Evo Morales: 10 nuevos maestros
Evo Morales acaba de reducir su salario presidencial en un 58%. De 4,360 dólares se lo bajó a menos de $1,900, mientras que el de los ministros pasó de $3,050 a $1,750. No cabe duda que, en lo inmediato, el primer presidente indígena de Bolivia levantará aplausos y simpatías. Pero esto es ¿populismo o demagogia? Es posible que la respuesta dependa de la orientación política de quien la responda; pero también en lo inmediato, además de cierta proyección moral, no es posible divisar la coherencia de la medida con una propuesta de política pública seria.
El flamante presidente había anunciado la medida el 6 de enero pasado en Francia, durante la gira internacional que emprendió después de ganar las elecciones. Dijo que con lo que se ahorraría nombraría a diez nuevos maestros.
Entre las consecuencias inmediatas que produce la medida, sin embargo, figura una reducción generalizada de salarios en el gobierno, ya que según la ley boliviana, nadie puede ganar más que el presidente.
Por ejemplo, ¿qué va a pasar con aquellos asesores que por su especialidad superaban los cuatro mil dólares mensuales? U otros que, interesados en ayudar a su país habían descartado ofertas en el extranjero. ¿Será equivocado pensar en una fuga de profesionales de ese país, en lo inmediato? Tal parece, en proyección que el modelo de Morales, en lugar de acabar con la pobreza, se propone repartirla entre todos. ¿Hasta dónde llegará ese afán?
Morales, sin duda, se propone predicar con el ejemplo, pero lo que parece asomarse en el horizonte no es tan benévolo como lo había predicado. Tratar de implementar una política social al margen de las reglas del sistema puede anunciar una revolución, pero también un desastre.
El flamante presidente había anunciado la medida el 6 de enero pasado en Francia, durante la gira internacional que emprendió después de ganar las elecciones. Dijo que con lo que se ahorraría nombraría a diez nuevos maestros.
Entre las consecuencias inmediatas que produce la medida, sin embargo, figura una reducción generalizada de salarios en el gobierno, ya que según la ley boliviana, nadie puede ganar más que el presidente.
Por ejemplo, ¿qué va a pasar con aquellos asesores que por su especialidad superaban los cuatro mil dólares mensuales? U otros que, interesados en ayudar a su país habían descartado ofertas en el extranjero. ¿Será equivocado pensar en una fuga de profesionales de ese país, en lo inmediato? Tal parece, en proyección que el modelo de Morales, en lugar de acabar con la pobreza, se propone repartirla entre todos. ¿Hasta dónde llegará ese afán?
Morales, sin duda, se propone predicar con el ejemplo, pero lo que parece asomarse en el horizonte no es tan benévolo como lo había predicado. Tratar de implementar una política social al margen de las reglas del sistema puede anunciar una revolución, pero también un desastre.