Experiencia y estilo de un gobierno
Al principio la percepción generalizada respecto a los prolongados espacios asumidos por el gobierno para emitir una decisión, fueron tenidos como expresión de la inexperiencia, de una especie de indecisión dilatada a fuerza de un número plural de consultas. Pero entrados en el último año de la actual administración es casi obligante concluir en que nunca se trató de inexperiencia, sino de un estilo, de una manera de gobernar.
Hace unos días los periodistas preguntaron al Jefe de Estado, Martín Torrijos, sobre cuándo serían los cambios de gabinete que apresura la campaña electoral en que ya está comprometido el país, y el mandatario respondió que lo diría en su momento. Derecho que le corresponde, pero que en nada sorprende.
Tal parece que no está lista aún la nómina de los reemplazos. Pero si traspolamos ese estilo a otras situaciones, se podría pensar que algo de ingenuidad tipifica el accionar gubernamental.
Los prolongados paréntesis que transitan entre una decisión y otra abren espacio a la especulación y la suspicacia, ambas situaciones nada convenientes para una administración, menos cuando está por terminar. Claro que siempre estará la justificación de que por ser el último año, su dirección quiere tomarse su tiempo, un factor que, quizás sin querer, podría influir en el curso del propio proceso electoral.