Familia y la tercera edad (I)
La familia es un verdadero don de Dios, la base de la sociedad y de la misma Iglesia. Es uno de los cimientos sobre los que está apoyada la estructura social y la convivencia humana. La familia constituye un valor supremo en la sociedad, que sin ella no puede existir. Si la sociedad anda mal es porque la familia está mal. La dicha de vivir en familia es gracia de Dios. Valoremos más nuestra familia, porque la vida familiar es un auténtico regalo de Dios en nuestras vidas.
La familia es maravillosa sin importar las dificultades, problemas, angustias y preocupaciones que se vivan. Entonces, es preferible ver siempre primero lo positivo antes que lo negativo en la familia. Cristo está en el papá, la mamá, el esposo o esposa, los hijos y en todo aquel que lo necesita a usted.
Bendito sea Dios que usted tiene una familia y agradezca al Señor por tenerla, por tener una casa, un hogar, un lugar donde estar y gente con quien compartir su existencia. Tenemos la obligación de velar y defender el hogar y la familia, de Satanás y del mal. La Iglesia es consciente que hay que trabajar mucho evangelizando en el ámbito familiar. Pero, ¿qué puede aportar usted? Pues muchísimo: paz, amor, generosidad, alegría. Los grandes carismas de que hablan las cartas de Pablo en el Evangelio los tiene cada ser humano dentro de sí: sabiduría, consejo, ciencia, curación y amor. Usted tiene un depósito grandísimo de energía positiva y grandes carismas que si los desarrolla y aplica como Dios quiere en su vida familiar, las cosas cambiarán.
Tome conciencia del gran tesoro que ésta representa y defienda la integración familiar y la paz en el hogar de terribles peligros como peleas, rivalidades constantes, gritos, faltas de respeto, insultos y vicios como el alcohol y la droga. En definitiva, el alcohol es la "droga" más terrible y espantosa, la que más daño hace al ser humano y a la familia, sobre todo.
Las personas de la tercera edad son un elemento fundamental en el hogar. Aunque usted sea ya mayor, no desatienda los problemas que se presentan en su casa. El Señor le ha permitido disfrutar de más años de vida, porque tiene que cumplir una misión muy importante: orar mucho por su familia, ser una persona de muchísima oración para liberarla de todo lo malo. Jesús dice en la Palabra que la oración con fe y ayuno ahuyenta al diablo. Existen muchos testimonios de personas de la tercera edad que, con oración y fe, han ayudado a que un hijo o nieto se libere del alcoholismo o la drogadicción o que regrese al hogar con su familia. La oración callada, permanente, profunda e intensa, hecha con mucha fe, mueve montañas, dice Jesús. Si usted ora con fe, moverá montañas: las del licor, el vicio, el adulterio y otras que pueden estar contaminando su familia.
Uno de los grandes pecados que se cometen en el seno familiar es el de omisión -no importarle con los problemas de los otros miembros de la familia. Solamente por tener 60 ó 70 años o más no significa que esté impedido- ¡usted puede hacer muchísimo!
Las personas de la tercera edad tienen la gran ventaja de la experiencia y pueden aconsejar con más autoridad y propiedad. Por sus años, usted ha visto y sufrido mucho en la vida y tiene la autoridad que da la experiencia para guiar, aconsejar y orientar a sus hijos y nietos. No tenga miedo ni se sienta acomplejado por su edad. Al contrario, con su sabiduría todavía puede dar muchísimo, aunque se rían de usted y no lo quieran escuchar. Persevere en su misión, porque poco a poco irá taladrando y horadando para lograr mucho bien. Y recuerde: con Dios, usted es. . .¡Invencible!
La familia es maravillosa sin importar las dificultades, problemas, angustias y preocupaciones que se vivan. Entonces, es preferible ver siempre primero lo positivo antes que lo negativo en la familia. Cristo está en el papá, la mamá, el esposo o esposa, los hijos y en todo aquel que lo necesita a usted.
Bendito sea Dios que usted tiene una familia y agradezca al Señor por tenerla, por tener una casa, un hogar, un lugar donde estar y gente con quien compartir su existencia. Tenemos la obligación de velar y defender el hogar y la familia, de Satanás y del mal. La Iglesia es consciente que hay que trabajar mucho evangelizando en el ámbito familiar. Pero, ¿qué puede aportar usted? Pues muchísimo: paz, amor, generosidad, alegría. Los grandes carismas de que hablan las cartas de Pablo en el Evangelio los tiene cada ser humano dentro de sí: sabiduría, consejo, ciencia, curación y amor. Usted tiene un depósito grandísimo de energía positiva y grandes carismas que si los desarrolla y aplica como Dios quiere en su vida familiar, las cosas cambiarán.
Tome conciencia del gran tesoro que ésta representa y defienda la integración familiar y la paz en el hogar de terribles peligros como peleas, rivalidades constantes, gritos, faltas de respeto, insultos y vicios como el alcohol y la droga. En definitiva, el alcohol es la "droga" más terrible y espantosa, la que más daño hace al ser humano y a la familia, sobre todo.
Las personas de la tercera edad son un elemento fundamental en el hogar. Aunque usted sea ya mayor, no desatienda los problemas que se presentan en su casa. El Señor le ha permitido disfrutar de más años de vida, porque tiene que cumplir una misión muy importante: orar mucho por su familia, ser una persona de muchísima oración para liberarla de todo lo malo. Jesús dice en la Palabra que la oración con fe y ayuno ahuyenta al diablo. Existen muchos testimonios de personas de la tercera edad que, con oración y fe, han ayudado a que un hijo o nieto se libere del alcoholismo o la drogadicción o que regrese al hogar con su familia. La oración callada, permanente, profunda e intensa, hecha con mucha fe, mueve montañas, dice Jesús. Si usted ora con fe, moverá montañas: las del licor, el vicio, el adulterio y otras que pueden estar contaminando su familia.
Uno de los grandes pecados que se cometen en el seno familiar es el de omisión -no importarle con los problemas de los otros miembros de la familia. Solamente por tener 60 ó 70 años o más no significa que esté impedido- ¡usted puede hacer muchísimo!
Las personas de la tercera edad tienen la gran ventaja de la experiencia y pueden aconsejar con más autoridad y propiedad. Por sus años, usted ha visto y sufrido mucho en la vida y tiene la autoridad que da la experiencia para guiar, aconsejar y orientar a sus hijos y nietos. No tenga miedo ni se sienta acomplejado por su edad. Al contrario, con su sabiduría todavía puede dar muchísimo, aunque se rían de usted y no lo quieran escuchar. Persevere en su misión, porque poco a poco irá taladrando y horadando para lograr mucho bien. Y recuerde: con Dios, usted es. . .¡Invencible!