Ética fuerte
Escribo estas líneas en Montevideo donde latinoamericanos y uruguayos venimos a un encuentro educativo que rinde homenaje a José Luis Rebellato; un filósofo y educador popular fallecido hace una década, con el cual alterné en múltiples jornadas, y que cobra hoy gran vigencia a través de su pensamiento, obra y compromiso social.
José Luis vivió intensamente su visión de una democracia radical, un desarrollo integral y una educación liberadora sostenida en muchos textos y prácticas fecundas. Uno de sus temas vitales fue la ética, pues afirmó “la necesidad de una ética fuerte (recurro a este término para oponerlo a la categoría de ética débil utilizada por varios pensadores posmodernos), es decir, una ética centrada en los valores de la dignidad, el respeto, la justicia, la vida; una ética impulsada por un proyecto de vida liberador y comprometido; una ética inspiradora de virtudes y de actitudes (coherencia, tolerancia, entrega), que forman parte del propio proyecto de vida. Ahora bien, una ética así, no es incompatible con la creatividad, sino que, por el contrario, requiere una búsqueda permanente, puesto que somos seres constitutivamente históricos y nuestra historia hoy nos desafía a construir los sueños con certezas e incertidumbres. Sólo puede realmente buscar quien es impulsado por certezas, convicciones y valores fuertes.
Son estos valores los que nos permiten emprender el camino de la búsqueda. El autoritario no busca, porque considera que su vida se mueve en la claridad y en las certezas absolutas; mientras que el escéptico tampoco busca, sino que se pierde en las incertidumbres, en medio de un mundo donde la exclusión nos golpea y desafía con fuerza”.
Para él, la ética se construye en una doble dinámica, por un lado el componente de utopía, en tanto horizonte no definido plenamente, que abre posibilidades inesperadas y que convoca nuestras potencialidades de participación, creación y solidaridad; y el componente de eficacia, que nos impulsa a buscar los medios necesarios para concretar las exigencias de la utopía. La eficacia sin la utopía se transforma en tecnocracia; la utopía sin eficacia se convierte en mero idealismo, afirma.
Buscando un buen ejemplo de reverso de esta concepción lo encontré en el contexto italiano, a través de una declaración de Claudio Lazzaro en El País que al referirse a Berlusconi lo designa como “empresarismo autoritario" porque “Berlusconi se comporta como un consejero delegado, y considera que la prensa y las televisiones son su órgano de información. En 15 años ha modificado el ADN de los italianos, ha sacado lo peor de nosotros y ya no nos reconocemos. Pero su técnica de marketing político es sencilla, estaba ya en Mi lucha, de Hitler: haz feliz al más ignorante, dirígete al más estúpido de la masa y así llegarás a los grandes números. Se trata de entenderlo, de darle un nombre y de combatirlo. Pero me temo que cuando lo hayamos entendido será demasiado tarde".
La verdad es que los autoritarismos acechan la construcción de las sociedades democráticas, pues sus pelajes pueden ser militares o civiles, de izquierdas o derechas, micros o macros, por lo que constituyen un peligroso virus altamente transmisible especialmente cuando su caldo de cultivo es el poder. Cultivar una ética fuerte, que abraza la utopía con la eficacia, fortalecer a una comunidad ciudadana organizada y consciente, abrir canales a la participación y a la plena vigencia de los derechos humanos, es el antídoto eficaz. (rauleisr@hotmail.com).