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“Expresión de libertad”


Bajo el título que antecede, el Instituto de Estudios Políticos e Internacionales (IEPI) viene de publicar un interesante compendio de artículos de opinión y denuncias de las 25 disposiciones que amordazan las libertades de expresión e información en Panamá, elaborado por el periodista Rafael Pérez Jaramillo. El trabajo que, en forma más que oportuna, sale a la luz pública, es un instrumento que todo ciudadano interesado en conocer su derecho a la libertad de expresión y de información debería tenerlo entre sus manuales de tareas ciudadanas.
La obra está dividida en tres secciones: La primera, con 31 artículos de opinión, que se refieren a las libertades de expresión e información; la segunda, 25 disposiciones mordazas vigentes en Panamá; y la tercera, una antología de disposiciones internacionales -también aprobadas por Panamá- en materia de libertad de prensa, de expresión y de información, además de otras declaraciones de principios sobre las mismas libertades como la Carta de los Derechos y Deberes de los periodistas (Carta de Munich de 1971); El Derecho del Público a la Información: principios relativos a la legislación sobre libertad de información y la Declaración de Principios sobre Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.
Gracias a Pérez Jaramillo se puede tener a mano el inventario de más de 25 disposiciones legales (entre leyes, decretos, resoluciones, reglamentos y otras normas) que permanecen vigentes en el ordenamiento jurídico nacional. La mayoría de las mismas ha sido aplicada durante el actual gobierno “democrático”, contra el ejercicio de la libertad de expresión y contra el derecho a la información. Prueba de lo anterior, los más de 90 casos que ha impulsado el Ministerio Público contra la libertad de expresión en su permanente olvido del hecho que: “la información no es sólo una necesidad para la población; es elemento esencial de un buen gobierno. Los malos gobiernos necesitan el secreto para sobrevivir, pues permite que se perpetúen la ineficiencia, el despilfarro y la corrupción...La información permite que las personas escruten las acciones del gobierno y es la base para un debate apropiado e informado sobre tales acciones.”
Corría el año 1986, en plena dictadura, cuando mi programa radial Alternativa fue clausurado, luego de haber sido multado y mi “licencia de radiocomentarista” cancelada “de por vida”, por el entonces ministro de la satrapía, Rodolfo “popito” Chiari. De la mano de un megáfono decidí mantener mi permanente lucha por la libertad de expresión. Acompañado diariamente -durante una hora- por una veintena de compatriotas, concurrí durante todo un año frente a la Escuela República de Venezuela a seguir denunciando los atropellos de la dictadura. Decidimos también la publicación impresa -quincenalmente- de Alternativa. Es allí donde aparece publicado por primera vez, un artículo de opinión de Rafael Pérez Jaramillo, quien desde entonces no ha dejado de escribir artículos por la libertad de expresión. Su trabajo ha sido constante, responsable y honesto. Su dedicación ha estado siempre guiada por los principios elementales que deben guiar un adecuado ejercicio del periodismo. Fiel a la máxima que enseña que “Callar es ceder la palabra a los cañones”, nos corrobora en esta publicación, para decirlo son sus propias palabras, que “Callar ante los atropellos contra las libertades de expresión e información, es cederla la palabra a los criminales que pretenden someterlas”.
Rafael nos recuerda en la pág. 92 de su trabajo, un pasaje de la fecunda obra de Manuel Celestino González, Gonzalito cuando fustigaba con justa razón a los periodistas que venden su pluma: “Propiamente no son periodistas, sino aventureros de la pluma que pasan el contrabando de sus mentiras bajo las alas esplendorosas de las ideas. Gacetilleros mercantilizados que cobran a tanto por línea. Hombres moralmente asquerosos que desprestigian la profesión del periodismo y llevan al sindicato profesional el mal olor de su podredumbre”. Valiosa descripción que se ajusta hoy como anillo al dedo a la situación promovida por la tica asesora de la Presidencia de la República y que -asistida por algunos ministros- ha retrotraído a la libertad de expresión en nuestro país a terrenos tan “moralmente asquerosos” como los que prevalecieron durante las dos décadas de dictadura.
Expresión de libertad llega en momentos en que se necesita que seamos más que antes, centinelas de nuestras libertades; en momentos en que la mediocridad y la corrupción pretenden asfixiar a la libertad de expresión para que no se conozcan sus andanzas; en momentos en que es necesario, junto con Pérez Jaramillo, recordar a Francisco de Quevedo, el poeta de la sátira que fuese enclaustrado cuatro años por un poema que se le atribuyó, y que apareció bajo la servilleta del Rey a quien se le dirigía: “Servicios son grandes las verdades ciertas./ Las falsas lisonjas son flechas cubiertas”
Dicha obra es un aporte valiente y valioso en defensa de la libertad de expresión y del derecho a la información. Al felicitarlo, concuerdo plenamente con Pérez Jaramillo cuando nos indica que: “Ante la corrupción rampante, urge eliminar los obstáculos que impiden o demoran conocer los hechos.”

101 años de Panamá América

 
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