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Familia y matrimonio


El matrimonio es la base de la familia, o, por lo menos, solía serlo. La introducción de un nuevo Código de la Familia en 1995 marcó un declive abrupto de la cantidad de parejas que cada año tomaba la decisión de intercambiar arras matrimoniales. De cerca 13 mil matrimonios al año en 1994, las estadísticas reflejaron una reducción a poco menos de ocho mil al año siguiente, que fue el primer año de vigencia de la nueva ley de familia. Esta drástica reducción no es necesariamente una mala noticia. Puede ser un indicativo de que a partir de ese momento hay más conciencia de la seriedad y responsabilidad que implica tomar los votos matrimoniales, y eso es bueno para la sociedad. Pero también podría indicar que el cambio del régimen patrimonial del matrimonio ha producido el efecto inverso al deseado.
El año pasado volvió a caer la cifra de los matrimonios celebrados en todo el país y si esta tendencia continúa, las autoridades deberán hacer una evaluación del Código de la Familia y modificar aquellas normas que han producido efectos perversos para la sociedad. Otros aspectos de la norma, junto con la interpretación de los jueces que muchas veces parten del prejuicio de que el varón es siempre malo y la mujer es siempre buena, deben ser revisados para devolver la equidad al sistema. Un valor que hay que profundizar, sin embargo, es el de la tutela de los desvalidos, los menores, los ancianos y los minusválidos, quienes requieren de la protección especial de la ley y las autoridades.

101 años de Panamá América

 
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