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¿Extravagancia judicial?


El Pleno de la Corte Suprema de Justicia, acaba de aprobar, con el desacuerdo del magistrado Adán Arnulfo Arjona, el acuerdo número 586-A mediante el cual se adopta la utilización de la toga, para todos los que imparten justicia dentro del Órgano Judicial en la República de Panamá.
Quienes tendrán que utilizar la prenda, serán los magistrados de la Corte Suprema de Justicia, de los Tribunales Superiores y Marítimos, los jueces de Circuito y los jueces Municipales, con el supuesto propósito de dar solemnidad y realce a diversos actos y ceremoniales.
Se trata de imitar lo que se hace en otros países del mundo, en donde siguiendo una tradición del Derecho Romano, a los encargados de administrar la justicia, y a través de ella la equidad, se les distinguía del resto con una vestidura específica.
Dotar de toga a los 512 jueces que existen en el país, puede costarle al erario la suma de 25 mil 600 balboas, a razón de 50 balboas por toga.
Se trata de una maniobra que en nada contribuirá a adecentar como se requiere, nuestro desvencijado Órgano Judicial.
Como bien lo anota en su desacuerdo el magistrado Arjona, el prestigio y dignidad, no se consiguen con signos exteriores sino únicamente a través de la calidad de las actuaciones y la autoridad ética de las decisiones que expidan los integrantes de una judicatura.
Hay un refrán según el cual, el hábito no hace al monje. En el caso de la Justicia panameña, podríamos expresar con propiedad que la toga no hace al Magistrado, aunque algunos piensen que con ese maquillaje pueden tapar sus manchas.

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