Evitemos a toda costa “el barrio de trifulca”
Aunque muy temprano, ya se dio inicio a la campaña para las elecciones de mayo del próximo año. A partir de estas fechas, se comenzarán a perfilar, por parte de las distintas facciones, las propuestas electorales, los posibles planes de gobierno y comenzarán en firme, por parte de los candidatos a la Presidencia de la República, las gestiones para acaparar la mayor cantidad de votos que se pueda.
Soy un convencido de que el pueblo panameño ha mejorado su grado de madurez política -gracias a los tiempos muy duros que le ha tocado vivir- y que, en vez de una absurda campaña de dimes y diretes con los consabidos apodos, insultos y actos degradantes hacia los candidatos y hacia quienes los representan, la nación panameña está muy interesada en ver y analizar los planes de gobierno y de trabajo de cada uno de los aspirantes.
Se sabe que por disciplina partidaria habrá muchos que votarán por su candidato, sin importarles qué plan de gobierno presente; habrá muchos que, todavía, votarán pasionalmente en contra de candidatos porque sí; sin embargo, existe una buena parte del electorado, sobre todo entre la juventud panameña, que está indecisa (alrededor de un 30 %) y que, definitivamente, será este sector el que marque la diferencia y establezca quién será el ganador de las elecciones venideras. Este sector, al igual que muchos otros, más que interesarle una campaña llena de diatribas, insultos y saltos a la prehistoria política panameña, está interesado en un mejor futuro; quiere ver planes de gobierno y de trabajo que sean coherentes con nuestra realidad y que lleven al país hacia el progreso, hacia una mejor calidad de vida, hacia una mejor calidad de educación, hacia una mayor y efectiva participación ciudadana en las decisiones gubernamentales.
Siempre exitirán aquellos que, con el vano intento de hacerse notar y salir electos en la contienda electoral, seguirán las líneas politiqueras de siempre, intentando insultar, avergonzar, lastimar y desprestigiar. De ésos ya se sabe que, dentro del nuevo concepto de mundo que nos toca vivir, no tienen cabida por su agotamiento y obsolescencia política. Son como los peces fuera del agua que, antes de morir -en este caso, políticamente- siempre dan sus últimos y asquerosos coletazos.
Aquí se hace un llamado a los medios de comunicación social, tanto hablados como escritos, para que colaboren hasta donde sea posible con el objeto de que si se dan estas actitudes y situaciones politiqueras, verdaderamente alienantes, bochornosas e irrespetuosas hacia la nación, las mismas no sean festinadas por ellos y que ayuden a centrar la campaña, en forma eficiente y efectiva, en lo que a Panamá realmente le interesa: los planes de gobierno y las posibilidades reales de que los mismos se lleven a cabo por parte de los candidatos presidenciales.
Ya ha llegado la hora de que a los aspirantes a la Presidencia, el pueblo panameño les exija respeto, coherencia en sus planteamientos y que, por su propio bien y de una vez por todas, abandonen la funesta práctica de alimentar con falsas esperanzas, las inquietudes del país.
Tenemos que ser realistas y comprender que en los esquemas mundiales que nos toca vivir, el bienestar y el futuro de Panamá están en juego. Al fin y al cabo, tenemos que ser coherentes con nuestra cambiante realidad, con nuestra idiosincrasia e intentar seleccionar la mejor propuesta de gobierno. Todo esto dentro de nuestras particulares circunstancias y el actual abanico de posibilidades.
A esto se suman las diversas formas de terror de Estado, desde el “gatillo alegre” policial, hasta la política de mano dura que predica “cero delincuencia”, pues sólo enfrenta las consecuencias y no las causas sociales producidas por el sistema.
Para terminar, diremos que la seguridad es un bien que debe buscar todo Estado y sistema de gobierno, sea éste neoliberal, populista o socialista. Sin seguridad el hombre se vuelve lobo del hombre. No se puede combatir la delincuencia si la policía es corrupta, si el Estado ampara a los banqueros mafiosos, a los grupos monopolistas estafadores que forman parte del crimen organizado.
Es necesario una política que reúna a juristas, miembros del Poder Judicial, fuerzas de seguridad e inteligencia y a políticos, especialmente, a los legisladores, para articular una estrategia contra todas las modalidades del crimen, no sólo la de los ladrones de gallinas o de “cuaras”, sino también a los políticos, policías, empresarios y banqueros corruptos.
(pastord@hotmail.com)
Soy un convencido de que el pueblo panameño ha mejorado su grado de madurez política -gracias a los tiempos muy duros que le ha tocado vivir- y que, en vez de una absurda campaña de dimes y diretes con los consabidos apodos, insultos y actos degradantes hacia los candidatos y hacia quienes los representan, la nación panameña está muy interesada en ver y analizar los planes de gobierno y de trabajo de cada uno de los aspirantes.
Se sabe que por disciplina partidaria habrá muchos que votarán por su candidato, sin importarles qué plan de gobierno presente; habrá muchos que, todavía, votarán pasionalmente en contra de candidatos porque sí; sin embargo, existe una buena parte del electorado, sobre todo entre la juventud panameña, que está indecisa (alrededor de un 30 %) y que, definitivamente, será este sector el que marque la diferencia y establezca quién será el ganador de las elecciones venideras. Este sector, al igual que muchos otros, más que interesarle una campaña llena de diatribas, insultos y saltos a la prehistoria política panameña, está interesado en un mejor futuro; quiere ver planes de gobierno y de trabajo que sean coherentes con nuestra realidad y que lleven al país hacia el progreso, hacia una mejor calidad de vida, hacia una mejor calidad de educación, hacia una mayor y efectiva participación ciudadana en las decisiones gubernamentales.
Siempre exitirán aquellos que, con el vano intento de hacerse notar y salir electos en la contienda electoral, seguirán las líneas politiqueras de siempre, intentando insultar, avergonzar, lastimar y desprestigiar. De ésos ya se sabe que, dentro del nuevo concepto de mundo que nos toca vivir, no tienen cabida por su agotamiento y obsolescencia política. Son como los peces fuera del agua que, antes de morir -en este caso, políticamente- siempre dan sus últimos y asquerosos coletazos.
Aquí se hace un llamado a los medios de comunicación social, tanto hablados como escritos, para que colaboren hasta donde sea posible con el objeto de que si se dan estas actitudes y situaciones politiqueras, verdaderamente alienantes, bochornosas e irrespetuosas hacia la nación, las mismas no sean festinadas por ellos y que ayuden a centrar la campaña, en forma eficiente y efectiva, en lo que a Panamá realmente le interesa: los planes de gobierno y las posibilidades reales de que los mismos se lleven a cabo por parte de los candidatos presidenciales.
Ya ha llegado la hora de que a los aspirantes a la Presidencia, el pueblo panameño les exija respeto, coherencia en sus planteamientos y que, por su propio bien y de una vez por todas, abandonen la funesta práctica de alimentar con falsas esperanzas, las inquietudes del país.
Tenemos que ser realistas y comprender que en los esquemas mundiales que nos toca vivir, el bienestar y el futuro de Panamá están en juego. Al fin y al cabo, tenemos que ser coherentes con nuestra cambiante realidad, con nuestra idiosincrasia e intentar seleccionar la mejor propuesta de gobierno. Todo esto dentro de nuestras particulares circunstancias y el actual abanico de posibilidades.
A esto se suman las diversas formas de terror de Estado, desde el “gatillo alegre” policial, hasta la política de mano dura que predica “cero delincuencia”, pues sólo enfrenta las consecuencias y no las causas sociales producidas por el sistema.
Para terminar, diremos que la seguridad es un bien que debe buscar todo Estado y sistema de gobierno, sea éste neoliberal, populista o socialista. Sin seguridad el hombre se vuelve lobo del hombre. No se puede combatir la delincuencia si la policía es corrupta, si el Estado ampara a los banqueros mafiosos, a los grupos monopolistas estafadores que forman parte del crimen organizado.
Es necesario una política que reúna a juristas, miembros del Poder Judicial, fuerzas de seguridad e inteligencia y a políticos, especialmente, a los legisladores, para articular una estrategia contra todas las modalidades del crimen, no sólo la de los ladrones de gallinas o de “cuaras”, sino también a los políticos, policías, empresarios y banqueros corruptos.
(pastord@hotmail.com)