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Extradición de Alberto Fujimori



La Corte Suprema de Chile dispuso la extradición del ex presidente peruano, Alberto Fujimori, para que sea juzgado en su país bajo cargos de corrupción y violación de derechos humanos (asesinato de colaboradores de la guerrilla en Barrio Alto y la Cancuta).
Aunque a primera vista no es difícil anticipar su condena, habida consideración que su principal colaborador, Vladimiro Montesinos, purga cárcel tras sendas condenas por los mismos cargos, la situación política interna hoy le es menos adversa.
Para empezar, el actual presidente Alan García debe en parte su victoria, y su mayoría en el Congreso, al respaldo que le brinda la considerable célula partidista de Fujimori. Cierto que es un sector discreto, que no hace ruidos; pero allí está, apoyando decidida y resueltamente la gestión del presidente García.
Obviamente, la situación no alcanza para que Alan García interfiera con la Justicia a favor de su aliado; pero sería razonable no perder de vista la existencia de esta alianza política para anticipar cualquier giro inesperado. Lino Oviedo, el ex general golpista paraguayo, prácticamente acaba de salir de la cárcel en hombros de las multitudes, luego de purgar una condena, tras reingresar audazmente a su país del exilio, a semejanza de lo que hoy hace, emulándolo, Fujimori.
En realidad, cuando el ex presidente peruano abandonó su seguro y cómodo exilio en Japón para ir a Chile, lo hizo con perfecto cálculo. Dijo entonces que retornaría a Perú para optar por la presidencia, mientras todas las encuestas respaldaban a su favor su pretensión. Aterrado, el gobierno de Alejandro Toledo le abrió decenas de expedientes criminales, que le impidieron participar en la elección y que ahora posibilitan su extradición. Ante ello, como un gran maestro de ajedrez, Fujimori endosó todas sus fuerzas a quien resultó ganador, el actual mandatario Alan García.
Obviamente, Fujimori quiere, busca y le conviene ser condenado. Su propósito es pasar por el mismo martirologio que ha encumbrado a tantos polémicos políticos latinoamericanos hacia la Presidencia, tal como pasó en nuestro país con Arnulfo Arias. Esa es su única razón de ser y de vivir. Y Alan García lo sabe; casi tanto como que puede verse en la incómoda situación de tener que devolverle de algún modo el favor.

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