A falta de discurso… la alcaldía
Claro que son censurables algunos de los errores alcaldicios trascendidos en estos primeros sesenta días de nuevo gobierno, y correctas las denuncias realizadas. La censura y la denuncia pueden funcionar como un antídoto para evitar que se vuelvan a cometer, al tiempo que permite a la ciudadanía determinar si se produjeron por error o intencionalmente. Pero los incidentes ocurridos ponen en evidencia por lo menos dos conclusiones que el municipio debe tomar en cuenta. La primera que el nuevo alcalde debe ser más cuidadoso a la hora de dar órdenes. Si viola o no disposiciones legales es algo que debe consultar con su asesoría legal, toda vez que el mea culpa no funciona siempre en política, aunque se rasgue las vestiduras. En ocasiones hasta pueden traer consecuencias judiciales. Máxime si, como en este caso, la elección del burgomaestre ha estado rodeada de tantos fuegos artificiales. La segunda es que errores como esos dan caldo a sectores que, a falta de discurso propositivo, tratan de multiplicar el error para ganar palestras políticas y presentarse como los redentores que no fueron cuando estaban al frente de ese establecimiento. De otra manera no se puede explicar la reacción del Consejo Municipal, que ahora deviene en el custodio más celoso de la legalidad y los procedimientos en una alcaldía que otrora hizo y deshizo con la complacencia de la mayoría de sus integrantes, reelectos en segundo período. Así que llevar bien las cosas allí es un tema eminentemente político. Las excusas sobran.