EU, un poder fuera de control
Poco a poco han ido descorriéndose algunos velos que ocultan parte de las acciones de Estados Unidos (EU) en su guerra anterrorista y la invasión a Irak. Documentos de los servicios de espionaje estadounidenses advirtieron al presidente George Bush hijo sobre la posibilidad de ataques aéreos por la red terrorista Al Qaeda un mes antes de los atentados en Nueva York y Washington. Esa información ha sido bloqueada por la Casa Blanca, según el semanario Newsweek, junto con la publicación de una investigación encargada por el Congreso sobre las fallas, circunstanciales o inducidas, por parte del espionaje estadounidense. El Congreso exigió a la CIA presentar un informe sobre los atentados del 11 de septiembre del 2001 el cual, después de meses de trabajo, está contenido en un voluminoso documento de 800 páginas. Pero la investigación, por instrucciones de la Casa Blanca, fue bloqueado por la CIA, la que prohibió a las comisiones especializadas de la Cámara de Representantes y del Senado desclasificar su contenido.
La misma CIA está siendo cuestionada por el Congreso, acusándola de manipular la información sobre Irak con supuestos fines políticos. Se sospecha que los datos suministrados a la Casa Blanca y al Pentágono no fueron ni exactos, ni imparciales, ni factuales. No puede culparse a los servicios de espionaje estadounidenses de novatos, pero sí de una intensión premeditada de inducir las conclusiones de quienes debían tomar las decisiones respecto a la ocupación de Irak. Los servicios espionaje estadounidenses están revaluando si se equivocaron en torno a la amenaza iraquí sobre dos premisas de Bush: la existencia de un arsenal químico, biológico y radiactivo y los vínculos de Bagdad con Al Qaeda. La información fue manipulada con fines políticos, pese a que el entorno de Bush trató por todos los medios de vender la guerra contra Irak como una causa liberadora y no una batalla con olor a petróleo y reelección. Algo que el elegido de EU en Irak, Ahmed Chabali, ha criticado, afirmando que en conversaciones con Washington se le aseguró que se trataría de una guerra de liberación y no una campaña de ocupación indefinida.
Medios de prensa europeos han revelado que en Irak, Wahington reprodujo la denominada Operación Caramelo que había puesto en práctica en Afganistán. Antes de lanzar la ofensiva antitalibán, agentes de la CIA entraron a Afganistán con unos $10 millones en efectivo para comprar a los llamados señores de la guerra y neutralizar cualquier posible involucramiento en el conflicto. El diario francés Journal du Dimanche informó, citando a un alto oficial del depuesto régimen iraquí, que la razón por la cual Bagdad cayó en manos de los invasores, sin presentar una feroz resistencia, se debió a que Washington sobornó al comandante de la temible Guardia Republicana. De acuerdo al periódico, el general Maher Sufian Al Takriti, primo de Sadam Hussein y quien lo seguía como a su sombra, fue sobornado con una suma multimillonaria meses antes de la invasión. Aseguró que cuando las tropas de EU cercaron Bagdad, Al Takriti ordenó a los 10,000 soldados bajo su mando no ofrecer resistencia. Un día antes de la toma de la capital iraquí, el alto mando estadounidense informó que había matado a Al Takriti, cuando en realidad fue llevado junto con su familia al aeropuerto de Bagdad y sacado del país.
Más tarde la agencia francesa AFP, citando exfuncionarios iraquíes exiliados tras la ocupación de Bagdad, aseguró que Hussein fue traicionado por Al Takriti y otros oficiales de alto rango a quienes no costó mucho dinero sobornar. Reveló que el jefe militar y otros tres de sus parientes fueron sacados de Bagdad por aviones de EU hacia un país europeo, presumiblemente Inglaterra. Esos oficiales traidores fueron los que proporcionaron a Washington las frecuencias de los sistemas de comunicación de las defensas aéreas de Bagdad. Llegó el momento en que los estadounidenses entraron en las frecuencias y, hablando en árabe con acento libanés o egipcio, emprendieron una guerra sicológica que desmoralizó al mando iraquí encargado de defender la capital del país.
Después de la marcha triunfal de EU sobre Bagdad, se fueron la mayoría de las cadenas de televisión y los corresponsales de prensa, y poco es lo que se sabe del desarrollo de esa guerra cuyo epílogo está lejos de escribirse. La decisión de las autoridades de EU en Irak de disolver el ejército y formar una guardia nacional, ha atizado el germen de la resistencia militar. Oficiales y tropas han amenazado con una guerra de guerrillas si no se les pagan sus salarios y se le reconoce la jubilación, mientras otras fuerzas iraquíes han iniciado ya una resistencia de hecho que está cobrando vidas entre soldados estadounidenses.
Bush está mordiendo más de lo que puede masticar. Cuando aún no se han controlado los fuegos en Irak, ha emprendido su campaña desestabilizadora contra Irán. En el pasado, Irán junto con Afganistán, fueron descritos por Zbigniew Brsezinski, exasesor de seguridad del presidente Jimmy Carter, como el arco de la crisis. Si Bush anticipa una automática reelección después de Irak, las cosas no están muy claras. No sólo enfrenta la guerra interna por la recuperación económica, que se convirtió en el talón de Aquiles de los sueños reeleccionarios del viejo Bush, también Teherán puede descarrilar las pretensiones del hijo de papá.
La credibilidad del mandatario estadounidense, está minada. No ha dado con Hussein, ni con las armas de destrucción masiva del depuesto régimen, ni con Osama bin Laden. Poner en la pantalla del radar a los líderes de Teherán no ayuda. Pese a que puede desplegar una fuerza sin precedentes en la frontera del otro miembro del eje del mal, los iraníes tienen más poder dentro de Irak del que Washington es capaz de calcular y es muy difícil contener la posibilidad de que se reproduzca, frente a sus narices, un fundamentalismo religioso a imagen y semejanza de Teherán. La caída del Sha y la asunción de los ayatolas se produjo en un abrir y cerrar de ojos. Sin embargo, Bush nutre su propio fundamentalismo ideológico. Su mesianismo y su infatuación, lo inhabilitan para escuchar voces que considera disonantes. Una de esas es la Paul Kennedy, historiador de la Universidad de Yale, quien ha dicho que la causa principal de la caída de los grandes imperios es el orgullo, la soberbia y el exceso de confianza. Un desmesurado triunfalismo no es recomendable. ¿Qué clase de mundo quieren construir los neoconservadores imperiales que rodean a Bush? El poder hegemónico global de EU, su acumulación de energías destructoras y su incapacidad de generar mecanismos de autocontrol, es lo que hace que este sea quizá, el periodo de mayor inseguridad en la historia de la humanidad.
La misma CIA está siendo cuestionada por el Congreso, acusándola de manipular la información sobre Irak con supuestos fines políticos. Se sospecha que los datos suministrados a la Casa Blanca y al Pentágono no fueron ni exactos, ni imparciales, ni factuales. No puede culparse a los servicios de espionaje estadounidenses de novatos, pero sí de una intensión premeditada de inducir las conclusiones de quienes debían tomar las decisiones respecto a la ocupación de Irak. Los servicios espionaje estadounidenses están revaluando si se equivocaron en torno a la amenaza iraquí sobre dos premisas de Bush: la existencia de un arsenal químico, biológico y radiactivo y los vínculos de Bagdad con Al Qaeda. La información fue manipulada con fines políticos, pese a que el entorno de Bush trató por todos los medios de vender la guerra contra Irak como una causa liberadora y no una batalla con olor a petróleo y reelección. Algo que el elegido de EU en Irak, Ahmed Chabali, ha criticado, afirmando que en conversaciones con Washington se le aseguró que se trataría de una guerra de liberación y no una campaña de ocupación indefinida.
Medios de prensa europeos han revelado que en Irak, Wahington reprodujo la denominada Operación Caramelo que había puesto en práctica en Afganistán. Antes de lanzar la ofensiva antitalibán, agentes de la CIA entraron a Afganistán con unos $10 millones en efectivo para comprar a los llamados señores de la guerra y neutralizar cualquier posible involucramiento en el conflicto. El diario francés Journal du Dimanche informó, citando a un alto oficial del depuesto régimen iraquí, que la razón por la cual Bagdad cayó en manos de los invasores, sin presentar una feroz resistencia, se debió a que Washington sobornó al comandante de la temible Guardia Republicana. De acuerdo al periódico, el general Maher Sufian Al Takriti, primo de Sadam Hussein y quien lo seguía como a su sombra, fue sobornado con una suma multimillonaria meses antes de la invasión. Aseguró que cuando las tropas de EU cercaron Bagdad, Al Takriti ordenó a los 10,000 soldados bajo su mando no ofrecer resistencia. Un día antes de la toma de la capital iraquí, el alto mando estadounidense informó que había matado a Al Takriti, cuando en realidad fue llevado junto con su familia al aeropuerto de Bagdad y sacado del país.
Más tarde la agencia francesa AFP, citando exfuncionarios iraquíes exiliados tras la ocupación de Bagdad, aseguró que Hussein fue traicionado por Al Takriti y otros oficiales de alto rango a quienes no costó mucho dinero sobornar. Reveló que el jefe militar y otros tres de sus parientes fueron sacados de Bagdad por aviones de EU hacia un país europeo, presumiblemente Inglaterra. Esos oficiales traidores fueron los que proporcionaron a Washington las frecuencias de los sistemas de comunicación de las defensas aéreas de Bagdad. Llegó el momento en que los estadounidenses entraron en las frecuencias y, hablando en árabe con acento libanés o egipcio, emprendieron una guerra sicológica que desmoralizó al mando iraquí encargado de defender la capital del país.
Después de la marcha triunfal de EU sobre Bagdad, se fueron la mayoría de las cadenas de televisión y los corresponsales de prensa, y poco es lo que se sabe del desarrollo de esa guerra cuyo epílogo está lejos de escribirse. La decisión de las autoridades de EU en Irak de disolver el ejército y formar una guardia nacional, ha atizado el germen de la resistencia militar. Oficiales y tropas han amenazado con una guerra de guerrillas si no se les pagan sus salarios y se le reconoce la jubilación, mientras otras fuerzas iraquíes han iniciado ya una resistencia de hecho que está cobrando vidas entre soldados estadounidenses.
Bush está mordiendo más de lo que puede masticar. Cuando aún no se han controlado los fuegos en Irak, ha emprendido su campaña desestabilizadora contra Irán. En el pasado, Irán junto con Afganistán, fueron descritos por Zbigniew Brsezinski, exasesor de seguridad del presidente Jimmy Carter, como el arco de la crisis. Si Bush anticipa una automática reelección después de Irak, las cosas no están muy claras. No sólo enfrenta la guerra interna por la recuperación económica, que se convirtió en el talón de Aquiles de los sueños reeleccionarios del viejo Bush, también Teherán puede descarrilar las pretensiones del hijo de papá.
La credibilidad del mandatario estadounidense, está minada. No ha dado con Hussein, ni con las armas de destrucción masiva del depuesto régimen, ni con Osama bin Laden. Poner en la pantalla del radar a los líderes de Teherán no ayuda. Pese a que puede desplegar una fuerza sin precedentes en la frontera del otro miembro del eje del mal, los iraníes tienen más poder dentro de Irak del que Washington es capaz de calcular y es muy difícil contener la posibilidad de que se reproduzca, frente a sus narices, un fundamentalismo religioso a imagen y semejanza de Teherán. La caída del Sha y la asunción de los ayatolas se produjo en un abrir y cerrar de ojos. Sin embargo, Bush nutre su propio fundamentalismo ideológico. Su mesianismo y su infatuación, lo inhabilitan para escuchar voces que considera disonantes. Una de esas es la Paul Kennedy, historiador de la Universidad de Yale, quien ha dicho que la causa principal de la caída de los grandes imperios es el orgullo, la soberbia y el exceso de confianza. Un desmesurado triunfalismo no es recomendable. ¿Qué clase de mundo quieren construir los neoconservadores imperiales que rodean a Bush? El poder hegemónico global de EU, su acumulación de energías destructoras y su incapacidad de generar mecanismos de autocontrol, es lo que hace que este sea quizá, el periodo de mayor inseguridad en la historia de la humanidad.