Evaluación del año escolar
EL AÑO escolar 2005, próximo a terminar, tendrá efectos muy negativos en el proceso enseñanza-aprendizaje, debido a las tantas interrupciones sufridas en la normal marcha que requiere el sistema educativo para cumplir a cabalidad con su tarea de dar al país una educación que sea una respuesta a los frecuentes cambios que se operan en la vida nacional. Entre estas interrupciones muy dañinas por cierto, señalamos la salida del ministro de Educación, el Prof. Juan Bosco Bernal, quien, en nuestra opinión, realizaba un trabajo eficiente y con visión de futuro para el aspecto educativo panameño; los frecuentes paros de estudiantes y profesores en reclamo de mejores condiciones materiales en colegios y escuelas para el desarrollo de las actividades, el nombramiento tardío de educadores, etc.
Tales situaciones han dado como resultado la repulsa de un estudiantado con impulsos, inquietudes, sueños, aspiraciones que hay que tratar de canalizar dentro de un ambiente de respeto, confianza y motivaciones; pero nunca con la represión, el castigo y con medidas que pudieran cortar el futuro de jóvenes que aspiran llegar a ser ciudadanos útiles y capaces de contribuir al progreso de Panamá.
El tema lo hemos traído a colación frente a los hechos ocurridos en las últimas semanas y en donde estudiantes del Artes y Oficios y del Instituto Nacional se vieron involucrados en actos de violencia y han sido expulsados y los colegios fueron cerrados temporalmente.
Nosotros hemos combatido, en todo momento, la violencia por sus efectos dañinos para la paz y la tranquilidad del país; sin embargo, consideramos que las medidas tomadas con los estudiantes artesanos e institutores, han sido extremas y jamás serán el remedio para evitar que esas protestas estudiantiles continúen por los tantos problemas que confronta la nación.
Los estudiantes protestarán mientras exista el hambre y la pobreza extrema a lo largo y a lo ancho de la República, por el alto costo de la vida, contra las ambiciones políticas y personales que están por encima de los intereses del país, contra la falta de una administración de justicia ejemplar y democrática, por la corrupción imperante, el crimen y la violencia que están socavando las bases de una república que tiene derecho a un mejor futuro.
Los estudiantes panameños han dado pruebas de verdadero patriotismo en distintas épocas de la vida de la Nación y no es justo que se le reprima con medidas que obstaculizan los estudios de jóvenes que necesitan más ayuda y orientación.
Estamos seguros de que si la escuela y la familia, entes importantes en la guía de las futuras generaciones, se identificaran más con el estudiantado en sus anhelos de ser mejores cada día, en la lucha por contribuir al progreso de la nación, en sus sueños de ser ciudadanos de gran valía al servicio de Panamá, lograríamos el fortalecimiento de los valores éticos y morales en la juventud; la seguridad de que la convivencia humana y no la violencia es necesaria para el desarrollo de la vida espiritual y material de una sociedad en crisis.
Cuando la familia panameña y la escuela sean verdaderos guías de los sueños, inquietudes y luchas de nuestros jóvenes estudiantes a través del diálogo, el respeto a la persona humana, la comprensión y el estímulo, no tendremos medidas de fuerza para acallar la voz de una juventud que anhela mejores días para todos.
Tales situaciones han dado como resultado la repulsa de un estudiantado con impulsos, inquietudes, sueños, aspiraciones que hay que tratar de canalizar dentro de un ambiente de respeto, confianza y motivaciones; pero nunca con la represión, el castigo y con medidas que pudieran cortar el futuro de jóvenes que aspiran llegar a ser ciudadanos útiles y capaces de contribuir al progreso de Panamá.
El tema lo hemos traído a colación frente a los hechos ocurridos en las últimas semanas y en donde estudiantes del Artes y Oficios y del Instituto Nacional se vieron involucrados en actos de violencia y han sido expulsados y los colegios fueron cerrados temporalmente.
Nosotros hemos combatido, en todo momento, la violencia por sus efectos dañinos para la paz y la tranquilidad del país; sin embargo, consideramos que las medidas tomadas con los estudiantes artesanos e institutores, han sido extremas y jamás serán el remedio para evitar que esas protestas estudiantiles continúen por los tantos problemas que confronta la nación.
Los estudiantes protestarán mientras exista el hambre y la pobreza extrema a lo largo y a lo ancho de la República, por el alto costo de la vida, contra las ambiciones políticas y personales que están por encima de los intereses del país, contra la falta de una administración de justicia ejemplar y democrática, por la corrupción imperante, el crimen y la violencia que están socavando las bases de una república que tiene derecho a un mejor futuro.
Los estudiantes panameños han dado pruebas de verdadero patriotismo en distintas épocas de la vida de la Nación y no es justo que se le reprima con medidas que obstaculizan los estudios de jóvenes que necesitan más ayuda y orientación.
Estamos seguros de que si la escuela y la familia, entes importantes en la guía de las futuras generaciones, se identificaran más con el estudiantado en sus anhelos de ser mejores cada día, en la lucha por contribuir al progreso de la nación, en sus sueños de ser ciudadanos de gran valía al servicio de Panamá, lograríamos el fortalecimiento de los valores éticos y morales en la juventud; la seguridad de que la convivencia humana y no la violencia es necesaria para el desarrollo de la vida espiritual y material de una sociedad en crisis.
Cuando la familia panameña y la escuela sean verdaderos guías de los sueños, inquietudes y luchas de nuestros jóvenes estudiantes a través del diálogo, el respeto a la persona humana, la comprensión y el estímulo, no tendremos medidas de fuerza para acallar la voz de una juventud que anhela mejores días para todos.