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Exequias


Hace un par de días los medios televisivos internacionales y nacionales se hicieron eco de los funerales del conocido exponente de la música juvenil Michael Jackson. Quienes lograron ver el espectáculo, me afirman que el mismo rito religioso se celebró con la seriedad y devoción de los familiares según la denominación religiosa a la que pertenecía el artista.

La coreografía y la posterior participación de otros artistas, y la cantidad de publico fue otra cosa y en el fondo un acto de solidaridad humana y profesional de los que ofrecieron sus talentos y cualidades musicales  para rendirle homenaje póstumo al llorado cantante. Toda muerte prematura, y más si se trata de algún personaje como el señor Jackson, nos involucra a pesar. Como todo ser viviente lamentamos su final y aunque no puedo sentirme como conocedor o fanático y apreciador de la música y el estilo del músico fallecido, considero oportuno difundir alguna reflexión hecha por un obispo español con motivo de un curso de confirmación dado a unos jóvenes que inevitablemente trajeron a colación consideraciones sobre el suceso.

No ceo que haga falta, dice, convencer a nadie del influjo que puedan tener las estrellas musicales en nuestro horizonte cultural, moral y espiritual, en el caso de los jóvenes.

El hecho de que un icono tan destacado de la música moderna, considerado el “rey del pop”, haya llevado un existencia tan contradictoria y concluya sus días de una manera tan dolorosa nos invita a pensar sobre la fragilidad de los valores de la cultura occidental. Compara, el opinante, el final del “rey del rock” con el “rey del pop”, ambos de una manera extraña. Y es de que el “rey del pop” había dicho que no quería terminar como el “rey del rock”. El hecho de que la cultura dominante esté marcada por el subjetivismo y el relativismo contribuye a que el gusto estético sea entendido como algo “arbitrario”, ya que “de gustibus et coloribus nil”, de los gustos y colores no hay nada escrito.

Muchos creen que sus gustos e inclinaciones musicales no tienen que ver con los valores de su vida, máxime cuando cuesta entender la letra de las canciones.

La vida y la muerte de Michael Jackson esconden la tragedia de una generación incapaz de alcanzar una libertad por la que suspira. Como se compagina el que un artista alcance el cenit de su carrera profesional, al mismo tiempo que crece su grado de desesperanza. Como es que la opinión pública dirija su admiración unos “reyes” que en el fondo no son, sino, “mendigos” de una felicidad, la cual son incapaces de alcanzar. Es algo que nos pone a revisar por un momento nuestros criterios modernizantes y a tratar de recuperar valores perdidos. Que descanse en paz y el Señor lo acoja en su seno.

101 años de Panamá América

 
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