Ex miembros de bandas se pronuncian
En la congregación religiosa Tabernáculo de la Fe se encuentran varios jóvenes que formaron parte de las diferentes bandas que operan en la ciudad, quienes hablaron acerca de sus experiencias de formar parte de estas agrupaciones.
Jorge Valencia, residente en Curundú, tiene dos años de haber dejado la banda a laa que pertenecía. Dijo que no ha sido fácil, pues las tentaciones y el poco apoyo recibido del gobierno y de la empresa privada le han tentado a regresar, sin embargo, no lo ha hecho, según él, gracias a Dios.
Reveló que muchas veces obtenían las armas asaltando a los agentes de seguridad y en el mercado negro. Añadió que el dinero para comprarlas provenía de las ventas de drogas.
Cleveland Nicholas, de 27 años, narró que pertenecer a una banda es vivir en la zozobra, pues todos quieren acabar contigo, desde la policía hasta tus enemigos. Simplemente no se vive tranquilo.
Hablando con el tono típico de un muchacho de barrio, reconoció que ahora vive tranquilo y saluda a sus enemigos. "Nunca pensé que llegaría a la edad que tengo. Un día dije que si llegaba a 30 o 40 años era porque me habían dado condena de 20 años", expresó.
Agradeció al reverendo Manuel Ruíz y al alcalde del distrito capital, Juan Carlos Navarro, quien le consiguió una plaza en la Dirección de Aseo, donde hasta la fecha labora.
Roberto González señaló que pertenecer a una banda era vivir encerrado, sin poder salir, caminar mirando para todas partes y, si lo hacía, era en compañía de los miembros de la banda.
A pesar de no estar trabajando, está satisfecho de haber dado el salto al cristianismo y haber dejado el submundo de las bandas.
Instó a la empresa privada y al gobierno central que presten más atención a este problema y que crean en el cambio que muchos de ellos han tenido, pero que ante la falta de un ingreso fijo y justo, muchos optan por regresar a las bandas.
Jorge Valencia, residente en Curundú, tiene dos años de haber dejado la banda a laa que pertenecía. Dijo que no ha sido fácil, pues las tentaciones y el poco apoyo recibido del gobierno y de la empresa privada le han tentado a regresar, sin embargo, no lo ha hecho, según él, gracias a Dios.
Reveló que muchas veces obtenían las armas asaltando a los agentes de seguridad y en el mercado negro. Añadió que el dinero para comprarlas provenía de las ventas de drogas.
Cleveland Nicholas, de 27 años, narró que pertenecer a una banda es vivir en la zozobra, pues todos quieren acabar contigo, desde la policía hasta tus enemigos. Simplemente no se vive tranquilo.
Hablando con el tono típico de un muchacho de barrio, reconoció que ahora vive tranquilo y saluda a sus enemigos. "Nunca pensé que llegaría a la edad que tengo. Un día dije que si llegaba a 30 o 40 años era porque me habían dado condena de 20 años", expresó.
Agradeció al reverendo Manuel Ruíz y al alcalde del distrito capital, Juan Carlos Navarro, quien le consiguió una plaza en la Dirección de Aseo, donde hasta la fecha labora.
Roberto González señaló que pertenecer a una banda era vivir encerrado, sin poder salir, caminar mirando para todas partes y, si lo hacía, era en compañía de los miembros de la banda.
A pesar de no estar trabajando, está satisfecho de haber dado el salto al cristianismo y haber dejado el submundo de las bandas.
Instó a la empresa privada y al gobierno central que presten más atención a este problema y que crean en el cambio que muchos de ellos han tenido, pero que ante la falta de un ingreso fijo y justo, muchos optan por regresar a las bandas.