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Fahrenheit 9/11 y libertad de expresión


Puede que sea una visión sesgada de su productor o quizás en verdad el tipo sea un payaso al servicio del complejo bélico e industrial de su país. Aquí omitimos su nombre, porque es un hombre poderoso y el hecho de ser extranjero no lo priva de su derecho a ejercer contra nosotros una querella penal o privarnos de visa. Si se quiere, nos autocensuramos. Lo que nos interesa resaltar es que el laureado cineasta norteamericano, puede expresar a través de su impactante documental sus ideas; mas no nosotros en Panamá, donde impera una legislación represiva de la libertad de expresión, bajo las formas de la calumnia y la injuria.
En efecto, Moore expone su visión cruda y extremadamente crítica de la actual administración republicana de Estados Unidos. La acusa de haber cometido un descarado fraude en las pasadas elecciones en contra de sus adversarios demócratas que abanderaban la candidatura de Al Gore. Acusa a éste último y a su partido de ser una sarta de cobardes por no denunciar el sistema y preferir quedarse como parte dócil del mismo. Presenta al pueblo norteamericano, sobre todo a los más pobres, como carne de cañón que nutre a ese sistema de bocas, sangre y huesos. Aquello es indescriptible.
Sostiene, en forma apretada, pero perfectamente razonada e hilvanada, que tras la guerra contra el terrorismo se oculta el interés de la próspera industria bélica por aumentar sus negocios y ventas de armas, al tiempo que nutre a la primera de miles de billones de dólares, gracias a la explotación de recursos ajenos, a través del robo glorificado, llámese petróleo iraquí o posición geográfica de Afganistán para facilitar el paso de un gasoducto.
Las víctimas, según Moore, son siempre las mismas, el pueblo norteamericano, jóvenes pobres y sin capacidad de buen discernimiento, que aportan los muertos; al igual que sus circunstanciales enemigos, gente igual de inocente, que no sabe por qué lo matan o lo envían a matar a quienes ni siquiera conocen. ¿Qué hace el pobre soldado, que gana un puñado de dólares, custodiando la periferia de una refinería usurpada a los vencidos, manejada por una compañía donde un simple conductor gana cuatro veces más que él? Es el ejército al servicio de los negocios, no de su país ni de ideal alguno.
Ese es el privilegio de Michael Moore, que envidiamos, el poder expresar con plena libertad sus hipótesis y hasta cargos específicos, sin temor, sin que nadie se lo impida y sin que nada lo moleste. Si aquí hubiéramos dicho una décima parte de lo que nos muestra Fahrenheit 9/11, seguramente estuviéramos presos.
Hay quienes tratan de ideologizar el asunto demonizando a Estados Unidos por haber dejado los explosivos haciendo un recuento de los muertos, que son poquísimos, en las áreas de marras. Por eso no nos respetan a nivel internacional. Que si murió zutano porque tenía hambre y fue a buscar comida precisamente en zonas donde nuestros gobiernos locales, que para eso deberían servir, tienen que avisar que son áreas de peligro. Es más, algunas víctimas lo sabían.
Es hora (y por lo menos algo se está haciendo en la juventud por parte del Ministerio de Educación) de crear consciencia ecológica y empezar a respetarnos como nación desde ese aspecto de cultura.
Cultura ambiental y desarrollo económico no son incompatibles, y ello toca a un proyecto de gran envergadura como es la ampliación del Canal de Panamá que, de ser necesaria, no debe causar estragos de tipo ambiental como inundar miles de hectáreas del territorio y desplazamientos excesivos de pobladores.

101 años de Panamá América

 
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