurridos 36 años luego de los dramáticos sucesos del 9 de enero de 1964, me he motivado a compartir con los amables lectores estos breves, pero sentidos recuerdos.
Eran aproximadamente las 5:30 de la tarde; me acercaba a impartir clases al Instituto Nicolás Victoria Jaén, en el barrio de Bella Vista. Se trataba más bien de hacer acto de presencia, ya que era previsible que ese día no sería una jornada regular.
Radio Tribuna y alguna que otra emisora ofrecían informaciones no del todo claras de lo que había sucedido en Balboa y luego en la 4 de julio. Era ante todo mi interés no dejarlos ir solos, porque conociendo la impulsividad del estudiante, cualquier cosa podría pasar. Salí en mi automóvil, con algunos de ellos, hasta la cercanía de la Plaza 5 de Mayo. Allí esperamos a los demás; en total éramos unos diez. Ya se escuchaban disparos de armas cortas, de civiles y policías zoneitas recalcitrantes. Traté de disuadir a los muchachos de continuar avanzando; al no conseguirlo, decidí acompañarlos. Entramos por la Avenida Central, atravesamos hacia las proximidades del Instituto Nacional y dimos la vuelta por la parte posterior del plantel, heroicamente involucrado, como otras veces, en una crucial fase de la historia patria. Allí pudimos darnos cuenta cabal de la gravedad de la situación. Las balas venían del otro lado de la 4 de Julio, mientras algunos - no recuerdo si todos eran estudiantes - tiraban piedras y algunas que otras botellas con gasolina, contra las casas de madera, residencias que eran entonces, de los jueces de los tribunales zoneítas, de tan ingrata recordación para tantos panameños.
Ocasionalmente pasaba rauda una "chota", o transporte de la Guardia Nacional, recogiendo a los heridos panameños. "Cuidado muchachos; regresemos a Calidonia. Esto no es relajo; ésto es una agresión armada", advertíamos preocupados.
El grupo se dispersó en medio de la confusión; unos se fueron de zaguán en zaguán por la acera de la 4 de julio, hasta doblar por un edificio de oficina de la esquina, que después sería saqueado e incendiado. Entre los que perdimos de vista estaba Etanislao Orobio. Después me enteré con gran dolor que este alumno del Victoria Jaén había sido alcanzado por las balas - de fusiles o metrallas - que caían hasta la intersección de la Plaza 5 de Mayo. Había ofrendado su vida junto a más de veinte panameños en aras de afirmar la soberanía patria, pisoteada con saña por el soldado extranjero.
De ahí nos replegamos a la 5 de Mayo, donde se había reunido una gran multitud indignada por lo cruento del ataque armado de los soldados armados. De ese recuerdo vivido, dejo este sentido testimonio para las presentes y futuras generaciones.
También recuerdo las reuniones en el Paraninfo Universitario, en las que se escogió el Comité Nacional Pro -Defensa de la Soberanía: dirigentes políticos, sindicales, estudiantiles; intelectuales, junto a autoridades universitarias, religiosas y pueblo en general, participaron en ése y otros foros, dentro y fuera del país: Jorge Illueca, Homero Velásquez, Thelma King, Alvaro Menéndez Franco, J.M. Vásquez, Ricardo Arias Calderón, Alberto Quiroz Guadia, Floyd Britton, Humberto Ricord, Ernesto Castillero Pimentel, Secundino Torres Gudiño, Miguel Moreno, y tantos otros cuyos nombres se me escapan. Por su lado, fue encomiable la actuación patriótica del gobierno presidido por Roberto Francisco Chiari, apoyado por el pueblo y asistido por sus ministros y colaboradores. La demanda de los Institutores y la ofrenda generosa de los Mártires de enero habían logrado la unidad nacional de todos los sectores.
La abrogación del Tratado Canalero y la búsqueda de nuevos convenios, fueron en adelante las nuevas metas nacionales a lograr. Lo que sellaron con sus vidas los mártires de enero en una fecha que marcaría uno de los hitos más importantes de la nacionalidad panameña, se constituyó en el fundamento de una nueva visión de la historia istmeña y del nuevo tipo de relaciones con los Estados Unidos, instauradas meses después, que llevaría mediante nuevas negociaciones, a la firma de los Tratados Torrijos-Carter de 1977 y a la total Reversión de la vía acuática y sus áreas circundantes, el 31 de diciembre de 1999. "Loor a los Mártires del 9 de enero de 1964 y a quienes continuaron su gesta reivindicadora".

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