Explotación Inmisericorde
Cuando los pueblos se disponen a luchar por la solución de sus problemas, deben hacerlo conscientes de que están defendiendo sus legítimos derechos. Nunca este esfuerzo debe responder a la emoción del momento o a intereses politiqueros. Tal reflexión surge de la inacción e indolencia frente a la explotación inmisericorde que llevan adelante las transnacionales del teléfono y de la energía eléctrica. De vez en cuando se escuchan voces de protesta de los medios de comunicación y de algunos grupos populares, quienes claman porque entre estas compañías y el gobierno se negocien acuerdos que protejan a las clases más humildes panameñas. Muy rápidamente estas voces desaparecen del panorama y el problema creado por las privatizaciones del IRHE y el INTEL continúa causando graves daños a la economía de miles de hogares.
Estos contratos de privatización fueron producto de la gestión de un gobierno PRD que muy poco le importó con los intereses del pueblo y se dio a la tarea, en nombre del neoliberalismo, de empobrecer a aquellos sectores más necesitados.
Las tarifas del teléfono y de la luz siguen siendo una explotación al pueblo y todo está tranquilo, son muy pocos los que hacen esfuerzos por encaminar las fuerzas vivas hacia una lucha permanente que obligue a las instituciones gubernamentales a tomar las medidas pertinentes para resolver este agudo problema en torno alza de tarifas.
Nos encontramos en el centro de una campaña electoral que ha acaparado la atención de una gran mayoría de panameños; ahora no nos acordamos de las altas tarifas que pagamos por servicios con deficiencias frecuentes; las actividades electorales nos han absorbido hasta el punto de que sólo se habla de candidaturas a presidentes, legisladores, alcaldes y representantes; de reelecciones que no se justifican, sobre todo en el caso de algunos que se han burlado de la voluntad popular con su pésima actuación en el seno de la Asamblea Legislativa, pero los problemas que han dañado la imagen de la nación allí están esperando la acción urgente de del gobierno.
Los candidatos que aspiran la dirección del Estado no son los mejores y no representan una esperanza de cambio en la vida de la nación. Tenemos el temor que los mismos vicios y prácticas del pasado pueden surgir en perjuicio del desenvolvimiento y progreso de la vida nacional. Es notoria la falta de un liderazgo que sea capaz de encaminar al país por los senderos de la honestidad, responsabilidad y superación. Frente a esta realidad, muy dolorosa, el pueblo consciente de sus responsabilidades, debe seguir, lejos de emociones e intereses partidistas, luchando permanentemente por lograr una patria nueva, donde la democracia, la libertad y la justicia social brillen para todos.
* Periodista venezolano, coordinador general editorial del Bloque DEARMAS.
(c) www.aipenet.com
Estos contratos de privatización fueron producto de la gestión de un gobierno PRD que muy poco le importó con los intereses del pueblo y se dio a la tarea, en nombre del neoliberalismo, de empobrecer a aquellos sectores más necesitados.
Las tarifas del teléfono y de la luz siguen siendo una explotación al pueblo y todo está tranquilo, son muy pocos los que hacen esfuerzos por encaminar las fuerzas vivas hacia una lucha permanente que obligue a las instituciones gubernamentales a tomar las medidas pertinentes para resolver este agudo problema en torno alza de tarifas.
Nos encontramos en el centro de una campaña electoral que ha acaparado la atención de una gran mayoría de panameños; ahora no nos acordamos de las altas tarifas que pagamos por servicios con deficiencias frecuentes; las actividades electorales nos han absorbido hasta el punto de que sólo se habla de candidaturas a presidentes, legisladores, alcaldes y representantes; de reelecciones que no se justifican, sobre todo en el caso de algunos que se han burlado de la voluntad popular con su pésima actuación en el seno de la Asamblea Legislativa, pero los problemas que han dañado la imagen de la nación allí están esperando la acción urgente de del gobierno.
Los candidatos que aspiran la dirección del Estado no son los mejores y no representan una esperanza de cambio en la vida de la nación. Tenemos el temor que los mismos vicios y prácticas del pasado pueden surgir en perjuicio del desenvolvimiento y progreso de la vida nacional. Es notoria la falta de un liderazgo que sea capaz de encaminar al país por los senderos de la honestidad, responsabilidad y superación. Frente a esta realidad, muy dolorosa, el pueblo consciente de sus responsabilidades, debe seguir, lejos de emociones e intereses partidistas, luchando permanentemente por lograr una patria nueva, donde la democracia, la libertad y la justicia social brillen para todos.
* Periodista venezolano, coordinador general editorial del Bloque DEARMAS.
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