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Expectativas y certezas


La esperanza de cualquier sociedad en el sistema que administra y dirige su vida colectiva son sus instituciones, en consecuencia fija su atención en todo aquello que pueda ayudar a fortalecerlas o por el contrario, a aquellas medidas que puedan afectarlas. En ese contexto se registran este mes las posibles ofertas que para Magistrados de la Corte Suprema de Justicia formule el Ejecutivo. Pero hay un componente más: las promesas de campaña que efectuara el actual Mandatario. Luego de los cien primeros días de gobierno, pocos serán los que abriguen dudas sobre el rumbo y la determinación por aplicar cambios sustanciales en la administración pública y en la forma de gobernar. Las encuestas revelan el respaldo contundente con que se cuenta. Por lo mismo sería aconsejable que en lugar de las anunciadas candidaturas que pululan por corrillos y medios, que parecen ofertar la imagen oficial de compromisos previos, el Gobierno hiciera énfasis en las cualidades que deben poseer las nuevas figuras que entrarán en la Corte. Nada grato resulta aquel episodio donde las figuras de ese Órgano del Estado provinieron del propio Ejecutivo, quebrando la independencia que exige la democracia a los órganos constitutivos del Estado. Los ungidos o los anuncios previos solo actúan contra el propio Gobierno, quiebran la fe de quienes continuamos respaldando y creyendo en lo sano de sus intenciones, en su voluntad democrática y sobre todo en la escogencia objetiva e imparcial de las nuevas figuras de la Corte. Muchos de los que votamos por el actual gobernante, lo hicimos en función de sus promesas de consolidar la institucionalidad y el Estado de Derecho, para que no se repitieran los errores del pasado, en este caso, la forma en que se había hecho la escogencia de los Magistrados, donde como ahora, los nombres “sonaban” desde meses antes a su escogencia. No se trata de un ejercicio más, como se sabe, sino de la esencia misma del sistema, del fortalecimiento de su existencia y de la voluntad con que se apegue a esa democracia que tanto ha costado conquistar y luego mantener. Nada debe atentar contra el caudal político de la actual administración, es un lujo que no de darse, sobre todo por los retos que tiene por delante y el tiempo que todavía falta por gobernar.

*El autor fue Director de la Policía y de la ex PTJ.

101 años de Panamá América

 
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