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Eutanasia: metáforas, prejuicios y realidades


EL TÉRMINO eutanasia fue utilizado por primera vez por Sir Francis Bacon bajo el sentido figurado (metafórico) de muerte apacible. Con el correr del tiempo la metáfora ha cambiado de literatura. Algunos la definen, escuetamente, como la muerte provocada por un tercero a solicitud del moribundo. Con el cambio de costumbres el significado inicial de lograr una muerte sin sufrimiento ha sido culturalmente desvirtuado, por tal motivo, desde el punto de vista bioético, la palabra eutanasia debiera limitarse a la abolición del sufrimiento humano en respuesta compasiva al deseo del afectado de un padecimiento terminal e irreversible, aunque con ello se acorte la vida.
El proceso vital de cualquier ser viviente consiste en nacer, crecer, desarrollarse, reproducirse y morir. La muerte es pues el final de ese proceso. De todo el ciclo, morir es, junto a la reproducción, una de las etapas donde el ser humano tiene verdadera autonomía, es decir, puede escoger libremente.
¿Qué ha hecho entonces de la eutanasia humana un escándalo? El concepto que todo hombre posee una dignidad especial, distinta a la de los demás seres vivos. Mientras a un animal que sufre se le aplica el remedio ético de la eutanasia, al hombre se le niega tal posibilidad. Así lo manifestó un juez suizo a quien le fue negada su solicitud de recibir una inyección letal por padecer un doloroso cáncer incurable. "¿Por qué un perro puede obtener un beneficio que a mí se me niega?". Porque en Occidente vivimos en una sociedad dominada por los preceptos morales de la cultura judeocristiana.
La moral, es decir la costumbre de considerar algo como bueno o malo, depende de la época y de la sociedad y dentro de ella de los grupos sociales y sus creencias. La moral que se estudia en la disciplina de la ética fue, al comienzo, un tema filosófico laico, con el advenimiento del monoteísmo y hasta hace relativamente poco, predominó el criterio religioso. Laicos y religiosos comparten en general el concepto antes mencionado, que la condición humana es distinta del resto de los seres vivos y ambos también aceptan que tal distintivo radica en la dignidad del hombre. Difieren en el origen de esa dignidad. Mientras los judeocristianos afirman que tal condición proviene del origen sagrado de la vida, los laicos afirman que es un atributo de la capacidad específicamente humana de discernir racionalmente entre el bien y el mal. Para los creyentes la vida es sagrada. Para los no religiosos la vida es sólo una etapa del ciclo evolutivo.
El sujeto de la Medicina es el hombre y entre sus objetivos fundamentales se halla el hombre en relación consigo mismo, con la sociedad y con el medio ambiente (biosfera). Contrario a lo que se cree y enseña, el enemigo a combatir no es la muerte, ni nuestra misión es prolongar la vida a cualquier costo y por cualquier razón, sea ésta filosófica, religiosa, política o cultural. El enemigo es el sufrimiento humano. De lo que trata el problema de la eutanasia es el de evitar, disminuir o abolir este sufrimiento. Existen dos clases de sufrimiento: uno físico, como el dolor y otro moral o psicológico, como la deshonra o la pérdida progresiva del concepto de un Yo digno, cuya existencia ya no responde al individuo como ser humano integral sino como simple viviente despojado de su ser. Cualquier pérdida legítima de dignidad, no debida a coacciones o intereses extraños o enfermedades psiquiátricas que la perturben, hace posible que el ser sufriente tenga derecho al uso ético y legal de terminar con tal sufrimiento aunque para ello tenga que acortar la duración del ciclo vital. Vivir es mucho más que durar. Así como morir no significa dejar de existir. Nos sobreviven átomos, genes, hijos, ideas, recuerdos y obras.
La Ley 68, conocida en el ambiente médico como la Ley Teresita, es imprecisa, confusa e impráctica. El artículo 32 prohíbe la eutanasia sin haberla definido y en el 33, segundo párrafo, la admite. Así es que no sabemos cuál de sus metáforas prohíbe, aunque el desarrollo del articulado puede revelar indicios. Indicios poco precisos y muy cercanos a la industria de la demanda. Esta ley no ha sido consultada públicamente, ni por la ciudadanía que la padece ni por la mayoría de los médicos a quienes involucra y somete.
En un país como el nuestro, donde la filosofía republicana consagrada en la Constitución se basa en conceptos morales no religiosos, la eutanasia pasiva no debiera estar penalizada si ella cumple con todos los requisitos médico legales. El suicidio asistido cuando es solicitado legítimamente por el paciente en su Testamento de Última Voluntad o por su representante legal debe estar sujeto -como lo es el aborto terapéutico- a la decisión de un Comité de Bioética, de la familia y las autoridades competentes.
El anquilosado prejuicio religioso sobre el supuesto origen sagrado de la vida, ha impedido al hombre que ha vivido una vida digna, pueda terminarla de igual forma. La teología judeocristiana sacraliza la vida pero parece olvidar aquí al hombre en su momento más sublime. En un mundo donde la democracia se propaga con bombas y la mentira es un error de información de los servicios de inteligencia del Estado y que para derrocar a un tirano o a un puñado de fanáticos rabiosos se arrasan ciudades y se vulneran naciones, esta tiranía dogmática de doble moral religiosa, que santifica la guerra admitiendo la pérfida teoría del "daño colateral" y que tolera o justifica la pena de muerte o calla ante la tortura, es la que hace intolerable e indigna la vida humana. Aún en este mundo devaluado por el mercantilismo individualista hay cosas por perder más valiosas que la vida. Los mártires de la Iglesia y de la ciencia lo atestiguan.
Así como la guerra es demasiado importante para dejársela sólo a los militares y la administración del Estado a los políticos, las leyes y la ciencia no deben caer en mano de profanos ni de contubernios en cenáculos donde el poder se cuece a fuego lento.
Recientemente la embajada japonesa efectuó una donación de mobiliario para el Instituto Oncológico Nacional (ION), consistente en 24 camas eléctricas, 24 mesas para comer y 24 sillas de rueda.
Ya varios pacientes están haciendo uso de este equipo, gracias a las gestiones de la Fundación Pro Enfermos con Cáncer (Fundacáncer). La donación permite brindarle mayor comodidad y bienestar a los pacientes.

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