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EU debe jugar limpio en el TLC


En la novena ronda de negociaciones comerciales entre Panamá y Estados Unidos (EU) quedó demostrada, por un lado, la dinámica de Washington por cerrar acuerdos de libre comercio y, por el otro, el comportamiento transparente, serio y responsable del gobierno del presidente Martín Torrijos. Los negociadores panameños llegaron a Washington acompañados por cerca de un centenar de productores y empresarios, luego de un amplio proceso de consultas y de reuniones a lo largo del país. Se había trazado una estrategia de negociación que no sufrió variantes.
Sin duda que hay que respetar al gremio ganadero, porque es importantísimo para la economía nacional. Pero resultaron cuestionables las intenciones de politizar el tema sanitario. Los intentos de tratar de generar desconfianza en el equipo negociador panameño no tuvo resultados, puesto que las negociaciones comerciales van mucho más allá del sector ganadero. En Washington se impuso la prudencia y la sensatez de la mayoría de los sectores productivos que acompañaron la negociación, bajo el criterio de que una actitud responsable demandaba participar en las consultas a fin de influir en las decisiones del equipo negociador panameño.
Si bien el asunto de la sanidad animal y vegetal de los productos que EU busca comerciar con Panamá acaparó la ronda de negociaciones, no hay que dejar de lado los avances significativos en lo relacionado con el comercio al por menor donde se logró un acuerdo de cinco años de adecuación e inversiones mínimas de $3 millones por parte de EU. Ese resultado propiciará la generación de nuevos empleos y protegerá al pequeño y mediano comerciante panameño.
Otro logro que debe mencionarse es el relativo a compras gubernamentales, principalmente en la Autoridad del Canal de Panamá (ACP). En ese capítulo se garantizó transparencia y seguridad jurídica a las firmas estadounidenses y un mecanismo efectivo para la solución de controversias. En cuanto a los siete rubros agropecuarios sensibles y el adicional, el azúcar, la decisión fue negociarlos en bloque. La posición flexible de los negociadores estadounidenses permitió avanzar en cuanto a la administración de los contingentes, el acceso a los mercados, las tarifas arancelarias, la desgravación y los periodos de gracia. En el caso del azúcar, es posible que se obtenga un 20% adicional a la cuota anual de 30 mil toneladas.
Desde un inicio el equipo negociador de Torrijos garantizó a los productores que no aceptaría imposiciones y que buscarían un equilibrio para acomodar los intereses de Panamá y encontrar un punto medio con EU. Además, a lo largo de las sesiones se reiteró que mientras no se alcanzara un acuerdo en la mesa de negociaciones nada de lo presentado debería considerarse como acordado. Los términos de la propuesta sanitaria resultaron inaceptables para los negociadores panameños y, por tanto, al no lograr que EU la retirara, la rechazaron.
El equipo panameño planteó con firmeza que el país no va a renunciar a sus derechos, ni a rebajar las normas en detrimento del patrimonio animal y vegetal, ni poner en peligro la salud de la población. En el intermedio, una comisión integrada por expertos del gobierno y del sector privado realizará un análisis científico de los estándares panameños en la materia, lo mismo que los existentes en EU y otros países con los cuales Panamá tiene relaciones comerciales. Con esa documentación en la mano, los negociadores panameños se reunirán nuevamente con su contraparte estadounidense. Si en ese momento, los negociadores estadounidenses mantuvieran su posición inflexible de regirse sólo por los procedimientos sanitarios que provengan de sus agencias federales, tal postura sería inaceptable. Primero, porque no es recíproca y, luego, debido a que el sistema de control estadounidense ha demostrado que no es infalible. Eso quedó evidenciado en el 2003 con el surgimiento de la enfermedad de las vacas locas.
El acuerdo comercial sigue siendo una prioridad tanto para Washington como para Panamá. Pero la prisa no es lo que va definir el cierre del TLC con EU, sino alcanzar el mejor acuerdo posible para los sectores productivos del país y lograr que se convierta en una herramienta para el desarrollo económico y social de todos los panameños. EU debe dar evidencias en la mesa de negociaciones de que posee sensibilidad ética y mostrar la flexibilidad necesaria que borre la impresión de que se aferra a la hegemonía de los poderosos y a un régimen de privilegios en detrimento del libre comercio bilateral, regional y mundial.

101 años de Panamá América

 
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